El repartidor de pizza

2459 Words
Luciana fue interrumpida por el timbre de su puerta, ya había olvidado que pidió pizza a domicilio por la pereza de meterse a la cocina y preparar algo. Con su sexy pijama transparente cubriendo solo sus senos y el short diminuto de seda que hacían ver sus piernas en su totalidad. Abrió la puerta con la propina en manos y su mirada quedó fija en el musculoso hombre que estaba frente a ella, con unos ojos azules que la idiotiza, unos labios carnosos que la incitaban y su exquisito perfume que la terminaban de embriagar. El repartidor de pizza se quedó con una sonrisa ladina esperando que ella tomara la caja de pizza y le entregará la propina. Pero Luciana estaba completamente enamorada de ese hombre. No pensó ver a semejante hombre frente a su puerta, estaba tan concentrada en grabarse cada parte de él, qué no se había dado cuenta de cómo es él se la comía con la mirada. Luciana no sabía a quién tenía frente a ella. Liam era un hombre apasionado, conocedor y amante al sexo. —Señorita su pizza —Le habló con una pizca picardía. —¡Oh sí disculpa! —Habló Luciana algo nerviosa y apenada. —Tranquila puedes ver cuando quieras —Le dijo guiñándole un ojo, quitando el dinero de sus manos y marchándose de inmediato. Luciana entró a su cocina abonando con las manos sentía tanto calor solo recordar al repartidor de pizza. Los días pasaban y a Luciana no se le salía de la cabeza ese repartidor de pizza, quiso muchas veces llamar por otra pizza y volver a verlo, pero sentía que estando frente a él, sentiría tanto nervios qué no encontraría la forma de intercambiar la pizza por la propina. Sin saber qué hacer pero deseosa de volverlo a ver, decidió llamar a sus amigos para hacer una pequeña fiesta en su apartamento. Necesitaba liberar estrés y olvidarse de su atractivo repartidor de pizza, aunque no estaba tan segura de que eso pasará así por así, por lo menos haría el intento. Antes de marcarle a sus locos amigos decidió ordenar un poco su apartamento y guardar en su depósito las cosas con mayor valor. Sus dos amigos, eran tan fuera del lugar que una vez que se embriagaban terminaban teniendo sexo en cualquier parte de su apartamento y eso conllevaba a que le dañaran cualquier cosa que ella apreciaba. Sus amigos como respuesta le dieron un Sí y anunciaban llevar un amigo, a Luciana no le molestó, estaba bien tener una compañía en cuanto sus amigos se pusieran melosos. La hora pasó y la noche llegaba Luciana ya estaba lista con cervezas en el Freezer y unas cuantas botellas de alcohol. Música a un volumen moderado para no molestar a sus vecinos y espacio suficiente para bailar en la sala. Estaba a punto de llamar para pedir pizza a otro puesto que no fuera justo en donde trabajaba su repartidor de pizza, pero el sonido de la puerta indicaba que sus amigos habían llegado. A veces se preguntaban por qué eran tan flojos en sonar el timbre. Luciana jamás esperó que en cuanto abriera esa puerta frente a sus ojos no solo estaban sus amigos. También se encontraba el repartidor de pizza por el cual ella había preparado esa fiesta. sus miradas se conectaron y Luciana solo veía como él sonreía con una espectacular sonrisa llena de deseo. —¿No nos piensa dejar entrar? —reclamó su amiga al ver a Luciana ahí parada sin hacer nada, solo comiéndose con la mirada a su amigo. —creo que mi pana llamó su atención —musitó su amigo lleno de burla. —Ya entre idiotas. —se quejó Luciana. —¿Eso va para mí también? —habló Liam y Luciana solo sintió una corriente eléctrica en todo su cuerpo a escuchar su voz, sin intención alguna su mirada se posó en todo su maravilloso cuerpo, su vestidura en un pantalón ajustado un suéter no tan pegado, zapatos casuales su cabello ligeramente desordenado y un arete que adornaba su oreja derecha. —Si me sigues comiendo con la mirada te puedes arrepentir —le susurró a centímetros de su cara, Luciana casi gime al recibir su aliento fresco con un toque de menta y cigarro en sus fosas nasales. Su cuerpo se calentó ligeramente sin verlo venir de su boca no salió palabra alguna solo se dio vuelta y fue inmediatamente a su habitación. —¿Hey loca a dónde vas? —le preguntó su amiga al verla subir a la habitación sin decir nada. —Dijo que ya regresaba se va a cambiar —mintió Liam tomando asiento en el sofá. —¿Así que ya habías venido para acá? —interrogó Carla con una sonrisa ladina. —Sí, hace una semana le traje una pizza que ella pidió —contestó Liam con una sonrisa, recordando ese