Capitulo Treinta y Tres

1383 Words
Sin poderlo evitar suelto una risa incontrolable, producto del alcohol en mi organismo. Estoy segura de que mañana odiaré a todo mundo. —Claro. —Finjo una sonrisa. Por lo menos mi mente sabe que debe mantener la distancia de ese hombre malo y pecaminoso para mis ojos. Bendita borrachera, ahora este hombre me parece demasiado atractivo. ¿Por qué tuvo que aparecer ahora y arruinar mi momento? Él siempre lo arruina todo. —Pero no haré tal cosa porque soy un caballero. —Susurra sirviéndose un trago en el vaso vacío que ha puesto la muchacha de la barra. Qué alivio. Ruedo los ojos con fastidio. —Y yo soy santa Emma. Suelta una risita muy sensual, que roba por unos instantes la respiración. Hoy le voy a echar la culpa a los tragos, hace un buen tiempo que no me detenía a verlo con total confianza. Sus brazos son fuertes, al poner sus manos en el mesón de la barra hace que sus músculos se marquen en esa camisa. Su mirada sigue siendo misteriosa, pero no me corresponde descubrir esos secretos. Su mandíbula está tensa y marca sus facciones. —¿No eras alérgica al trago? —suelta con molestia, diría más con reproche. Mis ojos se abren en sorpresa y no se pierden ningún detalle de sus acciones, sus ojos vagan por todo el lugar hasta que se centra mirando el frente como si las botellas vacías de los estantes fuera la mejor de las vistas. No lo olvidó. No, no voy a permitir que toque temas de los que no me hago responsable hoy. —Hace semanas dijiste que querías una noche como si fuéramos extraños ¿No? —cuando estoy tomada no pienso en lo que hago. Se da media vuelta tratando de mirarme a los ojos. Como mujer valiente que soy también doy media vuelta enfrentándolo. Ambos cara a cara. Manson me observa con los ojos entrecerrados, eso o ya estoy empezando a ver mal. Creo que me voy por la última opción, incluso ya no escucho ruido, y juro que si me caigo no sentiría el dolor del golpe. —¿A qué viene eso hoy? —¿Cómo te presentarías si hoy fueras un extraño? —mal momento para jugar. Sonríe divertido al mismo tiempo que se muerde el labio inferior y niega con la cabeza. Su mirada vuelve a pasarse por todo el lugar como si buscara algo, luego regresa a mí. —No hagas eso, Emma. —¿Por qué no? —cuestiono divertida. Vaya, ya pasé a esta etapa. —Porque si eres una extraña por una noche podría hacer muchas cosas. Me acerco un poco a él retándolo. ¿Qué ha pasado con la Emma que quería mantener su distancia de él? Rozo mis labios con los de él sin necesidad de cerrar el espacio, un juego de tensión, ambos lo sabemos. Mi pierna que pega al suelo se sube un poco dejando la rodilla en medio de sus piernas, si necesidad de tocar piel, ambos sabemos cuan excitante es nuestro juego de miradas. —¿Qué esperas? Sacude la cabeza echándola hacia atrás marcando la distancia y sé que lo hace para no caer en la tentación, sus ojos muestran el más puro deseo s****l que siente hacia mí. Debería sentirme furiosa, pero aquí estoy deseando que me lleve a otro nivel. —Estás tomada. —Recuerda. Asiento dándole la razón. —Solo soy una extraña. —Emma… —¿Me tienes miedo? —mi rodilla se sigue acercando tentándolo. Corre un poco el taburete marcando una modera distancia. Está muy sensible. —No suelo aprovecharme de las personas borrachas. —Entonces bebe conmigo. —Señalo el trago que no ha tocado. Sacude la cabeza tomándose el contenido del vaso de un solo trago. —Ahora entiendo por qué no bebes. —Suelta más para él que para mí. —¿Empezamos? —cuestiono con burla. Sonríe de lado haciéndome sentir un hormigueo por todo el cuerpo. Sé que Manson puede ser el hombre más sexy cuando se lo