Es nuestra última noche.
Se acabó el juego de dos extraños.
Nuestra pequeña tregua.
Quizás esa es la razón por la que he querido alargar esto, sé que es estúpido porque no tenemos nada en contra para ser extraños. Si queremos podemos estar juntos, pero no es así, ambos tenemos prejuicios que nos impiden dar el todo por el todo.
Y soy de esas personas que siempre ha pensado, si no puedes darlo todo, mejor no de nada. Estoy dando por hecho que sigo sintiendo algo por él, y será raro negarlo porque he descubierto que dentro de esa fachada continúa estando el hombre del que me enamore, pero por una extraña razón lo disfraza, es como si ser ese hombre lo hiciera débil. No sé qué siente por mí, pero yo, en mi mente, puedo aceptar que hay sentimientos de por medio.
Como una película o un libro cliché estamos cenando en un restaurante. No cualquier restaurante, uno a la luz de la luna al lado del muelle en el que estuvimos hace dos días. La luna se refleja en el lago mientras las estrellas solo puedes verlas si levantas la mirada al cielo. La mesa tiene algunos pétalos de rosas y algunas velas aromatizantes. El vino no puede faltar y menos la comida.
No hay muchas personas, supongo que el hombre frente a mí ha decidido alquilar el lugar solo para nosotros, no me sorprende, lo hizo algunas veces en el pasado.
—Emma…
Parpadeo un par de veces concentrándome en él.
—¿Ah…?
—¿En qué piensas?
No puedo decirle que extrañaré sus atenciones.
—En Julie. —Miento.
—Ella está bien.
Sé que lo está, confió en su capacidad de cuidarse.
—Soy madre, eso es todo.
—Entiendo.
Este hombre que tengo frente a mí me da nostalgia porque es el hombre más trasparente que puedo ver. Sigo sin comprender como puede cambiar de actitud tan rápido, ni siquiera Gael lo hace. Es un hombre serio y de ahí no sale, mientras que Manson es un hombre elegante, pero también puede parecer un pordiosero, puede ser un hombre amable, pero también frío, puede ser cariñoso, pero como ama, odia y todo eso en un par de minutos.
—Dime lo que tengas que decir.
Al mal tiempo darle prisa.
El hombre frente a mí me observa por un par de minutos.
Toma entre sus manos mi mano, la que tengo encima de la mesa, la lleva a sus labios y la besa con tal delicadeza que me enternece el corazón.
—Quiero que hablemos mañana de todo.
Sé que quiere decir cuando se refiere a todo.
—¿Por qué no ahora?
—Porque no quiero arruinar el momento. —Susurra luego de soltar mi mano.
—¿Acaso aclarar las cosas es arruinar el momento?
—Sabes bien a lo que me refiero.
Lo sé, pero no puedo soportar que me siga viendo como la villana.
—Bien, nos vemos en el restaurante. —Me pongo de pie.
No puedo seguir aquí, no puedo acostumbrarme a esto porque duele.
—Emma…
—No faltes.
—No lo haré. —Asegura.
—Te daré un voto de confianza.
Esta vez está hablando mi verdadera versión. Emma Briand le está dando un voto de confianza después de muchos años. Mi corazón sigue latiendo por él, no me gusta esa idea, pero así es… no importa lo que mi corazón sienta, mi cerebro tendrá la razón.
[…]
Espero tratando de parecer paciente mientras tomo una taza de té luego de que Julie se fuera. Las cosas han empezado a ponerse tensas y sé qué tiene que ver con mi pasado. Mi pequeña ha estado marcando un pequeño muro, pero es que no tengo el valor de hablar con ella de eso, a veces creo que estoy siendo egoísta, pero no puedo ver dolor en sus ojitos.
¿Eso me hace mala?
—¿Emma…? —esa voz.
Ay no.
A veces uno se siente tan invencible que cree que no hay nada en la tierra que te golpeé, por desgracia siempre abra algo que hunda. Todos los días trato de recordarme que no soy la mujer fuerte que trato de aparentar, pero hay veces que me siento tan poderosa que me es imposible pensar en la chica de hace años, por desgracia esa voz me trajo de regreso, trajo de regreso a la joven de hace años.
Trago grueso al mismo tiempo que levanto la mirada intentando no demostrar mi miedo. No obstante, por dentro estoy que tiemblo, cada recuerdo de aquella noche se presenta en mi mente a punto de enviarme a un colapso.
Ya no hay bonitos momentos, solo lo malo que hizo.
—¡Hola! —exclamo con fingida emoción.
Sé que nota el desagrado en mi mirada y en cada una de mis facciones, pero como el imbécil degenerado que es ignora mi incomodidad y termina sentándose frente a mí donde hace unos minutos estaba mi hija.
¿Por qué tengo fingir que me agrada?
¿Por qué tengo que olvidar lo que me hizo?
Desgraciado mi padre, que aún tiene efecto en mis actos.
—¿Cómo has estado? —cuestiona como si fuéramos los amigos más íntimos que se encuentran luego de muchos años.
