Me desperté poco a poco, debido a que el sol comenzó a calentar mi rostro, de una manera en la que ya me resultaba incómoda. Abrí mis ojos con cuidado, recibiendo toda la luminosidad del día sobre ellos mientras comenzaba a oír a la lejanía el sonido de unas aves trinar. Una vez que me acostumbré al nivel de luz, me quedé sentada mientras intentaba reconocer el lugar a mi alrededor. En cuestión de segundos, noté que seguíamos en el tejado de Enzo y que efectivamente, nos habíamos quedado dormidos allí. Al girar mi vista hacia mi lado, me encontré con Enzo aún dormido plácidamente. Con algo de cuidado sacudí su brazo para intentar despertarle, pero sólo recibí quejas y murmullos entredormidos de su parte. _¿Qué necesitas? Exclamó aún con sus ojos cerrados, en un tono de voz profundo y sal