propone, pero lo que más me gusto de él en el pasado era la forma especial con la que me protegía. Ahora lo único que puedo ver en él, es aún hombre sensual con el que se puede pasar un rato divertido, pero no se puede desear ir a más. Su expresión corporal me dice, solo disfruto el ahora, nada de luego te llamo, nada de luego te busco, se trata del ahora y ya, nada de comidas en algún puesto de comida rápida, cenas románticas, pedidas de mano, nada de nada. —Buenas noches, dama. Ruedo los ojos por su intento fallido. —¿En serio? —cuestiono fastidiada—. ¿No tienes algo mejor para empezar…? Se encoge de hombros sirviéndose otro trago de mi botella y se lo bebe de una vez. —Tú lo pediste. —Aclara. Asiento metiéndome en mi papel. —Caballero. —¿Me deja invitarle un trago? Debería ponerme de pie y marcharme de este lugar, pero cuando estoy tomada mi cerebro no entiende de razones, pero parece que mi cuerpo sí. —La típica frase. —Suelto con fastidio volviendo a rodar los ojos—. ¿No tienes otra cosa que decir…? Sonríe al mismo tiempo que lame su labio inferior. —Tengo muchas cosas, pero temo que si las digo saldrás corriendo. —Ponme a prueba. El hombre parece muy divertido con la situación. —¿Entonces me aceptas un trago? —Depende de la calidad del trago. Su sonrisa ladina no desaparece en ningún momento y eso solo me hace querer caer en la tentación. —Exigente, me agrada. Y tal como hace años la charla se da, es como si esta noche se convirtiera en el día que nos conocimos. Es como si nada hubiera cambiado entre nosotros, no hay temas incómodos, solo hay risa y uno que otro tema acerca de nuestros trabajos, de lo que somos hoy y un coqueteo que en el pasado nunca estuvo. Tragos van y tragos vienen, por una vez, luego de tantos años me siento bien conmigo misma. Por desgracia el alcohol empieza hacer su efecto y todo termina dándome vuelta, creo que he perdido mi cabeza al igual que mi cuerpo. ¿Cuánto me he bebido? —Debo irme. —Hablo o intento decir mientras me pongo de pie. No sé si el hombre me entenderá. Enarca una de sus cejas al mismo tiempo que se pone de pie. —Te acompaño. —Suelta llevando sus manos a la mía. El solo toque se siente como si tocara el fuego, ambos somos conscientes de la tensión s****l que hay entre nosotros desde el momento en que empezamos con este juego. Ambos sabemos lo que sentimos y lo peor es que estamos buscando que nuestro lado salvaje se desate. Ruedo los ojos intentando dar un paso. —Nada me pasará. Lo que me pudo pasar ya me sucedió y él no hizo nada. Solo pensar en ello lleva a que las lágrimas intenten salir, me fuerzo a respirar, para dejar ir eso. Esta noche no quiero pensar en eso. —¿Estás segura? —cuestiona cuando pone su mano en mi cintura evitando que caiga. Suelto la risa como mecanismo de defensa intentando apartarme, su cercanía no es buena para mis hormonas, después de todo el olor de su loción me pone a fantasear y no es bueno en este estado. —Lo estoy. —No me sentiré bien hasta que ver que llegas a tu habitación. —Estoy segura de que, si me acompaña a mi habitación, no saldrá de esta. ¿Desde cuándo me volví tan directa? —¿Es una propuesta indecente? —cuestiona divertido. —¿No le da miedo? Acerca su rostro más a mí rozando su aliento con el mío, se siente tan jodidamente bien que me veo acercando mi cuerpo al suyo. Sigue siendo cálido. —Jamás. —No cierra el espacio entre nuestros labios, pero si permiten que se toquen como si fuera un juego erótico y funciona porque estoy segura de que mi braga ha comenzado a mojarse—. ¿Entonces…? —Tienes pase VIP. —Susurro dándole la espalda.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD