—¿Qué haces aquí? —Cubrí mis zonas íntimas y cerré la regadera—¡Sal en este momento! ¿Acaso no puedes ver que me encuentro desnuda? —Claro que sé que te encuentras desnuda —él se acercó a mí y puso su chaqueta a un lado y me observó detenidamente. —¡Deja de hacer eso! Aquí el único que puede entrar es Finn, él es quien me ducha. —Tú me dijiste que era libre de hacer lo que quisiera, así que deseo estar aquí. Además, es necesario comprobar algo. La mano de Alessandro tomó la mía y la apartó de mi zona baja. Me crispé en el momento que sentí que sus dedos se deslizaban por mi intimidad y cuando tomó mi clítoris por poco me caigo de no ser porque él me sostuvo con su otra mano y me apoyé de sus hombros. —Calma querida, esto es para que lo disfrutes y no para que te vayas a matar. En el

