Lo oídos me zumban, siento como mi visión disminuye, el sudor frío de mi cuerpo empapa mi traje, corro tanto como puedo los pasillos de este frío lugar parecen interminables, maldita sea, qué está ocurriendo, ¿porque está pasando esto? Viene la pregunta, una y otra vez a mi cabeza, miró aún lado y al otro y no hay nadie que pueda informarme lo que está ocurriendo, llegó hasta la sala de espera y con las respiración aún agitada mis ojos se abren, ahí está el tal Alexander ese. Sentado sobre un sillón, con el rostro lleno de preocupación y sus manos entrelazadas, mira hacia el suelo. —Qué pasó con Ginebra —pregunto sin entonar las palabras, en una interrogante. —Evan, que bueno que llegaste, no te preocupes todo está bien, Ginebra sufrió un accidente y se desmayó pero ya volvió en sí —