día, no se le había podido sacar de su cabeza, estaba esperando que ella pidiera a domicilio y fuera él quien le llevara. Jamás imaginó que tuvieran un amigo en común y eso lo tenía muy contento. —Tienes nuestro permiso para que la conquistes ya lleva mucho soltera —Liam asintió con una sonrisa de triunfo esa mujer tenía que ser suya esa misma noche. Efectivamente Luciana bajó de su habitación con un cambio de ropa, esta vez optó por un vestido a sus rodillas de tirantes que la hacían sentir más cómoda. Se acercó a sus amigos y les ofreció una cerveza. —Te ayudo si no es molestia —Le habló Liam tratando de llamar su atención, se había dado cuenta que se sentía intimidada por su mirada. —Claro que no hay problema —Replicó restándole importancia, tampoco deseaba que se diera cuenta que la ponía nerviosa. En silencio fueron por las cervezas a la cocina Liam espero que ella abriera el Freezer para sacar la cerveza y se acercó por detrás tomó una cerveza en sus manos rozando sus brazos Luciana cerró los ojos al sentir todo su cuerpo casi pegado al suyo. Mordió su labio inferior para prevenir que de su boca saliera gemir, aún así no pude evitar que Líam se diera cuenta como la tenía. —¿Vamos? —Le susurró al oído haciéndola soltar un gemido. Liam terminó de pegar todo su cuerpo para tomar otra cerveza y regresar a donde estaban sus amigos. Segunda parte Luciana se descontroló, necesitaba apaciguar su calentura y la mirada penetrante de Liam no la ayudaba. Tomaba una tras otra las cervezas sintiéndose ya un poco mareada. Liam le invitó a bailar para que se sintiera menos nerviosa y dejara de beber un poco. Sus amigos ya estaban haciendo de las suyas entre bailando besándose y tocándose sin descaro alguno. Bailaba una música movida Lía le daba vuelta y la pegaba a ella, uniendo una de sus manos, la otra de él en su cintura y la de ella en su hombro. Al son de la música bailaban sintiéndose cómodos y disfrutando el momento, su amigo hizo de la suya y colocaron una más romántica, Luciana quiso separarse pero Liam no la dejó tomó sus dos manos y las puso en su cuello, él colocó la suya en su cintura pegando sus cuerpos completamente. Al son de la música bailaban mientras él susurraba en su oído lo hermosa que estaba. —me llamo Liam y estás muy hermosa —le susurró dejando un beso en el lóbulo de su oreja. Luciana suspiró entrecortado unos segundos le bastaron para tomar un poco de aire y presentarse también. —Me llamo Luciana y gracias —respondió ella lo más calmada que pudo. —No he dejado de pensar en ti desde ese día que te vi, Luciana —declaró el dejando a la chica sorprendida, pues ya eran dos en la misma situación. —Tampoco he podido olvidar ese día, eso me llevó a hacer esta fiesta y olvidarte pero ya veo que el destino no está de acuerdo —replicó ella, separándose un poco para verlo directamente a los ojos. Liam sonrió y lentamente se acercó a sus labios, Luciana suspiró al sentir como él juntaba sus labios y su lengua tocaba su labios inferior, una manera sutil y sensual al mismo tiempo. Sus cuerpos volvieron a quedar Unidos Pero esta vez acompañado de sus labios. El beso cada vez avanzaba más, las manos de Luciana estaban en el cabello de Lía sentía la necesidad de estar más pegada a él, las manos de Elías apretaban la cintura de ella bajando a sus glúteos, eso hizo que Luciana soltara gemido ahogado. —¿Puedo ver tu habitación? —cortó el día en el beso para susurrarle en su oído. —Arriba la primera habitación —musitó ella extremadamente excitada. Lian la subió a su cintura de un solo movimiento y subió a la habitación de Luciana entre besos. Sus amigos ni se habían dado cuenta ya que se habían ido a la cocina en busca de comida. Lean la dejó en la cama y lentamente se fue despojando de su ropa quedando solo en boxer. Se acercó a ella besando primeramente sus pies subiendo por sus piernas hasta llegar a su abdomen mientras subía el vestido para sentir su piel, Luciana estaba solo en parte ya que el vestido no necesitaba de brasier. Sus pechos expuestos ante los ojos de Liam lo hicieron gruñir, eran tal como se los había imaginado desde ese día que los vio cubierto por una fina tela. —Cómo me lo imaginé —susurró antes de meter uno a su boca chuparlo y masajear su pezón con su lengua. Luciana sentía que con solo ese acto se podía venir, Liam dejó descansar sus senos y subió a su cuello lamiendo y besándolo hasta llegar a sus labios donde la besó con tanta pasión y deseo hasta dejarla sin aire. —¡Liam! —gimió