Capítulo 17

2630 Words
Levana (Ayla) No sé si fue buena idea todo eso de ser novia de Alexander, pero creo que merece una oportunidad. Él ha estado muy pendiente de mí en estos días y me ha cuidado (Cosa que quien debería no lo ha hecho), claro que no es muy cómodo escuchar todo lo que dicen de nosotros o directamente de mi como de que me acuesto con él, o que le soborno para mis notas, entre otros, pero le hago oídos sordos, ya que lo importante es lo que yo en verdad creo y no lo que los demás piensen de mí. —Alex, ¿A dónde vamos?— dije al ver cómo me guiaba a su auto. —Es una sorpresa cariño— su manera de llamarme y su mirada no me hacía sentir muy cómoda que digamos, pero como siempre no dije nada. Aún no muy convencida le seguí. Llegamos al auto y Alexander hizo que subiera a él. Dentro del vehículo había un pequeño estuche de oro con una cerradura. Él me entregó el estuche, le di un vistazo y lo abrí. En su interior había un precioso collar con perlas con broche de plata a juego de unos pendientes. — ¿Este es el regaló? —le pregunté desconfiada. Él asintió seductor —Gracias es espléndido. ¡Me encanta! —exclame maravillada dándole un gran abrazó. Alexander me tomo de la cintura y con delicadeza me beso en los labios. Sus besos se empezaron a intensificar y empezó a bajar por mi cuello y de un momento a otro lo empezó a morder hasta que lo hizo con brusquedad con brusquedad, gemí por el dolor y abrumada lo detuve. — ¡Basta! —vocifere un poco asustada, alejando a Alex de mí. —Disculpa pero aún no estoy preparada, esto es demasiado para mí —confesé acariciando sus mejillas en un intento de tranquilizarlo. —Shh tranquila cariño, entiendo —musitó Alexander aunque parecía que estaba aguantando su enojo —pero bueno. ¿Te ayudó a poner el collar? —Emm ¡Claro! —accedí sonrojada. Soy un tomate completo —pero también quiero que me hables de ti, bueno casi no te conozco —Alexander me ayudó a ponerme el collar y luego beso mis labios. —Será un placer amor mío. Alexander y Levana se mantuvieron en el auto unos minutos más. Ambos se dedicaban pequeñas miradas, aunque la chispa de Maldad en Alexander aún era presente. Mientras tanto en el olimpo, Zeus regañaba a su hija, por haber roto las reglas (como siempre) Alexandra, solo se disculpó y con persuasión disimuló tristeza. — ¡Alexandra! —Exclamó Zeus al ver como su hija, observaba los límites del olimpo, sumergida en sus pensamientos —mira, no sé qué te sucede. Un día estas bien, te comportas como una verdadera semidiosa y al otro, solo te conviertes en una chica inmadura y cobarde ¡es el colmó! —gritó enfurecido, levantándose de su tronó y dirigiéndose hacia ella. —Lo sé, pero ¿Qué importa? Nunca eh sido un ejemplo a seguir, en realidad solo soy una ilusión —confesó despreocupada Alexandra alejándose de el – solo soy una simple chica a la cual se le ha propuesto ser la ayudante de la princesita del mar. Zeus hizo un gestó enojado, su hija siempre le había dado problemas, pero aquello superaba los límites. Alexandra tenía un futuro brillante sin duda, pero ya nada le importaba. Así que Zeus dejó que toda su furia se desatará. — ¿Sabes que cariño? Te enviaré un tiempo, con tú tío Hades. Tal vez el logré hacer que cambies de actitud —anunció Zeus demasiado ¿cariñoso? Aquello hizo que Alexandra desconfiara. ¿Por qué su padre la enviaría al averno? Ella solo había roto algunas reglas, pero nada más. Era simplemente una decisión errónea, pero sin embargo Alexandra solo se limitó a asentir. Ella siempre ayudaba a su padre ¡incluso cuando no tenía ánimos! Pero él nunca le