Emma
El plan de anoche era terminar de emborracharme e irme a la habitación y llorar todo lo que no he llorado en años. Tengo tanto por lo que tirarme al suelo y suplicar por clemencia al creador. El caso es que esa era mi intención anoche, pero todo dio un giro de ciento ochenta grados cuando apareció él.
No estaba en mis planes terminar teniendo sexo salvaje con mi ex esposo, pero que le podemos hacer ambos nos teníamos ganas. Y ambos teníamos la misma idea, anoche aprovechar tanto como fuera posible para arrancarnos el deseo, pero a mí no me funciono. Mentiría si dijera que ya no tengo ganas de él; no obstante, soy consciente de que esto no puede seguir pasando y no porque no me guste o porque tengamos algo en contra.
Bueno, si hay algo en contra, no puedo tener nada con la persona que me señalo, con la persona que me dio la espalda cuando más la necesitaba.
¿Qué hubiera sido de mí o de mis hijos si Danna no nos hubiera ayudado? ¿Dónde hubiera terminado? ¿Sería una bulímica? ¿Estaríamos muertos? Esas preguntas son las que evitan que me rinda a sus pies como lo hice hace años.
¿Por qué estoy aquí entonces?
Porque quiero darme la oportunidad de aclarar todo para dar paso a una nueva etapa donde no tenga que ver esos ojos y que en ellos haya preguntas como: ¿Por qué ha cambiado tanto? ¿Dónde está ese bastardo? Quiero darme la oportunidad de tener una vida tranquila, sin cero resentimientos, una vida quizás donde podamos ser amigos. Donde podamos estar reunidos sin estar a la defensiva.
Él cree que no lo conozco, pero está equivocado, lo conozco más de lo que me gustaría aceptar. Sé cuándo piensa algo, sé cuándo sufre, sé cuándo quiere decirme que lo intentemos, pero que no lo hace porque recuerda lo que sus ojos vieron aquella mañana. He visto en esos ojos el deseo de hacerme sentir el dolor que le vivió, si tan solo supiera.
—¿Estuvo buena la noche? —cuestiona mi hija trayendo de regreso a la realidad.
Me quito los lentes de sol dejándolos al lado de la mesa.
La resaca es lo peor, no, lo peor es no poder haber llorado como quería, y lo mejor es que termine en los brazos de aquel hombre. Sí, no voy a ser hipócrita diciendo que no quería lo que paso anoche, no estaba tan tomada como para no ser consciente de lo que quería.
Bueno, si estaba muy tomada, pero soy consciente de lo que quería mi cuerpo.
—No quieres saber. —Julie me mira divertida—. Claro que quieres saber, ¿Por qué le dijiste a Manson donde estábamos? —no puedo decirle a mi hija que termine teniendo sexo con mi ex esposo.
—Porque creo que ya va siendo hora de que hablen.
No vamos a ir por ahí.
—Hija…
—¿Cuántos años han pasado?
—Jul.
Levanta las manos al aire.
—Solo digo, madre.
Sé que tiene razón ha pasado tantos años y yo no he podido avanzar. Sé que la razón es porque tengo miedo de que me lastimen, tengo miedo de volver a abrir mi corazón como lo abrí con él y caer nuevamente al precipicio.
Es momento de poner todo en su lugar y seguir con nuestra vida. Eso quiero pensar, pero no estoy segura del todo porque hay algo de ese hombre que me recuerda al hombre del que me enamore.
¿Acaso lo sigo amando?
Imposible.
—Es complicado, hija.
Sacude la cabeza en negación.
—No lo es, madre.
—¿Cómo estás tan segura? —cuestiono al mismo tiempo que pongo las manos en la mesa mostrándome relajada.
—No estoy segura, pero…
Dejo salir un fuerte suspiro mirando detrás de ella.
—No todo es sencillo, no todo es lo que parece.
—Mamá… a veces nosotros lo complicamos.
—Julie, no me meto en tu vida y no quiero que te metas en la mía de esa forma, no cuando se trata de mi vida amorosa. —Suplico—. Y menos cuando tenga que ver con ese hombre.
Asiente bajando la mirada a la mesa, sé que mis palabras han sido un fuerte golpe, sobre todo porque amo que me diga todo lo que tiene en mente, pero no puedo aceptar que me empareje con la persona que intento evitar a toda costa.
—Lo siento. —Vuelve a corresponderme la mirada—. Solo quiero…
—Sé lo que quieres, pero te pido por favor que en mi vida personal o amorosa no intervengas, no cuando no conoces toda la historia.
¿Por qué no puedo decirle a mi hija que ese hombre no es su padre?
—¿Puedes contármela? —Súplica en medio de desesperación.
Puedo contarle todo lo que quiera, pero no eso, porque no quiero verla llorar y que la causante sea yo. No quiero poner dudas en su cabeza, prefiero dejar que piense que mi ex esposo es su padre y no que puede ser producto de una violación, razón por la que Manson me abandono.
—Julie…
Levanta las manos en el aire mirándome seria.
—Me estoy cansando de los secretos madre. —Suelta poniéndose de pie—. Entiendo que puede ser difícil para ti hablar de un pasado que duele, pero entiende que ya no soy una niña, puedo comprenderte más de lo que supones.
¿Cree que no lo sé?
