Atenas, mes séptimo
Días habían pasado desde el anuncio de mi boda, este día me encontraba en la terraza admirando el sol de medio día, hacía un calor insoportable pues estábamos en verano ya acercándonos al otoño
¡Irene!, ¿Estáis aquí? escuché una voz femenina desde mi habitación
Suspiré extrañando esos días dónde podía estar horas y horas viendo el Mediterráneo a lo lejos y nadie venía a buscarme, Sofía entro a mi lado podía verla agitada y algo emocionada tratando de tomar aire pues venía bastante agitada
¿Qué sucede?— pregunté mirándola— madre ¿Os ocurre algo?
Tu padre dará un banquete en tu honor para despedirte— sonrío colocando ambas manos sobre el barandal de piedra— no siempre nuestra descendencia marchará a ser emperatriz
¿Banquete?— pregunté— no hay necesidad de hacer tal cosa, iré a desposarme con un hombre desconocido, no hay nada que celebrar— baje la cabeza
Mi querida Irene— levantó mi barbilla entre sus dedos sutilmente— a mi también me casaron con un hombre desconocido como tú lo harás, yo tenía quince— suspiró— aprendí a ser feliz al lado de tu padre aún que no me sentía plena al hacerlo
¿Amas a mí padre?— pregunté atenta a su mirada que me recordaba a la corteza de los árboles bajo la lluvia
Quise ser feliz a su lado— suspiro dejando mi barbilla delicadamente para después caminar hacia dentro de mi habitación— pero sé cuánto amaba a tu madre, yo sé que solo fui parte del trono ya que el debía estar casado con una mujer de la familia real, no había otra mujer después de Helena solo yo, por lo que mi padre me entrego como última voluntad de su hermano, Leoncio tu abuelo
Estoy segura que mi padre te ama— sonreí tomando asiento a su lado— de otra manera no habría durado tantos años a tu lado
Sofía suspiro regalandome una gran sonrisa, beso mi frente, tomo mi rostro con ambas manos
Te amo como si fueras mi propia hija, recuerdo cuando te vi por primera vez— su mirada se enternecio
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Atenas, 752 de nuestra era
Después de la muerte de mi tío Leoncio, el trono quedó vacante, no había heredero varón ya que el primer hijo del fallecido rey murió cuando tenía cinco años ahogado en el mar, Helena había fallecido apenas hacia un mes después de haber dado a luz a su única hija, esa eres tú — acarició mi mejilla izquierda— recuerdo que vestía una larga túnica en color blanco, sobre está una túnica en forma T de color rojo, botas de piel en color rojo, mi peinado eran dos trenzas con hebras de oro trenzadas a el. El consejero de tu abuelo me había llevado a tu padre
Su majestad— dije inclinando mi cabeza frente al nuevo rey— mi nombre es Sofía de Tebas
Se quién eres, noble señora— suspiro levantando mi rostro con su mano— no cabe duda que eres familiar de la noble casa de Atenas
Yo solo deseo hacer feliz a su majestad, es por ello que estoy aquí— dije sin levantar la vista
Señora, debe mirar a su esposo a los ojos cuando el le habla— dijo severo— deseo que usted cómo reina de Atenas tenga la libertad de mirar a su esposo cuando lo desee
Levanté la vista para mirar sus ojos grises los cuales me tenían cautivada desde el primer momento que lo vi, su alta estatura terminaba de coronar la perfección ante mis ojos
Adriano hizo una señal con la cabeza para que los sirvientes se marchasen de la sala del trono, camino alrededor de mi mirandome como si de un lobo a su presa se tratase, yo con tan solo quince años sentía miedo
Puedo notar que me tiene miedo mi señora— dijo cerca de mi oído
No entiendo a qué se refiere— contesté sintiendo como la respiración se me dificultaba al tener su presencia ante la mía
Mi señora— dijo tomando mi mano— Puedo notar que está temblando por el tintineo de sus bellos pendientes,no debe sentir vergüenza ante su futuro esposo
Mi corazón se aceleró a tal punto que sentí que saldría de mi pecho, tan solo contaba con quince años.
