Capítulo 23 — Saúl Han pasado seis meses desde que Laura despertó, y siento que cada día es una segunda oportunidad que el universo decidió regalarnos. No hay un solo amanecer en que no me levante y la busque con la mirada. A veces, cuando la veo de espaldas, peinándose frente al espejo o doblando la ropa de los niños, me cuesta creer que estuvo tanto tiempo dormida, suspendida entre la vida y la muerte. Cada pequeño gesto suyo me parece un milagro cotidiano. Nuestra casa, que antes se sentía hueca y fría, ahora respira con nosotros. Las risas han vuelto, las conversaciones a media tarde, los juegos, incluso los regaños cariñosos. Hay días que me sorprendo riendo tan fuerte que me duele la cara. No recuerdo la última vez que eso me pasó. Quizás, justo antes del accidente. La rutina