No hay noche que no me carcoma la cabeza buscando una forma de contarle mi historia, una en la que ella está involucrada sin que la lastime. Como madre siempre trataré de buscar la forma en la que pueda evitar todo sufrimiento.
¿Qué puedo decirle?
¿Qué mis padres me cerraron la puerta porque quede embarazada?
¿Qué Manson me dejo porque supuso que lo había engañado?
¿Qué tuve que elegir entre ella y su hermano cuando tenían a penas días de nacidos? ¿Acaso querer proteger a mi hija me hace mala madre?
—Julie…
—Iré a tomar un poco de aire, madre. —Intento ponerme de pie, pero niega—. Quiero estar sola, deberías aprovechar y hablar un poco con el innombrable.
No es porque sea mi hija, pero Julie aun cuando está molesta, sabe controlar su temperamento. No hay gritos, ni malas palabras, solo se ponen las cartas sobre la mesa, espera que luche y de no ser así se marcha con la cabeza en alto.
Ojalá y yo hubiera tenido ese carácter en el pasado.
Ojalá y todo fuera tan sencillo como parece.
—Hija… —estiro mi mano hacia ella mirándola con preocupación.
No me gusta cuando ella marca esa distancia, siempre me deja con mal sabor de boca porque tengo miedo de que un día no soporte tantas mentiras y termine por marcharse por completo. Tengo miedo de que, en un arranque de estos, desaparezca de mi vida.
—No te preocupes por mí, madre, tú disfruta. —Me guiña uno de sus ojos al mismo tiempo que se aleja.
¿Cómo puede mezclar el humor con el enojo?
La conozco tan bien que puedo decir que se fue muy molesta.
Sé bien a lo que se refiere con ese disfruta, pero no puedo contradecirla porque ya se ha marchado.
¿Qué espera?
¿Qué me reconcilié con Manson?
Eso no va a pasar, puede que la relación cambie ahora que me sincere, pero no habrá ningún tipo de relación más allá de lo que Julie piensa. Sé que es mi culpa que ella llegue a esa conclusión, pero no hay piedra ni golpe que destruya mi armadura y menos tratándose de él.
—Disculpa la demora. —Habla sentándose frente a mí.
Quisiera decir que no suelo mirarlo cuando lo tengo cerca, pero no puedo mentir. Trato de mostrarme indiferente cada vez que estamos a algunos metros, trato de demostrar que no importa nada de lo que tenga que ver con él, pero no. Cuando lo veo con una mujer duele y quizás es porque muchas veces soñé que me llevara a esos encuentros de trabajo, nunca lo hizo.
Quizás no fui tan importante para él.
Bien, aquí está, por fin hablaremos de frente.
—Estaba a punto de marcharme. —Miento.
No voy a decir que estaba ansiosa porque estuviera presente.
—Gracias por esperar.
—¿Y bien qué quieres saber? —no puedo evitar sonar tosca.
Hay cosas que no puedo evitar controlar.
El resentimiento que siento hacia él es una de ellas.
Toma la mano que tengo en la mesa dejándome sorprendida. La calidez que me trasmite solo con el toque de su piel, con la mía me arranca el aire de los pulmones. Anoche su piel toco la mía, pero no como ahora, anoche todo fue s****l, hoy… no quiero pensar mucho, no puedo pensar mucho.
Él no puedo comportarse de esa manera.
Yo no puedo dejar que se comporte de esa manera conmigo.
—¿Sigue en pie lo de ser dos extraños?
Lo observo confundida mientras parpadeo un par de veces sin saber qué decir.
¿Acaso está jugando conmigo?
¿Qué se trae entre manos?
—¿A qué viene eso…? —cuestiono entre cerrando los ojos.
Hay ocasiones en las que con solo verlo puedo decir que está pasando por su cabeza, pero hay otras que simplemente no sé qué se trae entre manos. Es como tener frente a mí a dos personas distintas en un mismo cuerpo y eso no es solo ahora, también sucedía cuando vivíamos juntos.
—Nada más quiero saber.
—Si no me dices para que, no responderé.
Deja salir un fuerte suspiro apartando su mano de la mía mientras se recuesta en el espaldar de la silla como si fuéramos mejores amigos de toda la vida.
—Quiero que salgamos.
De todo lo que pudo decir, no me esperaba esto.
—¿Salir…? —suelto, confundida.
—Sí. —Rueda los ojos—. Como lo harían dos personas normales.
—No somos normales. —Le recuerdo—. Además…
—Emma… —pide.
—No lo sé. —No me veo saliendo con Manson, no hoy en día—. Vine de vacaciones, lo que menos quiero es tener que involucrarme con una persona ahora y menos contigo.
—Emma, nada más te estoy pidiendo que aceptes salir conmigo este fin de semana. No te estoy pidiendo que mates a una persona.
Quizás matar a una persona sería más fácil.
Suena tentadora la oferta, no la de matar, sino la de salir con él.
Ay, no, este hombre se está metiendo en mi cabeza.
Un fin de semana, él y yo…
¿Y si confirmo que lo sigo amando?
¿Y si él luego se da la vuelta y me vuelve a dejar con el corazón lastimado? ¿Y si…?
—No lo sé…
—Por favor, Emma.
—¿Qué ganas con esto?
—Compartir contigo. —Suelta sin pensar.
¿Cómo es capaz de decirme esto después de todo lo que paso entre nosotros?, en vez de sentirme emocionada, tengo ganas de enterrarle el tenedor en sus manos.