La propuesta de mi abuelo era algo que quizás antes me había sorprendido, pero ahora en definitiva lo único que me causaba era nada. —Si mi mamá quiere ir a vivir a la jaula de oro que tienes por casa, no la pienso detener. Pero en mi caso declinó la invitación por completo. —¡Finn! —Mi mamá me miró con dolor —no puedes hablar de esa manera, estás siendo injusto con tu abuelo. —¿Injusto con él? ¡Fui a rogarle de rodillas que me ayudara con tu tratamiento y a él no le importó que su única hija estuviera enferma! Me dolía ver que tenías tantas dolencias y no poder ayudar a que te aliviaras. Si en estos momentos te encuentras bien es porque aquel doctor se compadeció de nosotros y decidió atendernos antes de tiempo. —¡Eso es falso! Si ese doctor nos ayudó fue porque tú… —¡Alicia! —Mi abu

