Una ráfaga de aire atravesó el salón, haciendo así que todos empezaran a gritar, todos menos Levana y Elián, el cual por más que intentara acercarse a ella otra ráfaga lo alejaba.
Nadie sabía que estaba ocurriendo, por más que querían salir todas las puertas fueron cerradas, ocasionando así que nadie pudiera salir y tuvieran que arrinconarse juntos.
— ¡Ayla!— Elián estaba desesperado por alcanzarla, pero por más que intentaba una ráfaga de aire lo detenía.
Nadie parecía ver que la causante de todo eso era nada más y nada menos que la mismísima hija de Poseidón, la cual estaba en medio de todo. Pero la pregunta es:
¿Qué fue lo que ocasiono que la Reyna legitima de los mares este tan molesta?
¿Quién podrá controlarla y evitar así que se descubra su secreto?
Elián
Todo parecía una pesadilla, lo que tantos estábamos logrando se estaba perdiendo.
— ¡Ayla!— su pelo estaba tomando un tono más oscuro, tanto que parecía casi n***o.
Ella estaba en una especie de trance, ya que parecía no escuchar nada y de repente levanto su cabeza donde pude ver que sus ojos parecían que no tenían iris, ella empezó a decir algo extraño y de sus manos salió una especie de bola de agua, solo que más oscura, y la empezó a expandir.
Ya a estas alturas todos miraban a Levana con miedo y otro par asombrados. Ya lo que estaba creando tenía el triple de su tamaño y justo cuando la iba a lanzar donde estaban reunidos todos, algo o mejor dicho alguien, la detuvo.
Levana (Ayla)
“La vida de tu hija pagara mi humillación”
¿Quién se cree que es para atreverse a jugar así con la vida de mi hija?
Mi mente estaba en blanco y la furia corría por mis venas. Ya había aceptado que Elián no quiera saber de mí y que la prefiera a ella, pero meterse con mi hija no se lo perdonaría.
No podía aguantar la rabia que tenía, pero no podía contenerme, era más como si alguien me estuviera controlando, sin saber cómo que junte toda la energía que pude y justo cuando estaba por lanzarla hacia el grupo donde estaba Ashley alguien me detuvo.
Lortnoc
Dijo a mi oído y fue como si unas cadenas me quitaran, pudiendo así evitar lo que ya estaba por hacer.
— ¡Ayla! ¿Estás bien?— dijo Elián llegando a mi lado.
—Creo que no— dije en un susurro al ver como todos nos veían.
El maestro de composición (el cual evito que hiciera un desastre) pareció entender lo que pasaba por mi cabeza.
—Tranquila, yo me encargo— camino hasta estar frente al grupo, que nos miró como si fuésemos monstruo, y alzando sus manos al techo, dijo:
Otsiv nah euq ol odot naradivlo
Todos parecían entrar en un trance y luego de unos minutos parecían olvidar todo y empezaron a salir, como si nada hubiera ocurrido.
—Creo que es mejor que nosotros también nos vallamos— dijo el maestro mientras miraba como nos habían dejado solos— Este lugar ha quedado implementado con tu energía y será más fácil para tu primo encontrarte.
Yo me quede asombrada de que supiera todo lo relacionado con mi primo, pero antes de que dijera algo Elián se me adelanto poniéndose frente a mí y mirando muy serio a el maestro.
—Un minuto ¿Cómo es que sabes lo que está ocurriendo con su primo? ¿Quién eres?
—Déjame presentarme mejor. Mi nombre es Alexander y soy un conocido que sabe toda la historia de la princesa Levana— dijo haciendo una especie de reverencia— Es un placer conocerla My Lady.
Yo estaba más que asombrada y no sabía cómo actuar, por lo que solo sonreí.
—Creo que mejor nosotros nos vamos— Elián tomo mi mano y empezó a caminar a la salida, arrastrándome con él.
Yo empecé a mover mi mano para que me soltara, pero parecía imposible.
—Elián suéltame, me lastimas.
El pareció no darse cuenta de lo que hacía, o simplemente me ignoro.
—No tan rápido— frente a nosotros apareció Alexander mirando muy serio a Elián— La princesa te acaba de decir que la sueltes.