Llevo mi mano de forma relajada a mi taza.
—¿Y eso le importa? —cuestiono demostrando que su presencia no es deseada.
Intenta llevar su mano a la mía, por lo que la aparto con rapidez. Lo que quiero hacer es levantar mi mano y estamparla en su rostro hasta voltearle la carátula y de ser posible que su cabeza ruede por todo el continente.
—Por supuesto que sí.
Suelto la risa, una que carece de gracia.
—¿Y piensas que me crea eso? —cuestiono con ironía.
—Emma…
—Estoy esperando a alguien, es mejor que se marche. —Corto su discurso barato.
—¿Por qué tan tosca?
¿Y todavía tiene el descaro de preguntar?
¿Qué tiene la vida en mi contra?
Cuando deseo empezar y olvidarme de todo por completo, cuando decido dejar el pasado, llega él. ¿Acaso le he hecho daño a alguien para que la vida me golpeé de esta manera?
—¿Y todavía preguntas?
—¿Es por lo que paso aquella noche?
Ahora sí que las ganas de ponerme de pie y propinarle un golpe es más fuerte, quiero voltearle el mascadero. ¿Está mal que quiera verle su rostro lleno de sangre?
¿Cómo se atreve a preguntar eso?
Por su culpa mi matrimonio se acabó, por su culpa fui denigrada por mi familia, por su culpa no sé cómo enfrentar a mi hija.
¿Qué espera que haga? ¿Qué lo reciba con un beso y un abrazo?
Juro que si fuera verdad todo lo que dicen de Danna le pediría que me prestara su arma y yo mismo lo mataría con mis propias manos. Una escoria como él no merece respirar, ningún violador merece vivir.
—Lo mejor es que te vayas. —Advierto.
—Emma…
Miro, el reloj ha pasado más del tiempo que le di.
¿Acaso no vendrá? ¿No era que quería que habláramos? ¿Por qué me sigue sorprendiendo? Estamos hablando de Manson, el hombre más cobarde.
¿Por qué me siento decepcionada?
Porque estas tres noches que compartimos fueron maravillosas y mi parte romántica esperaba que quizás pudiéramos arreglar las cosas. Tal vez no que termináramos casándonos, pero sí quizás una relación tranquila.
—No esperas que nos comportemos como los mejores amigos, luego de la bajeza que cometiste. —Suelto con odio.
—Emma… —mi nombre se siente sucio siendo pronunciado por su cochina boca—. Me enteré de que eres una mujer exitosa, eso me hace muy feliz.
Aprieto con fuerza el vaso de vidrio que hay en mi mano.
Prefiere concentrarse en lo que le interesa.
—¿Y por eso ha decidido aparecer frente a mí? —cuestiono con sarcasmo—. No me sorprende si esa es la razón.
Algo en su mirada me dice que su presencia en este lugar no es una casualidad. Si fuera casualidad, el tono de su voz al verme tendría que tener sorpresa, pero no, su tono de voz era de alguien complacido.
¡Ay Mina!
Que no sea lo que estoy pensando porque juro que no te lo perdonaré nunca hermanita. Puedo pasar cualquier cosa de su parte, pero que me envié a este hombre no.
—Se te olvida que soy de una familia acomedida.
Enarco mis dos cejas al mismo tiempo que sonrió de lado con cinismo y odio.
—¿Acaso el dinero no se acaba?
—A nosotros jamás.
—Si como no. —Suelto con fastidio—. Si esa no es la razón, entonces, ¿Cuál es el motivo de que mis ojos se deleiten con tan acomedida y distinguida persona?
Por una fracción de segundo veo la molestia en sus ojos, no le agrada mi comportamiento. ¿Qué esperaba el hombre? ¿Qué le invitará una taza de café y compartiéramos historias?
—Tienes una hija hermosa. — El imbécil decide qué ir, por otro lado.
Hasta ahí todo estaba bien.
—¿Ahora quiere que hablemos de mi hija? —ruedo los ojos—. ¿Pido algún pan y café en especial? ¿O tiene otro deseo su majestad?
Lo estoy cabreando, y sí, quiero que demuestre su verdadera cara.
—¿Cuántos años tiene?
¡No!
Esto es el colmo.
Trato de no mostrar lo mucho que me molesta esa pregunta, intento ocultar mis instintos asesinos, pero cuando se trata de lo más preciado en mi vida no soy capaz. Menos cuando es nombrado por una persona que no vale ni siquiera un centavo.
Con la cabeza en alto me pongo de pie al mismo tiempo que dejo el dinero de la cuenta en la mesa. No me voy a rebajar a su nivel, no voy a darle el privilegio de que vea miedo en mis ojos.
—Espero que pase tan buen día que se pierda de camino. —No pienso soportarlo y no pienso terminar en la cárcel—. Espero no tener que verle la cara nunca más, eso hará que mis ojos se sanen.
Sé que será casi imposible no verlo nuevamente, pero me gusta como suena esa frase, poderosa.