No es que los planes no salieran como pensará, quizás la idea principal de este viaje era en el que compartía un tiempo con mi hija de ser posible todo el tiempo que se pueda. Quería que fortaleciéramos el vínculo de madre e hija, pero, pues cada una tiene sus expectativas diferentes en el viaje.
Y no puedo negar que me gusta la idea de ella soltándose ante el mundo. Después de todo debe saber desenvolverse tomando en cuenta lo que quiere hacer en el futuro. Ya que ella quiso estar sola, tomaré en cuenta sus palabras y sí, voy a tomar este momento para mí.
El tiempo pasa rápido y sé que ya no tengo la edad de una adolescente. No me arrepiento de ningún sacrificio que he hecho por el bien de Julie, pero hay días en los que deseo ser parte de otra familia, quizás de esa manera hubiera podido salvar a mi pequeño. Quizás de esa manera hubieran tenido un padre o yo un apoyo distinto.
Cuando Julie estaba pequeña podía llorar la ausencia que dejo su hermano en mi corazón, pero con los años he empezado a guardar el dolor en mí y es porque no quiero que mi pequeña deje la inocencia de la pureza de su corazón.
Sé que tiene millones de preguntas, pero no puedo decirle la verdad de todo, puedo, pero no soy capaz de hacerlo.
—Dame una botella de Vodka. —Pido a la muchacha de la barra.
Sigo siendo mala con las bebidas alcohólicas, incluso llevo años que no sé qué es tomar un trago de estos, pero hoy no tengo en nada que pensar, hoy solo quiero emborracharme y sacar un poco del dolor que hay en mi corazón. Nunca nada me dolió, como cuando el médico me dijo que mi pequeño no resistiría y que debía elegir entre ellos.
Quiero llorar y gritar el dolor que llevo dentro, el pecho me arde como si dentro de mí se estuviera incendiando.
La noche da miedo, hoy me he quedado sola porque Sergio ha tenido que salir a trabajar. Cada trueno que viene con la lluvia me asusta y no solo a mí sino también a mis pequeños. Desde que comenzó la lluvia han estado inquietos al igual que yo.
Estoy próxima a cumplir ocho meses de gestación. Mi embarazo no ha sido fácil por culpa de mi anorexia, es algo que no puedo controlar, aunque quiera y me odio por ello, soy una mala madre que no cuida a sus hijos. La mayoría de veces debo alimentarlos por medio de suero porque no soporto la comida.
A pesar del miedo que me causa la lluvia, mi vista no se aparta de la ventana, cada relámpago es imponente y te lleva a pensar que el mundo está por acabarse.
—Calma mis amores. —Susurro tocando mi vientre cuando se han movido tan fuerte que han hecho que me duela un poco mi parte baja—. Solo es una lluvia.
Inhalo y exhalo, tal como me han enseñado en mis sesiones de maternidad, trato de no infundirles el miedo que tengo por las contracciones, pero no lo logro porque el dolor se hace presente con más fuerza.
En una tengo que tenerme de la pared para no dejarme caer.
—Max, Julie, no sean malos con mamá. —Pido al mismo tiempo que inhalo.
Este dolor no es normal.
¿Qué hago?
Trato de no alarmarme, pero no sé qué hacer.
Lo más seguro es salir de la casa e ir a un hospital, pero sé que si salgo la lluvia solo logrará que me congele del frío. Si Sergio estuviera todo sería más fácil, me subiría a su coche e iríamos juntos, pero ahora.
El dolor continúa siendo fuerte, por lo que me decido a salir de la casa, pero la debilidad de mi cuerpo no lo soporta, razón por la que antes de llegar a la puerta termino perdiendo el conocimiento, eso sucede cuando no te alimentas como debe ser.
—Todo saldrá bien. —Susurra una voz conocida, pero en vez de estar feliz se siente la melancolía en su voz—. Lo prometo.
Abro mis ojos encontrándome con el rostro de la persona que me ha acompañado en todo mi proceso. Una de sus manos tiene tomada la mía y me infunde calidez, pero no como quisiera.
—¿Serg…? —suelto, confundida—. ¿Dónde estoy? —cuestiono mirando a todos lado.
En sus ojos verdes solo veo lágrimas. Entre todos los hombres que he conocido y que no han sido muchos, él es expresivo, su mirada y su expresión corporal hablan por sí mismo.
—Emm…
Instintivamente, recuerdo lo que paso.
