Daré lo mejor

1284 Words
~Daphne~ Abrí mis ojos y me incorporé exasperada. ¿Qué demonios? Desperté en una habitación desconocida... Observé detalladamente cada rincón, pero nada me resultó familiar. ¿Qué carajos ha pasado? De pronto, flashbacks llegaron a mi mente como balde de agua fría. Oh no... ¡Oh no! ¿Me dormí en el despacho del Alfa? ¡No! Nada puede ser peor que cometer un error delante de sus narices. ¿Y ahora qué? A pesar de su rechazo, mi cuerpo no pudo evitar relajarse por el embriagante aroma impregnado por toda la habitación, me ablandé demasiado. Pero no podía controlarlo... Solo recuerdo, que su tacto en mi mejilla fue tan bueno que estremeció todo mi cuerpo, además de calmar el punzante dolor del golpe, que aún persistía. ¿Se habrá dado cuenta? Y si se dio cuenta... ¿Qué? Tal vez no movería ni un solo dedo, con lo terco que es. Mientras mis pensamientos fluían, el llamado a la puerta y una voz conocida aparecieron. -Soy yo, Lucas... ¿Puedo pasar?- Acomodé un poco mi aspecto desaliñado y afirmé con un 'Sí'. Acto seguido, el beta entró. Un silencio incómodo se creó, mis preguntas eran demasiadas, pero decidí formular las más importantes. -¿Dónde estoy?- -Estás en una de las habitaciones menos recurrentes, ya que no sabíamos dónde te hospedabas, el Alfa decidió darte este cuarto- Mis ojos se abrieron de par en par… ¿Jhon se preocupó? No... Imposible. -¡Mate si nos quiere! Nos dio un lugar donde vivir, ¡Se preocupa por nosotras!- Blair chilló repentinamente. -¿Entonces puedo quedarme aquí?- Debo confirmar si realmente puedo ocupar este lugar, y aunque es sencillo, tiene todo lo esencial para vivir cómodamente. -'Solo hasta que el contrato termine' fueron las órdenes del Alfa- Al escuchar eso, la poca fe que tenía se desmoronó. -Él solo dice eso porque está confundido... ¡Él nos quiere!- Repitió una vez más mi loba exasperada. No le presté mucha atención a su comentario sin fundamentos, pero esas palabras seguían repitiéndose en mi cabeza... ¿Nos quiere? ¿Se preocupa por nosotras? ¿Puede haber una oportunidad entre nosotros? Una parte de mí se sentía estúpida por mendigar amor, pero otra, quería luchar por el único vínculo que me quedaba en esta solitaria vida. Ridículo ¿Eh? -Señorita Rossi, además... me gustaría charlar con usted- Ese tono y esa postura... -Si no me equivoco ¿Se trata de los documentos que presenté ayer?- Un ápice de sorpresa recorrieron sus iris por un segundo, sin embargo, lo escondió con gran habilidad. No hace falta decir que me fue fácil deducir sus pensamientos. -Exacto... Y me gratifica decirle que su análisis fue correcto- Me contente al saber que mi esfuerzo valió la pena. -Y su nivel de rapidez es algo que no se ve muy a menudo, así que desde ahora le entregaré parte de mi trabajo, dependiendo de su capacidad, puede llegar a dividir ocupaciones con el Alfa- Escuchar la última parte hizo que algo en mí quisiese esforzarse para llegar a ese nivel... Compartir con él... No suena mal. -Entiendo. ¡Daré lo mejor de mí para que esta manada sea la principal!- Lucas esbozó una gran sonrisa sarcástica. -¿Qué pensaría el rey Licántropo si te escuchara?- Me sonrojé de la vergüenza... Es verdad. Todos nosotros, y las manadas de los alrededores, somos hombres lobos, gobernados por los licántropos, seres superiores y reyes por sangre. No solo su fuerza es superior, la palabra los afecta en todo el sentido. Pues a diferencia de nosotros, que si nuestro compañero fallece o nos rechaza, somos capaces de compartir con alguien más... El lazo de ellos es tan fuerte que si llegase a sucumbir su pareja predestinada, la euforia y tristeza es tan grande que luego de destruir el mundo, se destruyen ellos mismos por la incapacidad