Capitulo Treinta y Cuatro

1714 Words
Manson Antes de que se aleje me acerco a ella evitando que cualquier otro se le acerque. Sí, estoy marcando territorio aun cuando ella no me pertenece. Por instinto paso mis brazos alrededor de ella por la espalda, su olor me deleita, lo ha cambiado. Antes era un olor tierno, frágil, ahora su fragancia es fuerte, sensual y provocativo. Me pego tanto a ella que estoy seguro de que puede sentir el deseo que provoca en mí, lo mejor de todo es que tengo acceso a su espalda descubierta. Y por lo que veo ella no se molesta con mi acto. Una de mis manos no deja de abrazarla, sin importar el lugar donde estamos con esa mano rozo, su piel expuesta, su reacción sigue siendo la misma, su cuerpo comienza a temblar y me gusta ser yo quien provoca esta reacción en ella. ¿Es solo deseo? ¿Hay algo más? Sin molestarme a prestar atención en el motivo, le doy la vuelta poniéndola cara a cara conmigo. ¿Es lo correcto…? ¿Desde cuándo me importa lo correcto? No importa nada. Ahora solo me puedo perder en la profundidad de sus ojos, en su aliento irregular, en los temblores de su cuerpo. Lentamente, me acerco y la beso con una timidez de la que no sabía que poseía. No me agrada la idea de besarla como si fuera una muñeca frágil, es como si nunca hubiera dejado de pensar en protegerla. No sé cuál era mi idea, pero todo cambia cuando ella marca el ritmo del beso, por lo que termino por casi querer devorarla. ¿Dónde está la mujer que antes esperaba que marcara el ritmo? Ella siempre esperaba a que yo hiciera mis movimientos. Si hace un momento su aliento era irregular, ahora estoy seguro de que ha desaparecido, incluso se ha llevado el mío. Como buen turista que soy, mis manos recorren su espalda, es una forma de controlar mis ganas de conducirla a otro sitio, pero termino por no ser capaz de controlar la intensidad del deseo que arde en mi piel. Termino por olvidarme del lugar donde estamos incluso de las personas que nos rodean, sé que en parte es por el alcohol, pero no todo es su culpa. La culpa es de ella por no detenerme. —¿Entonces? —logro decir en medio del beso. Percibo una sonrisa sexy de su parte. —Ya te lo dije, tienes pase VIP. Mañana va a matarme. No espero nada más para apresurarme a llevarla a su habitación, sí, sé dónde se ha quedado, soy un acosador, pero la vida me enseñó a golpes que la ignorancia en mí no es buena, por lo que intento saberlo todo para que no me siga golpeando como lo hizo hace años. Puede que no soy un profesional como Danna y aún hay cosas que se me escapan, pero hago mi mejor esfuerzo por saberlo todo. Tomados de la mano la conduzco por los pasillos del hotel. Juro que de no ser por el cariño especial que intento ocultar la tomaría en cualquier lugar, pero si esto es deseo quiero tener el tiempo suficiente para saciarme y acabar con esto. No soy el único que tiene urgencia porque a mitad del camino ella ha empezado a desabotonar mi camisa, todo es una locura. Lo sé porque ninguno de los dos está pensando en sus actos. En el pasillo cercano a la habitación que está oscuro, la termino recostando a una de las paredes, quiero arrancar su camisa, pero no lo hago porque a pesar de que no hay nadie a nuestro alrededor cualquiera puede aparecer y me he vuelto posesivo con lo que tengo a mi lado, ella esta noche es mía. Entre tropiezos entramos a la habitación. Sé que lo estoy haciendo con esta mujer no está bien, pero hoy mi cerebro no está para razonar. Hoy solo quiero olvidarme de todo. ¿Está tan mal que hago esto…? —En tu dulce morada, sana y salva. —Susurro separándome de sus labios. Un estúpido impulso me lleva a oler su cabello, su olor ha cambiado, ya no utiliza aquel champú barato, ahora es un olor sensual y lleno de deseo tal como su fragancia. —¿Continúas vaquero? —cuestiona alejándose un poco de mí. Por su mirada sé que me está retando, debería darme la vuelta y marcharme, pero soy un hombre deseoso y no, es deseo de sexo, es deseo de esta mujer. —Claro. Hago todo lo opuesto a lo que pienso. Sin molestarme a encender la luz, la pego contra la puerta tomándola por sorpresa. A pesar de la oscuridad nuestras miradas se desafían entre sí, la tentación de tocar sus labios con mi boca me invade por lo que termino cayendo al abismo, sé que no debí hacerlo porque desde el primer instante en el que probé sus labios me rendí ante ella, nuevamente. Beso, sus labios con deseo, como en cada sueño que he tenido con ella he deseado hacerlo. Nada más nuestros labios se tocan, iniciamos una batalla. Nuestras lenguas se mueven para entrar