Capítulo 32 — Saúl Han pasado tres años desde que volvimos a Castellón, y todavía me cuesta creer lo rápido que pasa el tiempo cuando todo está bien. A veces me despierto antes que el sol y me quedo mirando el techo, escuchando el ruido suave del viento colándose entre las persianas. Antes ese sonido me parecía triste, ahora me resulta familiar, como si me recordara que sigo aquí, en el lugar donde empezó todo. El reloj marca las seis y media. Laura aún duerme a mi lado, con el cabello revuelto sobre la almohada y la respiración tranquila. La miro y sonrío sin hacer ruido. Aún tiene ese gesto leve en la boca cuando sueña, la misma expresión que tenía la primera vez que la vi reír. Me inclino y le doy un beso en la frente. Ella se mueve apenas y murmura algo que suena a mi nombre.

