Viktor Entramos al restaurante más exclusivo de Chicago, tomados de la mano, y Polina se ve como si estuviera en su casa. No. Mejor que eso. Se ve como si fuera la dueña del lugar. Y, de alguna manera, lo es. Porque yo soy el dueño. Este lugar hace que ese restaurante francés del que Polina la echaron parezca… bueno, un basurero. Pero no es solo la decoración y la comida lo que hace especial a este lugar. Aquí es donde los ricos y famosos aman ser vistos. Y yo quiero que la vean. Quiero que la traten como la reina que es. ¿Qué mejor lugar que mi establecimiento? La exclusividad del lugar no pasa desapercibida para Polina. Lo vi cuando llegamos. Brillaba en sus ojos. Pero no es por eso que su agarre en mi mano se afloja. Ni por esos ojos azules perfectos que se abren de par en par,