prestó la atención necesaria. Alexandra solo quería un poco de amor. Zeus convocó un rayo que se dirigió hasta Alexa y la transportó al averno. Al llegar Perséfone ya la estaba esperando, con la sonrisa más hipócrita posible. — ¡Al fin llegas! Te estuve esperando —simplificó con descaro besando a Alexandra en la mejilla —pero quita esa cara, este lugar no es tan malo, tranquila te gustará. Alexandra susurró un impropio y luego fue hasta la oficina de Hades. ❄❄❄ Levana disfrutaba de la música que tanto amaba mientras Mía se acurrucaba sobre sus piernas. Ambas como madre e hija, demostrando todo su cariño. Con brusquedad Elián irrumpió la tierna escena y tomando a Mía en brazos se dirigió a la puerta. —No quiero que te le vuelvas a acercar a ella —susurró — Yo te amo Levana, tal vez tú no me quieras, pero siempre te llevaré en mí corazón. Te amo princesa del océano, pero mientras estés con Alexander no dejare que te acerques a mi hija —admitió Elián. Como si su vida dependiera de ello y en sus ojos se podía notar una gran furia. Levana se levantó enojada se intentó quitarle la niña a Elián, ya que estaba completamente alterado y parecía fuera de sí, además de que Mía se estaba asustando. Al darse cuenta de lo sucedido, Elián sintió como la marca en su pie desaparecía poco a poco, dejándole así la sensación de un vacío. Levana suspiro incrédula y respondió: —Sinceramente no sé qué decir, tú ya habéis hecho lo suficiente para que no te quiera en mí vida y además ya tengo novio —se excusó Levana intentando ser lo más compresiva que podía —pero podemos ser amigos, ¿Qué te parece? – Algo dentro de Levana le hacía decir todo eso, era más como si le hicieran sentir todo eso, además de que en ese momento llego a su mente cuando él dijo que tenía una relación con Ashley— Y no sé cómo es que dices estar enamorado de mi cuando tú mismo dijiste que eras novio de Ashley. Elián en ese momento sabía que si desmentía lo del noviazgo con Ashley, quedaría como un idiota en frente de ella, por lo cual no lo negó ni lo afirmo. —Eso es diferente, ella no es como Alexander, él no me da mucha confianza. Todavía no puedo creer que seas novia de él, no te creía tan estúpida— Elián parecía no enterarse de cómo se estaba sintiendo Levana al escuchar lo que él decía— Puede que después de todo sea verdad lo que dicen de ti por los pasillos. Puede que te eses ganando unos puntos extras al salir con él. Es una suerte que tu padre no esté aquí, se sentiría muy decepcionado. Levana no dijo nada, solo se quedó escuchando sintiendo como poco a poco su corazón se estaba rompiendo y algo oscuro la llenaba, de sus ojos salieron dos lagrimas que ella no intento ni siquiera quitarla y solo susurro un pequeño “Lárgate” dirigido a Elián. Cuando Elián vio las lágrimas de Levana, supo en ese momento que no debió decir nada de eso, pero ya era tarde, cada vez que quería decir algo a ella siempre decía lo peor, por más que el intentara lo contrario. — ¿Mami? ¿Estás bien?—murmuró Mía irrumpiendo el incómodo silencio que se instaló entre ambos. —Salgan de mi habitación por favor— ellos no lo notaron, pero Levana estaba haciendo su mayor esfuerzo por no explotar en ese momento, ya que si lo hacia todos saldrían lastimados. Elián y Mía se sorprendieron por la simple manera en que se lo pidió, pero al no querer tentar más la suerte salieron, sin darse cuenta que el simple collar de perlas blancas que tenía una, una de las perlas se oscureció. ❄❄❄ Mía abrazo a su peluche de felpa y un poco triste, se tumbó sobre su cama. Ella era la representación viva de la