Polina Esta vez, cuando entro al resort del brazo de Viktor, no hay reservas, ni miedo ni enojo, solo una extraña sensación de dicha. Sé que no debería sentirse así. No es mi novio de verdad, aunque él podría quererlo, aunque hayamos tenido sexo, aunque la idea casi parezca correcta. Aprieto un poco más fuerte su gran bíceps, recordando el temor que sentí cuando me dejó sola ayer. Estaba segura de que algo iba a salir mal, y cuando no pasó nada, me di cuenta de que solo me sentía así porque él se había ido. Porque sin él, por un momento, me sentí como una mota insignificante, una nadie en una sala llena de alguien. Curiosamente, esa comprensión me ayudó a calmarme. Me ayudó a hacerlo mejor por mi cuenta. Porque sabía que él estaría esperándome cuando todo terminara. Y lo estaba, a