—No te metas, esto no te incumbe— Elián parecía fuera de sí, su aura era demasiado intimidante, pero Alexander no se inmuto ni un poco— Lo que haga o deje de hacer con ella no te incumbe.
En ese momento sentí como si una corriente eléctrica pasara desde la mano de Elián hasta la mía, haciendo que soltara un quejido, pero él ni se inmuto.
—Créeme que si me incumbe, ¿Sabes por qué?— dijo acercándose a su cara— Por que al menos yo no la estoy lastimando.
En ese momento Elián parece haber entrado en razón, ya que volteo a verme y luego nuestras manos, dejando ver la marca de sus dedos en ella. Yo empecé a sobar mi muñeca mientras miraba a Elián con los ojos aguados por el dolor y sin decirle nada salí, dejándolos solos a ellos.
Hoy no fue un gran día y estaba loca de que acabase, quería llegar a casa, darme un baño con agua salada y dormir abrasada de mi niña.
“Oh padre, como desearía que estuvieras a mi lado, te necesito tanto o más, que sentir el agua del mar corriendo por mi cuerpo”
Todo me sobrepasaba, las indirectas por parte de Ashley, el desapego por parte de Elián, la falta de mi reino, la voz de mi nana y los abrazos de mi padre.
Camine y camine sin saber dónde ir, hasta que llegue a lo que parece un parque, así que fui y me senté en una banca.
— ¿Qué fue lo que hice para merecer tantas desgracias?— las lágrimas salían de mis ojos mientras veía la marca que tenía en la mano, ya que empezaba a dolerme más— ¿Por qué me ha pasado todo esto a mí?
—Tal vez no has hecho nada y solo el destino te está probando para así ver que tan fuerte eres— en ese momento Alexander se sentó al lado mío.
—Pues el destino es muy cruel— dije en un susurro mientras miraba como poco a poco el sol se escondía.
—O simplemente es tan sabio que sabe lo que pasara y solo te quiere ayudar a que tú tomes tus propias decisiones. Ven déjame ayudarte con eso— el tomo mi mano y cubrió la marca con las suyas, haciendo que estas brillaran y al quitarlas ya no sentía dolor y la marca desapareció— Lamento lo que te hizo ese idiota, creo que no le gusto que yo si pude ayudarte y el no. O simplemente esta celoso.
— ¿Celoso? No lo creo— dije mientras baja la cabeza y mira mis manos— Creo que solo se preocupa de que decir si algo me pasa, él es algo así como mi protector.
—Pues para mi es más celos que todo, hasta yo lo estaría si tuviera a mi lado a alguien como tú.
¿Cómo yo?— estaba asombrada de lo que dio, pero luego pensé en lo que quería decir— Ah, ya entiendo, alguien de la realeza. Pero ya no soy ninguna princesa, ni nada, solo soy una chica con miles de demonios que las persiguen.
—No me refería a que fueras de la realeza, ni nada por el estilo— en eso su mano tomo mi mejilla y la acaricio, haciendo que le mirara un tanto asombrada por su atrevimiento— Me refería más a tu fortaleza. Eres una chica muy fuerte y decidida, que aunque tenga miedo no lo demuestra, aquella capaz de lograr muchas cosas y luchar por lo que desea y me lo has demostrado hoy, como cuando te negabas a mis sugerencias, o cuando pudiste salir de mi hechizo de retención luego de clases, o simplemente al ver todo lo que te contenías a las insinuaciones de la señorita Garth. Puede que no me conozcas, pero te conozco lo suficiente para decirte que a mis ojos no eres una princesa, a mis ojos ya eres la Reina.
Yo no tenía palabras para decir nada en contra a todo lo que me dijo, lo mire a los ojos y pude ver sinceridad, con algo más que no pude comprender, era más como si algo tuviera oculto.
—Puede que ese chico no comprenda lo que tiene en frente, pero se está equivocando a la hora de elegir, pero de algo estoy seguro— en eso toma mis manos y empieza a acariciarlas.
