Capitulo Treinta y Cinco

1295 Words
Normalmente, luego de una noche carga de pasión, al otro día no soporto tener contacto con la otra parte, por mucho comparto un par de frases, pero hasta ahí. Ahora… ahora solo puedo pensar en lo sensual que se ve. Estoy perdido, mi cabeza es un lío. Rueda los ojos mirándome de mala manera, como si no soportara mi presencia. Esta es la Emma a la que me he acostumbrado, no a la mujer que anoche se rindió antes mis brazos y mentiría si dijera que no me gusto verla perdida por el placer. —Y yo que pensé que era una pesadilla. —Jadea en medio de un lamento. Enarco una de mis cejas mirándola con burla. —Soy tu sueño frustrado. —Le guiño uno de mis ojos sin dejar la burla. —Ya quisieras. —Alega jalando la sabana dejándome al descubierto. Por un segundo sus ojos quedan fijos en mi pecho y van más abajo—. Ponte algo. —Gruñe como si le desagradara mi desnudes. —Anoche me querías desnudar y ahora que me ponga algo. —Suelto divertido—. Quien te entiende mujer. Me está gustando esto de cabrearla. Rueda los ojos poniéndose de pie, a pesar de que se cubre con la sabana se puede ver parte de la piel descubierta, piel morena y bronceada, su cabello rubio platino corto alborotado la hace ver como una persona normal, no como una mujer de negocios seria que me odia. —Te aprovechaste de mí. —Señala buscando algo que ponerse con la mirada. Desde donde estoy puedo ver con claridad que su camisa quedo en la puerta, su pantalón no lo veo por ningún lado, y su braga, estoy sentando en ella. ¿Qué…? Un pequeño recuerdo. En algo ella tiene razón y es en que me aproveché, estaba consciente que ella estaba tomada y aun así me permití tocarla. Yo no estaba tan borracho como para no saber qué hacía, soy consciente de que a esto puede llamársele violación. —También estaba tomado. —Miento. Es la manera de calmar a mi conciencia. —¿Y piensas que me creeré eso? —suelta con ambas cejas alzadas deteniendo la búsqueda—. Te recuerdo que te conozco más de lo que te gustaría aceptar. Y esa es la peor frase que ha podido utilizar porque esta mujer no conoce ni la más mínima parte de mi vida. Solo sabe lo que permití que conociera. —¿Y qué conoces de mí? Sonríe de lado aun cubriendo las partes importantes con esa sabana delgada. —Si te dijera lo mucho que te conozco, saldrías huyendo porque te sentirías expuesto. —Casi pude oír “como siempre”. —¿Entonces no quieres que huya…? Me mira por un instante, luego vuelve a su búsqueda. —¿Por qué tendría que importarme que te quedes o que te vayas? Justo en el ego, ella sí que ha aprendido como golpear con palabras. Sacudo la cabeza, no pienso amargarme tan temprano. Luego de unos segundos, algo vuelve a mi mente, es algo que me estuvo rondando la cabeza desde que desperté. En realidad, fue la razón por la que no pude dormir más de dos horas. —¿Esa cicatriz? Anoche cuando desperté no pude evitar recorrer con la mirada cada parte de su cuerpo, es una tentación andante. Aquella cicatriz en su vientre me llamo demasiado la atención, es una marca para su cuerpo, que no la compleja, pero es algo grande. Cualquier persona sabría que es, sé que es, pero quiero que ella me lo diga. Hasta anoche creí que ella había tenido un parto natural. A pesar de que Emma estaba tomado su actitud tosca conmigo, había algo que la hacía sentir relajada como si estuviéramos en confianza; sin embargo, fue tocar ese tema para ver como su rostro se torna frío, es como si acabara de levantar el muro que nos separaba, el mismo muro que nos ha separado desde que la volví a ver. ¿Todo se trata de Julie…? —Ya tuviste lo que querías, una noche salvaje de sexo, ¿No? —Recuerda—. Ya puedes marcharte y no buscarme más. —Señala la puerta. Me pongo de pie sin importarme que estoy desnudo. Sí, los hombres conocemos de pudor, pero en ocasiones nos sentimos a gusto y desde que conocí a Emma me sentí a gusto con ella. El caso ahora es que quiero hacerla sentir tímida, pero no. Únicamente, veo una tigra a punto de arrancarme el cuello. —Hablemos. —Susurro. —¿Por qué hablar ahora? ¿Qué ganas con esa insistencia? —cuestiona molesta. —Quiero conocer tu versión. —Suena estúpido. Llevo años evitando la conversación, pero hablar con Cam me ha terminado de convencer de que lo mejor es enfrentar el problema de raíz. Una conversación seria nunca me hará daño, al contrario, me ayudará a tomar la decisión adecuada para mi vida. —¿Qué cambiaria? Muchas cosas. —Solo quiero escucharte. —Sueno a súplica. Emma asiente respirando con fuerza. —Está bien, te espero en el restaurante. No puedo evitar verla con sorpresa. ¿Qué ha pasado con la mujer que se rehúsa a tenerme cerca? ¿Por qué últimamente me sorprende? —¿En serio? —cuestiono sorprendido—. ¿Así de fácil? Emma se inclina un poco tomando algo que termina siendo mi ropa interior. —Quiero dejar todo claro. —Suelta tirándome la ropa a la cara—. ¿Estás seguro de que puedes aguantar lo que te diga…? Aprieto el bóxer con demasiada fuerza. ¿Por qué tengo miedo? —Lo soportaré. —Aseguro. Asiente repetidas veces. —Bien, te espero en una hora si no llegas se acaban las oportunidades. —Advierte. Me sorprende la decisión en el tono de su voz—. ¿Te vas a quedar ahí? Sacudo la cabeza volviendo a mi realidad. Me pongo la ropa y me dispongo a salir de la habitación. Antes de hacerlo la miro con una sonrisa que estoy seguro de que tiene diversión. —Nos vemos luego. Asiente rodando los ojos. —No hagas que me arrepienta. —Termina por cerrar la puerta en mi cara. […] Mi cabeza es un desastre, es como si estuviera perdido en un amplio laberinto. Sigo teniendo mis reservas con esa mujer, pero ahora que sé, que aún hay algo de aquella mujer que me cautivo, mis expectativas han crecido. ¿Entonces no es solo deseo…? No, imposible, sacudo la cabeza ante la estúpida idea de que todavía la ame. ¿Cómo se puede seguir amando a una persona luego de tantos años alejados? Es un hecho que me gusta, pero no creo que vaya tan a fondo. En mi habitación me tomo mi tiempo para arreglarme, cuando estoy seguro de que haya pasado cuarenta minutos me encamino hacia el restaurante del hotel. Hasta ahora caigo en cuenta de que me dijo restaurante, pero no cuál, esta mujer es diabólica. Como primera medida me acerco al del hotel. Mi intención era acercarme al sitio donde se encuentra ella, pero no lo hago cuando la veo acompañada. Hasta este momento me he dado cuenta de que llevaba una sonrisa en mi rostro y que por desgracia se intensifica porque su compañía me hace feliz. La pequeña, Julie. Sigo pensando porque necesito explicaciones, siempre he dicho que hay cosas que no tienen explicaciones, menos cuando las compruebas con tus propios ojos. ¿Por qué le sigo buscando cinco patas al gato cuando tiene cuatro? No importa, le daré el beneficio de la duda, no puedo seguir siendo un cobarde que huye siempre que no puede manejar sus emociones.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD