Realizar mi trabajo se me complicaba con Andrea, la violadora de hombres, de por medio, cada vez que tenía oportunidad se acercaba a mi escritorio para insinuarse, con su indiscreto escote. Con los nervios de punta esperaba el momento de que fuera la hora de salida. Sabía que Jean no llamaría, no lo hizo antes, ¿por qué lo haría en ese momento? Desde aquel día, el que no paraba de llamar era el camarero bonito, el chabón era muy insistente, insistía para que fuera a su casa y en todas esas veces me sentí tentado a ir con él, y con esa excusa saciar mis necesidades físicas con su cuerpo y burlar a la soledad, pero no era lo que en realidad deseaba. Para sacarme todo eso de la cabeza, me forcé a distraerme con otros asuntos; quería armar una nueva pecera, y quería comprar peces nuevos. Más