ternura, sin duda la pequeña merecía a los mejores padres del mundo. Aunque ya los tenía y no se arrepentía de ello, porque estaba llena de cariño por dar, pero se sentía muy triste al ver lo que pasaba entre ellos. Su tristeza era tan grande que sin aguantar más de su boca salieron pequeños sollozos y desahogándose así cerro sus pequeños ojos y se quedó dormida a la espera de Morfeo, quién cuidaría sus sueños. ❄❄❄ Rosaura se sentía muy preocupada por su hija, ya que se notaba su cambio de actitud que estaba teniendo y aunque era la misma con ella, no se sentía del todo segura de que era la misma Levana de siempre. Ella se dirigió a la habitación de Levana, pero se sorprendió al verla vestida de forma tan oscura, obvio que su hija era amante de esos colores, pero al ver su pelo n***o sabía que eso ya no era normal. —Hija ¿Estas bien cariño?— tenía miedo, la pobre Rosaura tenía miedo de su propia hija. —Claro madre ¿Por qué no lo estaría?— Un aura oscura era desprendida de ella haciendo que un sentimiento de temor hiciera retroceder a Rosaura— Me siento mejor que nunca. Justo en ese momento Levana sonrió de manera siniestra y un extraño humo n***o la rodeo haciéndola desaparecer. Rosaura no aguanto más y fue a buscar a la única persona que podía ayudarla. Elián luego de escuchar todo lo que Rosaura y sin pensarlo mucho llamó a Isabela, para saber si tenía una idea de lo que estaba sucediendo. —Isa ¿Qué pasa? ¿Por qué Ayla desapareció? ¡Responde j***r! —interrogó asustado. La sensación de vacío ya era palpable. Isabela se tomó unos minutos para analizar la situación y con ímpetu respondió: —Levana desapareció —afirmó causando que Elián se golpeara la cabeza desesperado todo indica que alguien con mucha magia y poder la s*******o y creo saber quién es continuó Isabela revisando los libros en busca de pruebas. —Dime ¿Quién fue el maldito que la s*******o? —preguntó Elián. Sus ojos demostraban furia absoluta. —Alexandra; ella es la única que pudo hacerlo. Hay rastros de hielo en la habitación y Alexa es la “semidiosa del hielo” como muchos la conocen —admitió pensativa —solo no logró saber cuál fue el motivo. ❄❄❄ Desconocido Alexandra recita una especie de poema/hechizo para que Levana revelará la verdad, oh más bien para obtener venganza. ~ ¡Victoria! ¡Victoria! Oh gran mar, derramar su sangre ante mí. Ya nada os salvará princesa Levana. Sois un desastre y ahora conocerás el mismísimo averno ~ Al terminar de decir eso, Levana trató de escapar pero con agilidad Alexander la encerró en una burbuja de tortura. Las burbujas de tortura fueron diseñadas para que las almas malditas del averno pagarán su condena, pero aquellas burbujas también hacían que poco a poco, las esperanzas se esfumaran. Ayla gritó, arañó y se desesperó hasta el punto de hacerse dañó. Pero aquello era uno de sus menores problemas, pues la burbuja ya empezaba a asfixiarla. El canto de los cuervos solo aumentaba la tensión. Mientras Alexander intentaba poseer por completo a Ayla. Las ráfagas de viento soplaban descontroladas, el fuego se tornó de color azul y de pronto un rayo cayó desde el olimpo. Pero claro, lo detuvo antes de que el extraño rayo lograra su objetivo. —Alexander debéis terminar con esto de una vez por todas, ya sabéis que hacer linda —le ordenó, mientras Alexandra intentaba salir del control que el desconocido tenía sobre ella pero al no poder librarse sin tener ningún cambio a favor acepto. —Ok Alexander tomo una navaja de oro puro, la debilidad de las sirenas, con cinismo se acercó hasta Levana y empezó a torturarla. Este paso la