VIKTOR Esta maldita mujer. Entrecierra los ojos y murmura: —En tus sueños, grandulón. Y luego se gira. Se gira y se aleja con paso firme. La observo, al igual que todo lo demás, en este lugar. Ya no hay personas sospechosas merodeando. Mis hombres están en alerta. Y yo estoy aquí, cerca de ella, marcando mi territorio. Como jefe de seguridad de Román Mikhailov, sé exactamente cómo pasar desapercibido—pese a mi tamaño—o cómo hacerme notar sin decir una palabra. Y con este pequeño pajarito, puedes apostar que estoy haciendo lo segundo. Echo un vistazo al mostrador, ignorando el estrés palpable. No me interesa nadie más. Solo esta pequeña y terca angelito que probablemente es más jodido problema de lo que vale. —¿Polina? Ella sigue ignorándome, aunque sé que me ha oído. —Poli

