Fryodor —Tú y yo, chico —digo con mi perfecto acento americano, al estilo de la vieja escuela. Miro el vaso de cristal lleno de líquido ámbar y me lo bebo de un trago. Luego me sirvo otro. —Realmente no eres un gran conversador, pero aquí estamos otra vez —digo—. Solos. Otra vez. Me dejo caer en el sofá y miro el vaso, sintiendo que se acumulan tormentas dentro de mí. Es una jodida pésima mentirosa. Pero excelente guardando secretos. Eso último, hay que reconocérselo. Podría quedarme bebiendo y cavilando, y aunque definitivamente voy a hacer lo primero, puedo hacer ambas cosas al mismo tiempo. Termino el segundo vaso y me acerco a mis computadoras, tomando la laptop que no tengo conectada al sistema principal. Podría hacerlo si quisiera, pero me gusta tener algo que no esté vincu

