Capítulo 34 — Saúl Nunca me había dado cuenta de lo rápido que cambia el aire en Castellón cuando llega el verano. El olor del mar se mezcla con el de los limoneros y con el polvo que levantan las obras frente al café. Porque sí: Despertar está creciendo. Las paredes del segundo piso ya están levantadas, y cada golpe de martillo me suena como una promesa cumplida. Laura vive ilusionada. Pasa horas hablando con el arquitecto, revisando planos, soñando en voz alta. Yo la miro desde abajo, mientras sirvo cafés o barro la terraza, y pienso que nunca vi tanta luz en su rostro. Han pasado trece años desde el accidente, y sin embargo, verla así, en movimiento, me da la misma sensación que aquel primer día en que abrió los ojos en el hospital: la vida, una vez más, floreciendo en ella. Pe