Luciana sentir como lean le quitaba el panty y acariciaba su v****a con delicadeza. —Sí nena, di mi nombre cuántas veces quieras —le pidió él adentrándose en su centro lamiendo hasta introducir su lengua, Luciana sentía que estaba por explotar, sus gemidos estaban siendo lo suficientemente altos al punto de estar parejo con la música. Lián apresuró su lengua hasta sentir como Luciana se dejaba venir, con su sabor en su boca se acercó a sus labios y la beso separándose de ella para quitar su boxer y mostrar su enorme erección. Luciana tragó grueso ese hombre no solo era guapo con un cuerpo espectacular sino que también lo acompañaba un buen tamaño. Dejando un beso en su abdomen hasta subir a sus labios y estar completamente en posición fue entrando en su centro lentamente disfrutando el roce de sus pieles uniéndose en un exquisito placer. Soltó un gruñido al estar completamente dentro de ella sentir la calidez y cómo palpitaba en su pene. Se estaba volviendo loco por las sensaciones que sentía y en suaves movimientos sus gemidos empezaron a escucharse al unísono. Luciana arañaba su espalda mientras pedía con delirio que siguiera tal como lo estaba haciendo. Eso para el día ir a lo mejor que podía escuchar, su lado salvaje y malo apareció, tomando una posición donde le permitiera agarrar su cuello sin ejercer presión subía las piernas de Luciana hasta su cadera y la penetraba a una velocidad donde ambos sentían un sin fín de emociones. Estando satisfecho en esa posición se recostó él para que Luciana lo cabalgara, verla moverse mientras sus senos se tambaleaba de un lado a otro, le gustaba, lo excitaba mucho. —Date la vuelta —le pidió con voz ronca. Luciana obedeció dándole la espalda, Liam le dio un par de nalgadas mientras se hundía completamente en ella. Le excitaba aún más verla subir y bajar en su erección, escucharla gritar de placer lo hacían gruñir a él. Fueron varios minutos lo que la disfrutó en esa posición pero buscaba más de ella, sentía la necesidad de verla y tenerla en varias posiciones. La detuvo por su cintura dándole la vuelta bruscamente quedando ella en cuatro, se tomó el tiempo en enrollarse el cabello de Luciana en su mano colocándolo muy bien para entrar en ella de forma delicada. —Disfruto mucho estar dentro de ti Luciana —le dijo en el mismo momento en que entraba en ella por completo. Luciana estaba completamente cegada por el deseo gimiendo mientras él entraba y salía suave, los gemidos estaban siendo muy bajos Y lean necesitaba escucharla lo más que pudiera. Se aferró más a su cabello y entraba de una manera salvaje haciéndola gritar de mucho placer. Después de un buen rato ya ambos no podrían aguantar más y llegaron a un maravilloso orgasmo juntos, agotados en espera de que su respiración es agitada se regularán, quedaron completamente dormidos. Al día siguiente Luciana despertó completamente sola en su habitación, imaginó que el repartidor de pizza había obtenido lo que quería y se marchó sin dejar siquiera una nota. Los días fueron pasando y Luciana no fue capaz de preguntar a sus amigos por ese repartidor que había dejado su cuerpo exhausto pero que sin duda había sido la mejor noche de su vida. Solo pensar en cada beso caricia y posición en la que disfrutaron su cuerpo se erizaba y su centro se humedece. Dispuesta a olvidar completamente a ese repartidor decidió pedir una pizza a domicilio y por lo menos saciar su hambre en ese momento. Minutos después el timbre sonó y Ella salió con la propina en mano abrió la puerta contando asegurándose de que estaba completo lo que deseaba darle y al levantar su cara se encontró con esos ojos azules que la veían de arriba a abajo, con una sonrisa llena de picardía. —Este es mi último pedido entregado ¿me invitas a comer? —le habló Liam con voz ronca, Luciana abrió más la puerta para que pasara con la fecha en mano. Lien llegó la pizza a la cocina y regresó a la sala donde Luciana seguía sin poder decir nada. Lian se acercó a ella y le quitó el dinero de la mano y lo tiró al piso la subió a su cintura y caminó a la habitación. —Quiero otro tipo de propina —le susurró besando su cuello. —Yo no doy ese tipo de propina —replicó ella entre gemidos. —Desde hoy me la darás a mí —Aseguró el besando sus labios mientras se desvestía para entregarse nuevamente a la pasión. Luciana había perdido totalmente la cabeza por ese repartidor de pizza y no tenía intención de parar esa locura.
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