navaja por todo el cuerpo de Ayla, provocando que varios moretones aparecieran. Luego hizo un corte en su abdomen, y comenzó a cortar la angelical cara de la princesa Levana. Ambos se miraron y en ese momento Ayla sabía lo que estaba ocurriendo —Te matare con mis propias manos —antes de caer en la inconsciencia. La sangre de Levana inundó la estancia, manchando la preciosa alfombra de Perséfone, la cual sin poder decir nada, ya que estaba amarrada junto a Alexandra y un Hades inconsciente. ❄❄❄ Elián caminaba desesperado en busca de su gran amor. Pero sin resultado alguno se tumbó sobre el pisó. Golpeándose por ser tan idiota y no cuidar de Levana. ¡Ella era su musa! Él se sentía terrible, así que conteniendo su frustración volvió a renovar la búsqueda. No se daría por vencido tan fácilmente. ❄❄❄ En el olimpo la situación eran aún peor, absolutamente todos los dioses y semidioses discutían. Algunas esferas de fuego, hielo, viento fueron lanzadas ¡He incluso Artemisa se unió a la guerra! Ya nadie era consciente de que estaban creando un gran conflicto. Pero no les importó, solo continuaron discutiendo. Hasta que el innombrable hizo acto de presencia. Zeus estalló de la furia y sin pensarlo le lanzó un rayo, que si no hubiera sido porque su hermano era inmortal, ya no tendría vida. —Quiero saber qué demonios está pasando —aceptó Zeus cruzando los brazos —Ese niño idiota, no tienen escrúpulo. Está haciendo una tontería, sin importarles las consecuencias. —No es que te odié, es que eres un maldito bastardo ¡Largo de aquí! Artemisa se dio un poco de tiempo más y calmó a los demás dioses y semidioses. No podían proseguir así. Lo que nadie noto es que entre todos ellos estaba la verdadera persona culpable de todo. ❄❄❄ Elián: Los susurros del viento me llevaron hasta el mar, sé que es un territorio peligroso, pero ya no importa, solo quiero recuperar a mí princesa. Algunas sirenas aparecieron, se intentando hablarme pero no les entendía, hasta que una entre la multitud apareció con una extraña concha y me la dio. La extraña concha empezó a brillar justo cuando la tome en mis manos y enseguida me transporto a otro lugar. Una cascada, multitud de sirenas, una perla gigante y al parecer una ciudad se levantaba sobre el océano. ¿Sería está la tan mencionada Atlántida? La ciudad pérdida. Me quedé pasmado, estupefacto y con la boca abierta, creo que en cualquier momento las babas se me saldrán. En fin, disimulando mi nerviosismo ¿Nadé? Hasta el palacio, pero los guardias me detuvieron y me llevaron hasta los calabozos. ¡Fantástico! ¡Ahora soy un prisionero! ❄❄❄ Desconocido —Alexander ¿Ya hiciste lo que te pedí? —le dije al cobarde —frote mí barbilla pensativo y lo obligue a responder. —Sí. Ya todo está arreglado mí señor —respondió taciturno. ❄❄❄ Las manos de la soledad inundaban todo el océano, era evidente que nada estaba bien. El gran dios Poseidón reposaba durmiente sobre su cama de agua, tan sereno, tan magnífico como si en algún instante fuera a despertar, más eso no sucedió. Y todos perecerían, solo los cánticos se escuchaban. La tenue melodía, empezó danzante sin fin alguno, esperando un susurro de su princesa y su príncipe, de ambas almas destinadas, esperando hasta renacer como una nueva luz. Sin destinó ni impedimentos. Anhelando un descansó y que los problemas cesarán. ~Oh dulce melodía, Qué imponente navega desde los mares… Oh largó delirio, Qué con delicadeza se esfumó. Sin alma, ni una esperanza. Sin nada que lo arreglará. Oh sagrados dioses ¿Qué os harán? ~
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