—¿Mis hijos? —cuestiono con miedo. Llevo las manos a mi vientre, pero no hay nada—. ¿Qué ha pasado con mis hijos? —cuestiono desesperada, empezando a llorar al mismo tiempo que niego con la cabeza.
Aún no era tiempo.
¿Por qué no están en mi vientre?
—Se adelantó el parto. —Informa Serg—. Emm, lo que te voy a decir tienes que tomarlo con calma.
¿Calma? ¿Cómo puedo tener calma?
—¡¿Dónde están mis hijos?! —cuestiono en medio de un grito desgarrador.
—En la sesión de neonatos.
—¿Neonatos? —suelto con la respiración descontrolada—. ¿Qué hacen allí?
—Los bebes tienen siete meses, por lo que…
Lo dije, Sergio es demasiado fácil de leer.
—¿Hay algo más, no?
—Te encontré en el suelo, desmayada, no sé cuánto llevabas de estar ahí. Cuando te traje aquí directamente te llevaron a la sala de operaciones. Uno de los bebes no desarrollo bien sus pulmones…
Me suelto a llorar desesperadamente.
¿Soy una mala madre? ¿Por qué no pude aguantar un poco más?
—¡Quiero verlos! —levanto la voz.
—Emma…
—No pueden negarme este derecho. —Sollozo.
—Acabas de pasar por una operación.
—No me importa.
Pasa sus manos por mi rostro.
—A mí si me importa.
No sé qué hace, pero siento que poco a poco me invade el sueño y aunque lucho contra él, termina por vencerme.
Sacudo la cabeza volviendo a la realidad.
No hay nada más difícil para una madre que perder a su hijo y aunque tengas uno, dos, tres o todos los que quiera ese que perdiste, nunca podrá ser reemplazado. Aun cuando se pierde un embarazo de meses o cuando fallece siendo un bebe o cuando es un adulto, el tiempo ni los demás hijos lo reemplazaran.
Cada noche, cada día me pregunto cómo sería mi hijo.
¿Se llevaría bien con su hermana? ¿Seriamos una gran familia? ¿Me causaría dolores de cabeza? ¿Se parecería a un padre del que no sé?
—Tomar de esa manera no es saludable.
Cierro los ojos con fuerza terminando de beber lo poco del trago que queda en mi vaso. He perdido la cuenta cuando iba por cuarto y la verdad es que hoy no quiero pensar.
—¿Te importa? —cuestiono retándolo sin verlo.
—Me gustaría decir que no, pero sí.
Ladeo el rostro encontrándome con su mirada a pesar de lo oscuro que es el lugar, el reflejo de la luz permite que vea bien su rostro, cada facción de este. La barba está más tupida y crecida que hace dos días. Hoy no lleva traje, está vestido informalmente y mentiría si dijera que no me hace sentir cosquillas allá abajo.
Ya se ha vuelto costumbre verlo con traje a la medida e importado y sin nada de barba. Esos ojos en algún momento me cautivaron, sobre todo cuando se reflejaba el misterio. Incluso llegué a la conclusión de que sería esa persona que abriera la caja de pandora, no fue así.
—¿Me estás siguiendo?
—No.
—Mientes muy mal. —Suelto sirviéndome otro trago—. ¿Quieres?
Suelta una carcajada, pero no es como lo recuerdo, es una carcajada sensual, no tierna, ni amorosa. Es una carcajada que un extraño le daría a una mujer cuando quiere llevarla a la cama y no para recostarla, sino para tener sexo y luego marcharse.
¿Así que el hombre solo quiere sexo conmigo…?
—Debes estar demasiado borracha como para invitarme un trago.
—Tienes razón. —¿Está mal que quiera besarlo? —. Cambio mi pregunta entonces, ¿Qué haces aquí…?
—Julie, me comento que estarían por estos lugares.
Bebo un poco de mi trago luego de llenar el vaso al mismo tiempo que sacudo la cabeza en negación.
Oh, hija mía, eres una pequeña traidora con aire de cupido.
¿Acaso no entiendes que quiero alejarme de este hombre?
—Por eso has decidido seguirme.
—Quiero que hablemos.
Me quita el vaso y bebe de este sin quitar la mirada de mí.
¡Joder, qué sexy!
—Como te puedes dar cuenta, no estoy para hablar. —Señalo mi estado.
—Así podría sacarte todas verdades. —Habla con un tono de voz seductor, terminándose el contenido del vaso.
Tiene razón, así como estoy, soy una inútil que termina haciendo lo que la otra persona desea. Hoy siento que tengo un poco de poder en mí, pero no del todo, sé que si él quiere puede doblegarme a su antojo.