Soy impulsada por unas náuseas terribles. Mi cuerpo sigue con la necesidad de expulsar todo lo que consumo. Definitivamente algo va mal en mí. Lo percibo y no asumiré quedarme de brazos cruzados. He evitado consumir muchos alimentos, para apaciguar las náuseas. Pero no ha dado resultado. Mircela tiene manos excelentes para la cocina y la mayor parte del tiempo tengo mucha hambre. Ni de lejos resisto la necesidad de engullir lo que esa niña o mi esposo preparan. Mis constantes malestares me llevan al hospital donde solía trabajar hace un tiempo. Salir de palacio fue una odisea. Mucho más aún, debido a que no quiero que Xavier se llegue a enterar de nada; bastante tenemos con el rey Massimiliano y su complicado estado de salud, el cual no ha mejorado para nada. Mis ojos están cubiertos