— ¿De que estas seguro?— estoy asombrada a todo lo que él me decía y sus caricias hacían que miles de corrientes eléctricas fluyeran atreves de mi piel.
—De que si el no decide bien o tarda demasiado en hacerlo, yo tomare decisión por él y luchare por ti hasta conquistarte.
Nuestras miradas se encontraron, haciendo que sea imposible no dejar de ver esos ojos tan penetrantes, el al igual que yo no dejaba de verme y por una extraña razón quería estar más cerca de él, sentir algo más que sus caricias en mi piel.
—Por favor, dime que tú también tienes tantas ganas de besarme como yo las tengo— dijo en un susurro haciendo que me quedara sin voz y solo pude un pequeño “Si”.
En ese momento, tomo mi cara con sus dos manos y se acercó hasta que nuestros alientos se mesclaban.
—Que ilusa fuiste al decir que si— sin esperar mi reacción vino y me beso, haciendo que algo se bloqueara en mi cabeza y sintiera como un fuego se dirigiera desde su boca hasta la mía, haciendo que todos mis pensamientos se bloquearan hasta que mi mente quedo en blanco y todo lo que vea se volviera n***o.
“Tonta he ilusa Levana, debiste seguir tus instintos”
Fue lo último que escuche antes de caer en la inconciencia.
Mía
Estaba muy tranquila haciendo la tarea que me dejo la maestra Alexandra con ayuda de mis abuelas.
—Muy bien cariño, aprendes rápido— mi abuela Rosaura me ayudaba con mi tarea de matemáticas, mientras abuela Mariela leía.
Todo iba bien, hasta que como las otras veces mi mente me llevo hacia otro lado
Estaba en una especie de parque donde pude ver a mi mami sentada sola mientras lloraba, hasta que llego un alguien, pero por más que quisiera verlo no podía, era como si fuera más una sombra en forma de humano, pero lo que si pude notar fue su aura oscura.
Ellos empezaron a hablar, pero no podía escuchar nada, hasta que vi como él tomaba las manos de mami y estas empezaban a brillar, luego de un tiempo se acercaron ambos y luego de que el dijera algo, pude notar el miedo en los ojos de ella y el la beso.
Luego de eso Levana cae desmallada en sus brazos y el la recuesta en el banco que estaban sentados, parecía que se iba y la dejaría, pero antes de irse volteo a mirarme y de donde estaba su rostro solo pude diferenciar dos ojos llenos de fuego.
— ¡AHHHHH!— no pude aguantar el terror que me dieron esos ojos, eran maldad pura. ¡Mía! ¿Qué pasa?— alguien estaba zarandeándome, pero no podía dejar de gritar, tenía mucho miedo— ¡Mariela llama a Jasón o a alguien!
— ¡Mami! ¡Quiero a mi mami! ¿Dónde está mi mami?— estaba desesperada, no sabía que fue lo que vi pero ella estaba en peligro.
— ¿Qué son todos esos gritos? Se escuchan hasta la calle— por la puerta apareció mi padre mientras miraba su teléfono.
Yo me levante de donde estaba y fui corriendo hacia donde él, quien se sorprendió ante mi repentino abrazo y me cargaba.
— ¿Dónde está mami?— oculte mi cara en su cuello mientras seguía llorando— ¿Quién era el que estaba a su lado? Daba mucho miedo.
— ¿Levana no ha llegado?— pude sentir como mi padre se tensó al saber eso— ¿De qué hombre hablas? ¿Qué ha pasado madre?
—Mía estaba muy tranquila haciendo la tarea con ayuda de Rosaura, cuando de repente se quedó en forma de trance y luego de un tiempo empezó a gritar como loca, no podíamos calmarla y solo llama a Levana.
— ¿Y por qué dice que había un hombre a su lado? ¿Dónde está ella?
—Mami no ha llegado.
—Eso es imposible, salimos hace casi dos horas y ella salió antes que yo.
— ¿Qué está pasando aquí?— en ese momento entro mi abuelo un tanto serio— ¿Dónde está Levana?
—No sabemos— mi abuela Rosaura parecía que en cualquier momento se volvería loca.
