Ester Harris. La bala dejó una gruesa abertura circular justo en el centro del parabrisas, atravesando el espacio entre los dos asientos delanteros y dejándome aturdida por el eco que resonó dentro del auto. —¡Abajo! —gritó Edrick que ya se había situado ante el volante, halándome bruscamente para tumbarme de costado sobre el asiento y sus piernas. No puse objeción, todavía los oídos me pitaban y dentro de mí comenzó a inquietarse la criatura. El castaño se inclinó cuidadosamente pero veloz, cubriéndome de otro posible ataque. >. Fue lo que pensé. Y me sentí aterrada. Aunque sorprendentemente para mí, no temía por mi vida sino por mi embarazo. ¿Cuándo había comenzado a tomarle tanto afecto? En menos de un minuto escuché el tropel de