Debo retirarme— sentía mi cara roja— le veré después,mi señor— me retire dándole la espalda
Nuestra boda será este fin de semana, deseo que usted y yo comencemos a dar descendencia al imperio
Salí del salón del trono, respirando profundamente, sabía que no debía enamorarme de el ya que para mí solo sería una falta de respeto hacia Helena
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Mi madre había fallecido ya, no debías sentir esa culpa— suspiré— mi padre te adora, lo he visto en sus ojos cada que os mira
Sofía se levantó del lecho, sonrío
Irene, te espero en la sala de celebraciones— sonrío
¿Celebraremos algo?— pregunté curiosa
Así es, tu unión con el futuro emperador— sonrío animada— no tardes tanto, debemos revisar algunas cosas, además que podrás danzar todo lo que desees
¿¡Lo dices enserio!?— me puse de pie alegre dando vueltas con las manos extendidas a los lados— por fin danzare cómo tanto me gusta
Sofía río al ver mi acto, para después salir de la habitación, cerrando las puertas tras de si
En cada celebración que hay en nuestro palacio me ha gustado bailar con la gente ya sea con los hombres y mujeres que estén en nuestro cotilleo, ese día debía lucir más preciosa que nunca
Flavia— dije llamándola por su nombre mientras miraba hacia ambos lados del corredor
Mi señora— dijo Fabius frente a mi haciendo reverencia siempre mirando al piso cuando se le hablaba— ella se encuentra en la terraza del ala oeste
¿Está ocupada?— dije mirándolo atentamente— levanta la cabeza y mírame, no deseo que mires al piso cuando te hablé
No puedo mirarla, usted es la princesa y futura señora de Bizancio— siguió mirando al piso
Eso no cambia nada, levanta la vista y siempre que te dirijas a mí me verás a los ojos— dije— ¿Me has entendido?
Fabius levantó su vista, nunca había visto sus ojos, tenían un color azul poco peculiar como si de mirar al cielo matutino se tratase
Entendido mi señora— sonrío— ¿Desea algo más de mi?
Si ves a Flavia dile que necesito verla lo antes posible— suspiré— debo ver unos detalles de la celebración con ella
Fabius asintió para después marcharse, quedé sola en el pasillo frío de piedra me dispuse a recargar mi cabeza en el marco de la puerta cuando
¡Irene!— dijo Aurelius sonriendo frente a mi
¿Qué deseas?— pregunté rodando los ojos
Deseo hablar con mi hermana mayor, la futura regente de Bizancio— sonrío
Me di la media vuelta para entrar a mi habitación, con eso le indicaba a el que podía entrar a mis aposentos, tomé asiento en una banca de piedra en la terraza, el camino y se sentó frente a mi
Te escucho— hablé mirando sus ojos verdes como las esmeraldas—Es extraño tenerte aquí ¿De qué cosa deseas hablar?