en la boca del otro. Ella ha ganado esa batalla por su boca, me ha succionado por completo. El deseo entre ambos es tan grande que termino alzándola para que enrede sus piernas en mi cintura. Sus manos en mi nuca evitan que me aleje, no es que tenga tal intención, nuestros sexos hacen fricción entre sí, tenerla de esta forma se siente genial. Se siente de maravilla acariciarla, reconocer aquel cuerpo que alguna vez fue mío, es imposible no saborear cada parte de su piel descubierta. —Manson… —jadea buscando un poco de aire. —Dime que quieres. —Continúo besándola solo que esta vez desciendo por su cuello, por sus orejas, su olor me perturba—. Háblame. Se aleja observándome a los ojos. —No caeré en tus encantados. —Eso quiere decir que no está borracha del todo—. Solo esta noche y no se volverá a repetir, ¿Estás de acuerdo? ¿Ella siente lo mismo que yo? Estoy seguro de que siente ese deseo arrasador que nos quema el alma. —Estoy de acuerdo. Vuelvo a besar sus labios, solo que esta vez una de mis manos recorre su cintura sin miedo a que ella se aleje. Recuerdo que cuando nos casamos no era tímida, pero tampoco una mujer experimentada que se dejara llevar por el deseo tal como lo está haciendo ahora. Es una nueva versión y me molesta decir que me gusta esta versión. Emma balancea sus caderas haciendo fricción entre nuestros sexos, sus manos se mueven por mi cuello hasta que decide quitar mi camisa. La ropa comienza a desaparecer mientras nuestras bocas se besan como si fueran el elixir de la vida. Beso, cada parte de su cuerpo y ella hace lo mismo conmigo, cada uno se siente libre para apreciar la belleza del otro hasta que ambos nos sentimos preparados para unirnos. Pierdo la cabeza cuando la siento tan apretada y lista, es como si llevara tiempo que nadie toca ese lugar, es como si ella me hubiera estado esperando. Es estúpido pensar de esa forma cuando ella fue la que me fallo, pero no puedo evitar que mi corazón, la parte que la amó, piense de esa forma. Tampoco puedo evitar que mi pulso se acelere por la emoción. Nuestros cuerpos se conocen, pero esta noche son dos cuerpos que se han extrañado, y que ninguno se atreve a decir en voz alta. Ambos envueltos en el deseo buscan la liberación mutua, no una liberación de momento, buscamos la liberación de nuestros cuerpos para continuar como extraños hasta que ambos somos invadidos por el sueño. No está bien lo que hice. […] Observo del techo a la persona que está en la cama a mi lado. Duerme de espalda a mí, la sabana cubre la parte de su cintura, su cabello corto platinado se ve como una maraña, debe ser porque anoche y parte de la madrugada pase mis manos allí. Llevo media hora sin moverme de la cama porque tengo miedo de despertarla, sí, tengo miedo de que al abrir sus ojos se dé cuenta de mi presencia y me saque a patadas de la habitación. Debería tomar mi ropa y marcharme por voluntad propia; no obstante, aunque quiera, una parte de mí, no quiere que ella piense que solo fue un objeto para satisfacer mi necesidad. Sí, soy una persona con sentimientos, no importa a que me dedique. ¿Por qué no quiero que ella tenga la idea de que esto nada más ha sido una noche de pasión? ¿Desde cuándo me importa que no se sientan como objeto? —¡Joder! —gruñe removiéndose en la cama al mismo tiempo que se lleva las manos a la cabeza—. Juro que no vuelvo a tomar en lo que me queda de vida. —No deberías decir mentiras. —Suelto sin apartar la mirada de ella. ¿Por qué sigo aquí? Porque aquí no me siento solo. Emma al escuchar mi voz queda sentada en la cama e instintivamente se cubre su cuerpo con la sabana, si tan solo supiera que se ve tan atractiva. Hace años tuve la oportunidad de ver cada centímetro de su piel descubierta, hoy bueno anoche, después de tanto tiempo volví a tenerla tan cerca y juro que aún me sorprendo de lo hermosa que es. No es porque tenga un cuerpo escultural como el de un modelo, es porque ella tiene algo que la hace única. Ya no es la misma mujer delgada en exceso, ahora estoy seguro de que esa es la contextura original de su cuerpo, sus piernas tienen buena masa muscular mezclada con un poco de grasa natural, tiene una cintura marcada que estoy seguro de que ha moldeado con alguna faja y algo de trasero que tuvo que sacar con el gimnasio. —¡Demonios! —gruñe poniendo su mano en el pecho. Llevo las manos detrás de mi cabeza, relajado al mismo tiempo que la miro con diversión. No está tan mal que me haya quedado a que despierte. —No soy tan feo como para que te asustes.
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