Esa noche comí tanto pastel como me fue posible, comí cuánto abreboca pude y reí a carcajadas con Edrick que ya normalizaba su comportamiento, a mi otro lado Élan asentía mientras le daba el visto bueno a un pedazo de pastel. —Esto no lo hiciste tú —dijo el rubio. Mientras por otro lado Rodrig observaba bien uno de los abrebocas en sus manos. —Pues, sí lo hice —se jactó Edrick—. Siendo instruido por una chef, pero fueron mis manos. —A mí me encantó —agregué, admirada del montón de globos que flotaban tirando de coloridos hilos atados a canasticas llenas de chucherías. Por allá, en silencio, Rodrig picoteaba otro abrebocas. —Me alegra que te haya gustado —me dijo tímidamente Edrick, quitándose el delantal y el gorro. Más tarde se unió su madre

