Capitulo Treinta y Siete

1157 Words
Acepto que una parte de mí, la inconforme, desea recrear cada uno de los momentos que nos faltó por vivir cuando estuvimos casados. Muchas veces hicimos planes para la luna de miel, pero su trabajo no lo permitió, muchas veces me prometió que iríamos a recorrer el mundo cuando se independizara, pero no lo logramos. Como ya dije, hay otra parte de mí que no está de acuerdo. En el pasado no era tan desconfiada como lo soy ahora, y cada acto de su parte me hace sopesar la idea de que solo quiere jugar con mis emociones. —¿Y la verdadera intención es…? —Emma, estoy siendo sincero contigo. Sonrío al mismo tiempo que tomo mi taza de té y la bebo. —Si quieres, puedes meterme los dedos a la boca y vemos si muerdo. —Tentadora la oferta. —Tenía que salir su lado sensual—. Pero en serio, no hay ninguna mala intención con lo que te estoy pidiendo. —Se me hace extraño que de la noche a la mañana quieras compartir tiempo conmigo después de todo lo que paso, más bien después de como todo termino. Puedo ver como se tensa. ¿Cómo espera enfrentar mi verdad, si hablar del pasado le molesta? —Solo te estoy pidiendo un fin de semana. —¿Y piensas que eso es poco? —de verdad que hoy no lo estoy comprendiendo—. ¿Acaso tú solo pides y yo acepto…? —arqueo mis cejas, no perdiéndome detalle expresivo de su rostro. —Emm… —No lo estás pidiendo de la mejor manera. Deja salir un suspiro, su mirada recorre el lugar, luego vuelve a mí. Que manía la de este hombre ver todo lo que sucede a su alrededor, la única forma de verlo tranquilo, es cuando nos encontramos en las flamantes fiestas o integraciones familiares de la familia Fonseca. —Solo quiero pasar un fin de semana contigo, quiero una tregua, que me permita conocer a la mujer que eres ahora. —¿Estás buscando cerrar ciclos? —cuestiono al mismo tiempo que arqueo mis cejas, su silencio me responde—. ¿Te vas a casar? ¿Por qué pregunte eso? No, esa no es la pregunta. ¿Por qué me duele el pecho imaginar que se casara? Es soltero, puede hacer lo que quiera con su vida. —No me voy a casar. Qué alivio. No. No puedo sentir alivio. —Está bien. ¿Qué puede salir mal? Que me vuelva a enamorar de él. Que él vuelva a dejarme. Que mi hija sufra. Ahora no solo estoy yo, también está mi pequeña. Manson sonríe como hace mucho tiempo no veía esa sonrisa. Es la misma sonrisa encantadora que me regalo la primera vez que hablamos. Sí, en mi mente están cada uno de los recuerdos que vivimos, buenos o malos, mi mente tiene grabado todo. El hombre que alguna vez ame se pone de pie y extiende su mano hacia mí. —¿Vamos? Miro su mano repetidas veces, luego su rostro y no veo razón para no entregarle la mía. Si lo pienso mucho me echaré hacia atrás, veamos a donde nos lleva. —Espero no arrepentirme de esto. —No lo harás. —Asegura. No me da tiempo de hablar, solo me jala de brazo conduciéndome hacia fuera del hotel. Ninguno dice nada, primero porque si digo algo arruinará la fachada de ser dos extraños. Veamos que nos tiene preparado este fin de semana. —¿A dónde vamos? —no puedo evitar preguntar cuando llevamos un buen rato en el coche. He visto el reloj en mi muñeca más de diez veces. —Si lo digo, dejaría de ser sorpresa. —No me gustan las sorpresas. Por un segundo, Manson aparta la mirada de la interestatal para observarme como si fuera un bicho extraño. Sí, la Emma del pasado amaba las sorpresas. Hoy en día no me gustan, creo que se me han pegado algunas costumbres de Danna como tener todo bajo control y las sorpresas no las tengo bajo control. —Esta te encantara. —¿Qué me darás si no me gusta? —Nada porque estoy seguro de que te gustara. —Ya veremos. —Ya los verás. Permanecemos otros veinte minutos en el auto hasta que se detiene. Antes de que haga lo que cualquier caballero hace, abro la puerta y salgo del coche a la par que él. Su mirada es reprobatoria, pero no pienso permitir que mi vida vuelva a depender de un hombre. Eso jamás. —Tú sí sabes cómo arruinar el caballerismo de un hombre. —Suelta rodando los ojos. —No necesito de un hombre. —Le recuerdo. —En cambio, yo sí necesito de una mujer. —¿Qué tal Camille o Hera? —suelto, sin razonar. La sonrisa del rostro de Manson crece como si fuera un pequeño que ha obtenido lo que quiere. —No cumplen mis expectativas. —Entonces debo suponer que eres un hombre exigente. Sacude la cabeza, pero no dice nada más. Me toma de la mano y me conduce por las calles hasta llegar a un pequeño muelle con algunos barcos y canoas a la antigua. Me llama la atención una pequeña canoa sencilla, pero bien decorada, decorada para una pareja de enamorados. —Vamos. Como lo ha hecho desde esta mañana, hala mi brazo hasta que estamos encima de la pequeña canoa que llamó mi atención. El único lugar donde me siento libre es estar cerca al agua y parece que él lo sabe. —¿Estás intentando impresionarme? —cuestiono divertida. —¿Lo he logrado? —Para nada. En realidad, sí lo ha hecho. Teníamos algunos días de habernos casado cuando le hable de que me gustaría navegar con el amor de mi vida, no en un barco como el típico cliché, sino en una canoa normal. Le hablé de la película de enredados, la escena cuando lanzan las linternas flotantes. Quiero llorar, pero no lo hago porque no quiero mostrarme débil. No quiero que vea cuanto me emociona, que no olvidara lo que le dije aquel día. Mis emociones están a flor de piel y sé que haga lo que haga ahora, mi corazón latirá tan fuerte y quizás mis brazos vayan a su cuello para calmar mi desesperado corazón. Me enamoré de él porque siempre me cuido, porque me protegió, porque me trato como si fuera lo más importante en su vida. Y ahora, en esta pequeña oportunidad, lo sigue haciendo. Sé que me protegerá durante esta semana, pero… ¿Y luego qué? ¿Todo acabará? No puedo depender de un hombre que me proteja, en realidad, no puedo depender de una persona que me proteja, soy yo quien debe protegerme. Este fin de semana me trato como si fuera el centro de su mundo y me gusto más de lo que debería.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD