M pone loco la idea de que ese tipo estuvo en casa de mi chica amarilla. Y que Max le haya ayudado. —¡Pero qué diablos, Max! ¿Conoces a ese idiota? —reclamó. —¿Qué? ¿Ya te hablo de él? —cuestiona, extrañado. —Lo conocí esta tarde y fue desagradable e incómodo —expresé molesto. —Si el tipo es un idiota, lo supe cuando estaba justo en el lugar en donde ahora estás —enfatizo, burlándose de mí el muy cabrón. —¡Si te bajas, volverás a subir por tu cuenta! —amenaza al ver que intento bajar. —¡Me debes un cuento y lo quiero con dibujitos! — amenacé y aceptó con una sonrisa burlona. Bajé por el árbol, justo como dijo Max, caminé por detrás de los rosales, agachado para no ser observado, justo como debió hacerlo ese idiota, y porque están todas las luces encendidas. En cuanto vi el balcó