Justo cuando mi abuelo estaba por hablar tocaron la puerta, por lo que todos nos dirigimos con la esperanza de que sea ella, y efectivamente era ella, pero no estaba sola.
—Cariño pensábamos que te pasó algo— abuela Rosaura el abrazo sin importarle el chico que estaba al lado.
¿Qué haces aquí?— mi padre estaba muy furioso y parecía que en cualquier momento se le tiraría encima.
—Elián, cálmate— todos nos asombramos por el tono de voz que utilizo— Si no fuera por el ahora mismo estuviera en el hospital.
— ¿Qué? ¿Pero qué paso?— todos estábamos muy preocupados, ya que se podía ver que a mi madre le costaba estar de pie.
—Disculpen, ¿Les importaría si entramos? La princesa está un poco lastimada y sería mejor si se acomoda y descanso aun poco.
—Oh cierto, pasen— el chico al ver que mi madre le costaba caminar.
Llegamos al salón y la recostó en un mueble.
— ¿Ahora me puedes explicar cómo es eso de que casi estuvieras en un hospital? ¿Y que para colmo sepa que eres una princesa?—
Elián
No podía creer que ese idiota estuviera en mi casa y que justamente sea el quien salvara a Levana de no sé qué.
—Había salido de la universidad, cuando de repente salieron unos hombres de un callejón, no podía hacerles nada ya que eran simple humanos y no podía dejarme en evidencia, por lo cual intente defenderme sin mis poderes, pero eran 4 contra una y por más que intentaba no podía hacer mucho, por lo cual empecé a gritar, pero uno de ellos me tomo del pelo y me aventó dentro del callejón y caí encima de unas tablas.
—Yo iba pasando por allí, cuando la escuche pedir ayuda, así que sin pensarlo tome uno de las tablas y le golpee a uno con él, mientras los otros intentaban ayudar al que golpee, que parecía ser el líder, nos dispusimos a correr y no nos fijamos al cruzar una calle donde venía un carro—.
—Alexander me empujó hacia el otro lado, pero el carro me golpeo en la cadera, pero si no fuera por el ahora mismo creo que no solo tuviera la cadera golpeada.
Quisiera haber sido más rápido
—Tranquilo hijo, hiciste lo posible para protegerla, aunque ese no era tu deber— dijo mi padre mirándome serio— Elián ¿Se puede saber qué hacías para separarte así de ella? ¿Se te olvido que Levana no es de este mundo y le es difícil adaptarse?
—No lo culpen a Él— dijo Levana mientras dirigía una mirada a mi padre— Yo fui la que salió sin esperarlo y pues me perdí. La suerte es que Alexander vivía por allí.
—Muchas gracias joven, pero ¿Cómo es que sabes tanto de mi hija?
—La escuche cantar en la universidad, además de que no cualquiera tiene esa apariencia. Soy un Atlante que logró escapar justo antes de que Stephan se proclamara Rey y mientras iba de reino en reino, escuche el rumor de que la princesa y su madre lograron escapar con ayuda de una Pixie, así que me dispuse a buscarla y así poder servirle a mi verdadera Reyna— dijo mientras tomaba la mano de Levana y la besaba, haciendo así que esta se sonrojara.
Sin esperar más explicaciones, me fui del salón y me encerré en mi habitación, mientras sentía como mi furia crecía, haciendo que de mis manos empezaran a salir pequeñas chispas electicas.
—Yo siendo tú me calmo, a menos que quieras que todo esto se vuelva chatarra— detrás de mí se encontraba Alexandra la cual tenía una mirada muy seria.
— ¿Qué haces aquí? ¿También vienes a decir que hago mal mi labor como guardián de su majestad?— dije sarcásticamente, al mismo tiempo que intentaba calmarme.
—Pensaba venir a eso, pero vine por algo más importante.
— ¿Qué paso? ¿Tiene algo que ver con ese tal Alexander?
—Puede ser, pero a lo que vengo es, que se ha detectado una extraña energía oscura dentro de Levana y puede ser muy peligroso, es un hechizo, un hechizo muy oscuro.
— ¿Qué tanto?
Puede destruir a la Levana que conocemos y crear una más despiadada y sin miedo a matar.