Román Permanezco despierto, dándole vueltas a todo, pero me aseguro de mantener los ojos cerrados para que Tatyana piense que sigo dormido cuando regrese a la cama. Supe que algo pasaba en cuanto metió la mano bajo el colchón. Pero no estaba seguro de qué estaba escondiendo hasta hace apenas unos minutos. Un teléfono. Escuché el inconfundible zumbido de un mensaje entrante mientras estaba afuera de la puerta del baño, escuchando en silencio. Parte de mí siente orgullo por su valentía y sigilo—no había forma de que pudiera salir de la cama sin despertarme—, pero ¿haber logrado meter un teléfono aquí arriba? Impresionante. Aun así, ese orgullo viene acompañado de una rabia latente. La noche que compartimos fue tan mágica que casi parecía pertenecerle a otra persona. Nunca me había sen

