Ansiando su polla
“Tamara.”
La voz de Julian era ronca. Su mano dejó la palanca de cambios y se aferró a mi rodilla. Se me cortó la respiración con fuerza.
Me miró, el deseo ardiendo en sus ojos azules. “Te he estado observando toda la semana, putita. Te vi caminando de arriba abajo por esta casa con esos shortcitos enseñándome tu culo apretado, fingiendo agacharte para que pudiera ver ese cuerpo increíble tuyo que me está provocando la polla, sabes lo que estás haciendo, ¿verdad, Tam?” Pasando por mi habitación con los pezones asomando a través de la camiseta, sabiendo que tu hermanastro se está masturbando pensando en destrozarte.”
“No.” No estoy… tartamudeé.
“Mentira.” Su mano subió por mi muslo, brusca y codiciosa, sus dedos clavándose en mi carne blanda. “Tú quieres esto. Has estado chorreando por la polla de tu hermanastro toda la semana, ¿verdad?”
Metió los dedos en la cintura de mi short y me lo arrancó de un tirón. Mi coño empapado quedó al descubierto, mis jugos ya resbalando por mis muslos. No esperó. Dos dedos gruesos se clavaron en mí, profundos, abriéndome el coño apretado.
“Joder…”, gemí. Mis caderas se sacudieron como las de una perra en celo, frotándome contra su mano sin vergüenza.
Julian gruñó bajo, metiéndolos y sacándolos. “Mira este coñito glotón. Empapado y apretándose alrededor de mis dedos como si fuera adicto. Has estado deseando esto, ¿verdad? Tu propio hermanastro dedeteándote en el coche como una puta barata.”
Empujó más profundo, curvando los dedos con fuerza, abriéndome las paredes mientras su pulgar aplastaba mi clítoris hinchado. Mis jugos le cubrían la mano, goteando por su muñeca hasta el asiento de cuero. Estaba haciendo sonidos húmedos con cada embestida de sus dedos.
“Julian… por favor… más…”
“¿Ya estás suplicando? Qué hermanastra más asquerosa.” Añadió un tercer dedo, estirándome dolorosamente, clavándose sin piedad en mi coño chorreante. El ardor se mezcló con el placer hasta que estaba temblando. Se inclinó y me mordió el cuello con fuerza. “Este coño es mío ahora. Dilo.”
“Es tuyo… joder, mi coño le pertenece a mi hermanastro.”
Estaba chorreando por todas partes, mis labios hinchados del coño abiertos alrededor de sus dedos gruesos, el clítoris palpitando con fuerza. “Tócame el clítoris más fuerte… joder, por favor.”
Lo frotó con fuerza, en círculos rápidos, y todo mi cuerpo se espasmó. “Oh, mi Julian… ¡joder! Me voy a…”
“Todavía no.” Sacó los dedos, goteando de mi crema, y me los metió en la boca. “Chupa. Prueba cuánto te pone tu hermanastro.”
Chupé con avidez, gimiendo alrededor de sus dedos mientras él se liberaba la polla. Saltó fuera, dura como el acero, venas hinchadas, la cabeza gruesa goteando precum y curvándose ligeramente.
“Te vas a tragar cada centímetro de esta polla, Tam. Voy a destrozar ese coñito apretado hasta que no puedas caminar derecho.”
Me arrancó la camiseta de tirantes, se aferró a mi teta y chupó con fuerza suficiente para dejar moretones, los dientes clavándose mientras me azotaba el coño empapado con su polla pesada. Luego me empujó hacia atrás. Mi culo golpeó el cuero cuando se alineó y se clavó, lento al principio, obligando a mi coño a estirarse alrededor de su polla gruesa.
“Uhhhhh, joder… es demasiado grande.” Jadeé, pero mi coño lo estaba succionando más profundo de todos modos, codicioso y pecaminoso.
Llegó hasta el fondo, con los huevos pegados a mí, y gruñó como un animal. “Tan jodidamente apretado. Este coño fue hecho para la polla de tu hermanastro. ¿Sientes cómo me agarra? Como si nunca quisiera soltarme.”
Entonces se descontroló.
Me folló como si quisiera destrozarme. El coche se movía con cada embestida salvaje, sus huevos pesados golpeando mi culo empapado.
Mis tetas rebotaban salvajemente. Grité. Mis uñas le clavaron líneas sangrientas en la espalda. Mi coño chorreaba alrededor de su polla.
“¡Más fuerte… fóllame más fuerte, madarchod!” Grité, las piernas cerradas a su alrededor. “¡Destruye mi coño! ¡Ruíname para cualquiera más!”
“¿Sí? Te encanta, ¿verdad?” Empujó más profundo, moliendo contra mi cérvix con cada embestida brutal. “Randi asquerosa. Dilo más alto.”
“Soy tu randi asquerosa… ahhh joder, ¡ni se te ocurra parar! ¡Estoy adicta a tu polla! ¡La necesito más profunda, por favor folla más fuerte el coño de tu hermanastra!”
Su polla se clavaba en mí sin piedad, golpeando ese punto una y otra vez hasta que estaba temblando, empapando el asiento, babeando, perdida en el pecado de aquello. El chapoteo húmedo de mi coño chorreante llenaba el coche mientras me embestía sin misericordia.
De repente me dio la vuelta, doblándome sobre el asiento, culo arriba. Se volvió a clavar por detrás, una mano agarrándome el pelo, la otra azotándome el culo hasta ponerlo rojo.
“Tómalo. Toma la polla de tu hermanastro como la puta adicta que eres.”
Me corrí con fuerza, gritando, mi coño espasmándose y chorreando a su alrededor. Pero él no paró. Siguió clavándose más profundo, persiguiendo su propia liberación.
“Me voy a correr”, gruñó. “¿Dónde lo quieres, puta?”
“En mi boca, ¡por favor aliméntame con tus cargas!”
La sacó, me agarró del pelo y me embutió la polla empapada hasta la garganta. Me atraganté con fuerza, ahogándome mientras su carga gruesa explotaba directo en mi estómago.
Siguió follándome la boca, follándome la cara, bombeando más y más hasta que su semen se desbordaba por las comisuras de mi boca, corriendo por mi mentón hasta mis tetas en cremas blancas y pegajosas. Tosí y me atraganté, las lágrimas cayendo junto con el desastre, pero seguí chupando, adicta a su sabor.
Tragué lo suficiente, pero aún así me quedaba goteando por las pestañas mientras lo miraba hacia arriba, destrozada y asquerosa.
“Behenchod…”, susurré, la voz ronca.
Él sonrió con sorna, todavía duro y hambriento, frotando su polla resbaladiza de semen contra mi mejilla.
Desperté jadeando, con la mano metida entre los muslos. Mis shorts estaban empapados, mi coño todavía palpitando y chorreando por el sueño.
El reloj marcaba las 3:07 AM. El ventilador giraba con pereza encima de mí mientras mis dedos seguían frotando mi clítoris hinchado, persiguiendo ese subidón asqueroso.
“Joder… estoy enferma”, susurré en la oscuridad. “No puedo creer que esté tan adicta a soñar con la polla de mi propio hermanastro… Necesito ayuda.”
Pero incluso diciendo eso, metí los dedos dentro de mi coño empapado, imaginando que era otra vez su polla gruesa. Los pasos en el pasillo se hicieron más fuertes, pesados y enfadados, deteniéndose justo delante de mi puerta.
Mierda.