POV DIANA Perdí el equilibrio en un segundo, y justo cuando estaba a punto de estamparme contra el suelo, una mano salvadora me agarró. Me giré, todavía medio mareada, y ahí estaba. Sus ojos verdes me miraban con esa ternura que desarma, como si entendiera todo lo que estaba pasando dentro de mí. Sentí un alivio profundo en el pecho, como si algo se aflojara después de tanto tiempo apretado. —Gracias... —atiné a decir, casi en un susurro. Michael me miró con un ligero rubor en sus mejillas, y con su tono calmado, respondió: —No pasa nada, Diana. Con cuidado, me ayudó a ponerme de pie, sujetándome del brazo para que no me desplomara otra vez. A su lado me sentía tan chiquita, él tan alto, delgado, como una figura esbelta que simplemente estaba ahí para evitar que me quebrara. El dolor