y ruptura del lazo, culpándose ellos mismos... Así de fuerte es. Un vínculo tan emocionante y especial, pero al mismo tiempo, destructor y opresor. Además de su fuerza descomunal que se compara a cinco hombres lobo, dejan de envejecer a sus 25 años, por lo que viven muchos años, cientos diría yo. El hecho de mencionar que haría de nuestra manada una de las superiores, es como enfrentar directamente al rey, así que debo de tener más cuidado con mi vocablo. Recordando un poco los antiguos testamentos, actualmente, el nuevo rey no tiene mucho de qué hablar, su gobierno no es tan calificado para el puesto que se le concedió, pues no aprovecha muy bien los recursos favorables. Por otra parte, hace algunos años, antes de que yo llegase aquí, se hablaba del destierro del heredero legítimo al trono, las criticas respecto a él eran buenas, todos anhelaban su ascenso a rey, sin embargo, algo extraño sucedió y el destierro le llegó. Lo que pasó en el castillo es un secreto de alta confidencialidad y un tabú. Se tiene prohibido recordar o siquiera mencionar su nombre. Lo único que se sabe, es que huyó a tierras lejanas. Su hermanastro, el actual rey, tomó el poder. De aquel joven solo se tienen fotos de hace años, y se desconoce su paradero actual, solo sé por los rumores, que tenía iris tan dorados que te envuelven con su deslumbrante rocío otoñal. Poco puede importarme. -Siento lo de ahora... Yo solo quiero que la manada sea la mejor- Me sincere. -Gracias por el esfuerzo, señorita Rossi- Dijo con una leve sonrisa de satisfacción. -Por favor, solo llámame Daffi, me sentiré más cómoda- -De acuerdo, 'Daffi'- Sonreí con aprobación al escuchar ese viejo apodo. -Antes de que te vayas, ¿Puedo saber quién me trajo hasta aquí?- Mi curiosidad ganó de nuevo. -Fui yo, el Alfa estaba un poco molesto por...- -Entiendo- Mi buen ánimo se desplomó. -Por favor, deme una hora para terminar con mis obligaciones y me incorporaré de inmediato al trabajo- -¿Sigues haciendo las comidas?- -Sí... ¡Por favor no se lo diga al Alfa! Si abandono la cocina, definitivamente se darán cuenta de que algo no está bien- -Bien, pero... Por favor que el Alfa no te vea- -¡Gracias!- Incline mi cabeza por respeto, y aunque lo detestaba, mi loba estaba de acuerdo. -Te espero entonces- Dijo y se marchó. Bien... Aún no eran las 6, pero ya tenía que estar en la cocina. Refresqué mi rostro con agua fría y bajé tan rápido como pude, no sin antes ir a mi escondite y cambiar las ropas desaliñadas. Pensé que todo estaría bien... Que equivocada que estaba. Apenas logré poner un pie en la cocina, un chapuzón de agua helada cubrió mi cuerpo. Sentí como inmovilizaban mi cuerpo desde atrás. -Cuánto tiempo, preciosa- Reconocía esa voz hasta en mis sueños, nunca podría olvidar aquel rostro de gusto que disfrutaba de mi sufrimiento. -¿Qué quieres ahora? ¿¡No has tenido suficiente ya!?- Recordé las cicatrices que el agua hirviendo dejó en mi brazo, las marcas filosas en mi espalda, y los moratones que recién se desvanecían... Forcejeé inútilmente, una vez más, habían inyectado acónito en mis venas. ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡¡Debí prevenir esto!! Nadie hizo nada, se limitaron a observar... Mi visión se nubló, pero no perdí el conocimiento. Me esforcé para mantenerme en pie, no podía desmayarme, ¡No me arriesgaría a que me maten! No obstante... el sujeto que me sostenía usó otra dosis de acónito al notar mi persistencia. El líquido esta vez era más doloroso, tan tormentoso que preferiría estar dormida. Mi cuerpo sucumbió. -Esta vez soportó más dosis de lo habitual, deberíamos aumentarlas- La voz ronca de ese hombre daño mis tímpanos.
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