_¿Y si alguien intenta entrar? _Podemos ponerle seguro a la puerta. Soltó vagamente, mordiendo su lengua en una sonrisa. Me quedé en silencio unos instantes, aunque rápidamente negué con mi cabeza. _No. Olvídalo. Él rodó sus ojos, soltando un bufido con ello. _Eres una amargada. Voluntariamente presioné el algodón en su frente con un poco más de fuerza, sin llegar a lastimarle. Al sentirlo sobre su piel, soltó un quejido, posando sus ojos verdes sobre mí. _Y tú eres un pervertido.- Le respondí finalmente, escondiendo una sonrisa ante su mirada acusadora. En un acto infantil, me sacó la lengua a forma de respuesta. Luego de unos minutos, habíamos podido limpiar completamente la herida, que no era más que un pequeño corte superficial. Terminé de ponerle una banda sanitaria para qu

