ll.

2001 Words
Flavia acarició mi rostro, sonrío de una manera perversa Cómo mujer tenemos tantos secretos y atributos los cuales volverán loco a cualquier hombre— beso mi frente— León lV, no es la excepción Suspiré pesadamente mirándo por la terraza, anhelaba que mi madre estuviese aquí para aconsejarme, seguramente ella no habría permitido está boda Me iré a descansar— suspiré quitando mis ropas y tomando una túnica larga para descansar— Bonum noctis Flavia Paulum requiem meam athenian — contestó para salir de la habitación Me deje llevar por el sueño, estaba cansada y sumamente rendida por el día de hoy , que solo al posa mi cabeza sobre la almohada me quedé dormida profundamente [...] El alba lanzó sus primero rayos ante Atenas, desperté lentamente abriendo los ojos pesadamente, me senté en la cama para mirar a todos lados, había llovido durante la noche anterior por lo cual la brisa inundaba cada parte de mi habitación Mi señora— escuché a Fabius tocar la puerta—¿Ya se encuentra despierta? Miré la puerta, hice a un lado las sabanas de seda y abrí la puerta ¡Así es!— contesté alegré— buenos días Fabius Se hizo a un lado haciendo reverencia Vuestro padre ha pedido que acuda con el ¿Ha dicho a donde?— pregunté apática— no deseo salir de aquí Demasiado tarde— escuché la voz de mi padre al otro lado del largo pasillo— te espero para salir hija mía Perdón su majestad— contesté molesta— pero por ahora no deseo estar cerca suyo Este es un tema que debemos arreglar entre tu y yo— sonrío haciendo que me molestará más— entra a cambiarte, te lo ordeno como tu padre y señor Azote la puerta en su cara, me dirigí a mi cama y volví a meterme entre las sábanas ¿Quieres ver qué tan rebelde puedo ser?— dije mirándo a la puerta para después devolver mi vista a la terraza— Pues lo sabrás Me dispuse a seguir durmiendo, cuando la puerta fue abierta a la fuerza por los guardias ¡Te he dicho que te cambies ahora!— exclamó colérico mi padre— ahora anda a cambiarte Me senté de golpe en la cama, estaba roja de la irá, deseaba poder desaparecer para estar lejos de mi padre ¡Te he dicho que no!— exclamé colérica— ¡Quiero estar sola!— dije entre lágrimas Tu deber como futura emperatriz de Bizancio es...— ¡No quiero ser emperatriz!— grité levantándome enojada de la cama— ¡No conozco al emperador y el a mi no me conoce! Adriano movió la cabeza en señal desaprobatoria, me tomo por los hombros molestó, sacudió mi cuerpo de tal manera que mi cabello se soltó de la larga trenza, todo mi cabello cayó dejando ver cuan largo estaba, mechones frente a mi cara Está es una gran alianza con nuestro emperador, se le ha mandado un retrato tuyo, Sofía fue la encargada de llevarlo al mismo Constantino V padre de tu futuro marido— empujó mis hombros haciendo que cayera al frío mosaico— ¡Harás lo que yo te indique! Levanté la mirada, aún era muy pronto para llorar, el sol aún no asomaba sus rayos en el firmamento y yo ya estaba llorando por una boda que no deseaba, no era como Drusila quien deseaba tener mi edad para ser Dada como esposa a un noble Es la primera vez que me lastimas— lágrimas caían por mi rostro— nunca lo habías hecho Te he malcriado, ¡He sido condescendiente contigo Irene!— levantó altivo la cabeza No quiero casarme, tengo quince años— dije en voz baja— ¿Porqué me haces esto? Está es una gran oportunidad para ti y para nuestro reino olvidado por el tiempo Mi madre se casó contigo a los dieciocho— dije en voz baja— yo no deseo casarme, no por ahora— me acerque a el de rodillas Con ella era distinto, ella era princesa no la futura emperatriz— llevo su mano a la frente ¡La gloria de Atenas no volverá!— exclamé— ¿Porqué a mi?, soy tu única hija, el único recuerdo que te queda de mi madre— agarre su túnica tinta con bordes dorados Adriano levantó el rostro, apretó la mandíbula, parecía que le había dolido lo que ahora había dicho ¡Fabius!— gritó mi padre mirando hacia la puerta Dígame mi señor— inclino la cabeza esperando instrucciones Dale la mejor ropa, la más fina y cara— hablo si apartar su vista de la mía— bajara a la mesa a tomar el ientaculum con nosotros Fabius bajo la cabeza y paso a la habitación contigua, Adriano me miró, me empujó para darse la media vuelta y salir de la habitación. Había caído de lado, estaba furica entonces hice puños mis manos y golpee el piso con fuerza, las manos se adormecieron ante el primer golpe al piso ¡Mea puella!— exclamó Flavia entrando a prisa— ¿Qué ha ocurrido?, ¿Porque está la jóven Irene tirada en el piso?— preguntó mirando como Fabius traía mi ropa en sus manos—¡Contesta!— exclamó ayudando a ponerme de pie sin apartar su vista del sirviente Adriano— dije entre lágrimas— él me ha venido a obligar a ser la esposa del emperador Sal de aquí— dijo Flavia fríamente mirando como Fabius dejaba mi ropa sobre la cama y salí a toda prisa cerrando las puerta tras de él— Debes hacer lo posible por tomar tu destino en tus manos, está es una gran oportunidad, Irene La miré angustiada y negué con la cabeza, las lágrimas salían por mi rostro sin parar Pero nana— tomé sus manos— ayúdame, no quiero ser esposa de nadie yo quiero ser libre Flavia suspiro pesadamente, se puso de pie para caminar al centro de la habitación dándome la espalda No puedo hacer nada por ti— se giró para verme— lamento no ser tu consuelo en estos momentos— suspiro pesadamente— es nuestro destino como mujeres, casarnos jóvenes y dar hijos al imperio ¡Alguien debe parar eso!