Aurelius suspiro mirando rápido el Mediterráneo y así regreso su vista a mi, se inclino un poco para tomar mi mano
Es difícil— exhaló pesadamente— aún más cuando sabes que tu hermana nunca te ha querido...— se quedó en silencio
¡Se directo!— exclamé mirándolo molesta— si solo has venido a quejarte te pido que te marches de mi habitación, suficiente tengo con ver qué me has arrebatado el trono ateniense cómo para ahora tener que soportar tu presencia y que no hables
Aurelius removió los labios nervioso, se acarició el cabello hacia atrás y exhaló nervioso
Si no deseas casarte no lo hagas— dijo mirandome atento— yo marcharé a Bizancio para hablar con el mismo emperador, pediré permiso para que en lugar de ti, Drusila sea la esposa del próximo emperador
¿Enloqueciste?— pregunté mirándolo con ambas cejas arrugadas— ¡Drusila es una niña!, tan solo tiene doce años— negué con la cabeza— además que hacer esto es declararle la guerra a Constantinopla
Yo...soy amigo del mismo León lV, estoy seguro que no le molestará en lo absoluto que nuestra hermana sea su futura esposa
¡Me niego!— exclamé molesta— yo me iré y tú gobernaras Atenas,en esta ciudad nació mi madre la señora Helena de Atenas, cuida lo único que me queda de ella
Me negaré a ser rey, me marcharé a Egipto para casarme con la princesa Salomé de Alejandría— tomo mis manos— si con ello tengo el amor y cariño de mi preciosa hermana la señora de Bizancio me daré por bien servido
Entrelace mis dedos con los suyos y sonreí
En verdad yo te amo, mi pequeño hermano es solo que estaba cegada por la rabia ya que tú estabas en la Galia aprendiendo como ser bien gobernante y en cambio yo aquí seguía sin hacer algo— suspire— el trono ya es tuyo, no lo rechaces además que siempre tendrás mi amor y apoyo desde Bizancio
Aurelius se puso de pie abrazándome fuertemente, beso mis manos
Siempre serviré a mi hermana y a toda la dinastía Isáurica que vendrá de aquí— acarició mi vientre— siempre estaré para ti mi bella hermana, no importa lo que pase yo siempre te seré leal
Suspiré aliviada y con algo de nostalgia, ahora que debía marcharme para cumplir mi destino, Aurelius y yo estábamos bien y con las cuentas saldadas
Siempre tendrás mi protección— dije sintiendo como una lágrima caía sobre mi mejilla— Irene de Bizancio cuidara siempre de ti y de la descendencia que venga de ti
Nos dimos el abrazo más fuerte y de reconciliación que nunca había sentido era como si las grietas que había en mi interior se hubieran cerrado con este acto tan mágico que era el amor hacia tu familia
¿Ya se quieren?— preguntó Drusila sonriente
La miramos y extendiendo ambos brazos la invitamos para unirse a nuestro abrazo, soltó una pequeña risa para acto seguido levantar un poco si túnica y correr a nuestro abrazo
Deseaba que esto ocurriera desde hace años, desde aquel día en que discutimos tanto— dijo Aurelius abrazándonos fuertemente
Son unos tontos— dijo Drusila— se disculpan ahora que Irene se marchará para siempre de Atenas
Bueno pero ahora siempre nos tendrás— contesté— debes ser una mujer inteligente y más ahora que yo no estaré
Flavia entro a la habitación, nos miró y sonrió entre lágrimas
El saberlos unidos ahora me da alegría— dijo acercándose a nosotros, nos soltamos del abrazo
Quizá mi partida al corazón del imperio hizo posible esto— sonreí enormemente
Me ha dicho Fabius que me estabas buscando— sonrío— ¿Qué puedo hacer por ti?
Deseo ver qué usaré para ese día y solo tú me puedes ayudar respecto a mis gustos— sonreí ampliamente— debo verme preciosa ese día
Flavia asintió con la cabeza
Ya tengo lo que usarán Drusila y tú, lo escogí hace días, se que les gustará a ambas
¿Cómo es que las conoces tanto?— preguntó Aurelius cruzando los brazos a la altura de su pecho
Flavia sonrío mirando a mi hermano, dejo unas sábanas que traía en sus manos sobre la cama
Las conozco porque ambas son idénticas, y aún que no estuve en el nacimiento de Irene si estuve en el nacimiento de Drusila— suspiró— las conozco, se sus gustos— sonrío mirandonos a ambas
Drusila sonrío iluminando sus ojos color oliva, dió un pequeño salto
Deseo ver qué usaré para ese día— sonrío animosa
Se lo que váis a usar, tengo todo preparado— hablo mirando a Drusila