Cómo olvidar ese día cuando mi vecino el colágeno, decidió llevarme a su baño y apoderarse de mi cuerpo sin ninguna vergüenza.
Me hizo suya de la manera más salvaje y al mismo tiempo especial.
Todo inició cuando mi vida amorosa empeoró cada vez más y la última gota que derramó el vaso fue ver a mi marido marcado por otra mujer.
Aunque en algún momento no tenía intención de caer ante las insinuaciones indirectas más que indirectas de mi vecino, la necesidad de mi cuerpo de ser amada de una manera tan apasionada hicieron que cayera.
Sus miradas coquetas o acercamientos peligrosos, su palabra con doble sentido que despertaban mariposas en mi estómago.
Es que Cómo olvidar ese día cuando decidí ir a su casa. Cabe destacar que la dueña de la casa de donde vivo, donde estoy alquilada.
Una señora muy divertida y que me ofreció su amistad, eso me recordó lo sinvergüenza que era, comiéndome a su hijo a escondidas.
Busqué en su cocina un encendedor para mi cigarrillo y justo su voz gruesa interrumpió mi búsqueda a una distancia normal le hablé ocultando mis nervios.
—¿Qué buscas? —me preguntó con esa voz gruesa que j****, me ponía a temblar.
—Busco un encendedor —le hablé lo más normal posible.
Él no dijo una sola palabra, solo se acercó y rompió con la distancia que nos separaba.
Su aliento a tabaco mentolado me dejó totalmente embriagada.
No supe en qué momento llegué a estar totalmente pegada a su cuerpo, me tenía abrazada por la nuca plantándome un beso que me dejó totalmente deseada.
Tenía muchísimo tiempo que no sentía tantas cosas como la sentía en ese momento, solo me dejé llevar por lo que sentía en ese momento.
Me agarró de una mano y me llevó al baño sin pensarlo mucho, se apoderó de mi cuerpo entre besos y caricias me quitó toda prenda que cubría mi cuerpo y me volteó bruscamente.
Más que molestarme o asustarme me excitó, solo sentí cuando invadió mi interior y se dedicó a hacerme suya en ese pequeño baño dejándome con las piernas totalmente temblorosas.
Sus estocadas estaban siendo rudas pero yo sentía que me estaba llevando a un delicioso orgasmo que tenía muchísimo tiempo sin sentir.
Después de ese momento pasional, me dejó en claro que eso no sería un juego para él, sus intenciones iban más allá de ratos y eso me tenía asustada.
No era fácil para mí estar mintiéndole a su madre quien me dio la confianza de vivir en su techo.
Un mes después
—Te has estado escondiendo mucho de mí, te haces la de rogar —me habló mi vecino el colágeno.
Era muy obvio mis nervios al verlo tan cerca con su mirada penetrante y deseosa.
—No me hago la de rogar, es que yo tengo cosas que hacer —respondí lo más tranquila que pude, solo su presencia me hacía sentir nerviosa.
—Sabes qué tengo ganas de estar contigo pero no algo rápido, te quiero disfrutar totalmente toda —me dijo mi vecino dejándome totalmente desconcertada con un susto en la boca del estómago y para qué mentir mi centro ya empezaba a palpitar.
—Ok, está bien, tenemos mucho tiempo disponible —así sin más le respondí, como una loba en celo.
—Perfecto, entre semana será —habló con voz ronca retirándose de una vez.
Los días pasaron y llegó la dichosa cita yo por supuesto me hacía la tonta no era como si los nervios no me estuvieran matando, solo pensar en esos brazos tan fuertes mi cuerpo reaccionaba de inmediato.
Llegué a casa y en mi mente solo pasaba la idea de que había olvidado, el momento día antes había llegado borracho y pues mi única salvación a lo que realmente yo quería era pensar eso.
Para mi sorpresa frente a mi puerta se encontraba ese hombre que pone a temblar mis piernas, con una bata sin nada en su cuerpo viéndose jodidamente deseable para mí.
—Te he estado esperando, ¿que hacías? ¿dónde estabas?, has tardado mucho, —interrogó una al verme.
Mi conciencia me advirtió recordando que justo en esos días estaba yo tratando de arreglar las cosas con mi marido.
Pero es que mi vecino no colaboraba en nada, subimos a su habitación y sin perder tiempo besó cada parte de mi cuerpo con tanta pasión y anhelo que solo me dejé llevar, sintiéndome la mujer más amada de todo el planeta.
Lo que más me gustó y disfruté fue sentir su lengua en mi centro, definitivamente ese hombre tenía poder en esa lengua sólo bastó que diera unos movimientos en mi interior para yo tener un delicioso orgasmo.
Pero eso apenas empezaba fueron dos largas horas de sexo sin detenernos, jamás pensé que podría resistir tanto, pero es que ese hombre tenía una manera de amar,.una manera de hacer sentirme con deseos de más.
Él no se detuvo hasta que sintió que yo estaba llegando al clima y al verme sudada en todas partes y con mi cuerpo temblar se asustó.
Pero es que como no sentirme de esa manera si ese hombre tenía poder sobre mi cuerpo sabía cómo y qué hacer para liberarme de una manera extraordinaria.
Los días seguían pasando y los encuentros eran poco pero suficiente para ambos.
Mi vecino el colágeno, se encargaba de dejar en mi cuerpo besos y caricias que jamás olvidaré.
No importaba la edad, ni quienes estaban en medio de todo ese romance oculto, nosotros solo nos dedicamos a disfrutar y vivir las mejores experiencias en ese momento.
Yo estaba tranquila después de contarle a su madre que inevitablemente caí en Las garras de su hijo, me sorprendí cuando ella no tuvo ningún problema.
Alegando que eran los dos adultos que sabíamos lo que hacíamos y si disfrutábamos cogernos pues que mas daba. Eso bastó para tomar una decisión y esa sería dejar las cosas claras con mi marido y decidir vivir la pasión que me brindaba mi vecino el colágeno.