— dije entre lágrimas No serás tú la excepción— tomo mis manos y beso mi frente— eres preciosa mi niña, no cabe duda que tienes la belleza de tu madre, ya casi es hora del ientaculum, debes vestirte, te ayudaré— tomo el lazo de mi túnica y está cayó al piso Quedé desnuda, miraba la luz solar mientras Flavia me colocaba una túnica de manga larga ceñida al cuerpo en color amarillo oscuro, después el himation en color rosa No usaré botas— dije mirándo como Flavia iba por unas en color n***o— es mi forma de demostrar mi descontento ante la decisión del enlace sin haberme consultado Vas a contraer un mal con tu decisión— nego Flavia con la cabeza Eso a nadie le importa— dije tomando el espejo en mis manos mirando como Flavia adornaba mi largo cabello en dos largas trenzas uniendo cómo corona alrededor de mi cabeza, coloco un velo largo en color azul celeste Estás lista— sentenció mi Nana dejando de peinar mi cabello Mi señora— dijo Fabius abriendo la puerta de madera— vuestro padre os solicita en el comedor Iré enseguida— exclamé sin expresión alguna El sirviente salió dejándome sola con mi nodriza Te ves preciosa— miró mis pies— debes usar algo en tus pies, podrás enfermar— su voz era preocupante No me pasará nada, mi madre y Dios están de mi lado— bese su frente Salí de la habitación, los guardias inclinaban su cabeza a mi paso, caminaba altiva sin mirar a nadie más que al frente, baje la larga escalera de piedra Mi señor— dije inclinando mis rodillas y bajando la cabeza Levanté la cabeza, Sofía y mis hermanos ya estaban consumiendo la primer comida del día, camine hacia mi asiento ¿Porque no traes zapatos?— preguntó Drusila Porqué no deseo usar este día— mire a mi padre quien ahora lucía molesto Luces preciosa— hablo Aurelius sonriente No esperes que te agradezca el comentario— hablé sin mirarlo Nadie más hablo en la mesa, los sirvientes pasaron con viandas de leche, pan, queso, aceitunas y huevos ¿Cuándo iremos a Bizancio?— pregunté mirando a Sofía quien quedó sorprendida ante mi pregunta Si lo deseas lo haremos en el octavo mes— miró a mi padre este asintió con la cabeza en aprobación—¿Estás de acuerdo Irene? Asentí con la cabeza Solo faltan unos días para que inicie el octavo mes— dije mirándo la copa de agua ¿Me buscarás un buen partido?— preguntó Drusila sonriente Suspiré para mirarla directamente, en verdad me sentía desilucionada por mi pequeña hermana, apenas había tenido su primer luna roja hace unos meses y ya desea ser esposa Trataré— sonreí— solo si me prometes ser una mujer culta e inteligente, no quiero que seas un trofeo Irene— dijo mi padre impaciente— no le digas esas cosas a tu hermana Lo miré, apreté los puños con fuerza sobre la mesa, levanté altiva la cabeza No le estoy diciendo mentiras, debe pensar por ella misma sin depender de ningún hombre Quiero estar presente en tu coronación cómo emperatriz— dijo Aurelius tomando mi mano— siempre estaré al servicio de mi hermana Irene de Atenas Sus palabras llegaron a mi corazón,haciendo que sonriera Eso espero— dije mirando el plato— ¿Cómo es León lV?—pregunté ¡Fabius!, trae el retrato del futuro emperador— Sofía sonrío mirandome Fabius entrego el retrato en mis manos, mire cada detalle hecho con pequeños mosaicos de colores, un jóven delgado de piel bronceada, cabello n***o ondulado,cejas medianamente pobladas, de ojos azules, nariz perfilada, boca y labios de tamaño mediano. ¿Es el?— pregunté sonriendo como mi respiración se agitaba en mi pecho Sofía asintió sonriente He mandado una carta al emperador Constantino V, para avisar que su futura nuera estará en Bizancio— dijo mi padre emocionado Constantinopla, año 768 Señor— dijo Andrés— le han mandado esta carta desde Atenas Constantino tomo la carta sentado desde su trono, la abrió para comenzar a leer Emperator Constantino Mi hija la princesa Irene estará en la capital del mundo en el mes octavo para comenzar a preparar la unión con vuestro hijo, por ello me complace invitarlo a nuestra celebración para despedir a Irene de Atenas en el mes séptimo Adriano, rey de Atenas Constantino miró a su consejero Lucio, tomo la carta para entregarla a él Está alianza deberá traer grandes frutos para nuestro imperio— Constantino sonrío de manera perversa— lastima que es una sucia iconoclasta Señor— Lucio se acercó a él— aún puede retractarse de su decisión, León puede tomar de esposa a Salomé de Alejandría, me han dicho que es sumamente hermosa Constantino nego con la cabeza para después ponerse de pie y bajar del trono Será Irene de Atenas la mujer que ocupara el cargo de Emperatriz cuando León suba al trono— miró fijamente a si fiel consejero— Irás con León a Grecia, estarán en Atenas y no pronunciarán palabra alguna sobre quién son, saldrán en la próxima luna Lucio bajo la cabeza y asintió León irá con vos para conocer a su esposa, me han dicho mis informantes en Atenas que la señora Irene es hermosa, y que nuestros retratos no la igualan en belleza Su madre— dijo Lucio haciendo que callara al instante— murió en el parto, al igual que nuestra fallecida emperatriz, decían que era hermosa, una mujer sin igual La jóven Irene— suspiró— será la pieza clave en este imperio, de eso estoy seguro
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