Capitulo Treinta y Uno

1533 Words
Esa fue la tercera vez de la semana que estuvo en mi casa. Es como tener un frijol en el trasero, ese hombre es intenso, en cada uno de los sentidos. Es imposible hacerme la ciega o la tonta; sin embargo, mi sexto me dice que algo se trae entre mano. Esa es otra de las razones por las que quiero estar lejos de él. Fue un error permitir que pase tiempo con mi hija. Una parte de mí, quizás la más narcisista, me dice que la está utilizando para acercarse a mí. Lo peor de todo es que estoy permitiendo que lo haga porque a pesar de los años sigue teniendo algo que me atrae. ¿Cómo es que a pesar de tanto tiempo sigue teniendo un efecto en mí? A veces, cuando le doy el privilegio de invadir mis pensamientos, llego a la conclusión de que el sentimiento de amor que sentía no desapareció, pero luego recuerdo cada etapa de sufrimiento que pase y termino comprendiendo que no es amor, pero entonces… ¿Qué es? ¿Deseo? Es imposible no ver a ese hombre y extasiarse con esa imagen, quien que vea a ese hombre y sienta deseo, estoy segura de que muchas mujeres, pero yo que conozco todo lo que hace… no voy a ir por ahí. No me voy a detener para recordar un pasado del que ya tuve suficiente. —Quiero ser la madre que te apoye, no la que te ponga barreras. Asiente sonriéndome de esa forma tan especial con la que un hijo le sonríe a su madre. No sé cómo hacerlo porque nunca le sonreí a mi madre de ese modo, pero sé de qué manera especial sonreírle a mi hija. —Eres la mejor madre. La mayor parte del tiempo no se necesita decir mucho, en realidad, lo que se necesita es demostrar con actos lo mucho que nos importan. No hay día que no le diga a mi hija que la amo y no con regalos caros, sino con pequeños detalles que sé, que valen más que cualquier cosa en el mundo. Desde que pude llevarla a casa he tratado de estar presente en su vida, he tratado de demostrarle lo mucho que la amo. Continuamos el vuelo en completo silencio hasta que llegamos al hotel en el que nos quedaremos. Es un hotel de cuatro estrellas bastante hermoso. Mi habitación es pequeña tal como me gustan, las paredes son de un color café claro, la puerta de vidrio, una cama de pareja con sábanas blancas y con un cobertor rojo, al lado de la cama hay un cuadro, además en el cuarto hay una pequeña mesa de madera con cuatro sillas. Es de esos lugares que parecen románticos para uno mismo mimarse. —¿Qué haremos hoy? —cuestiono recostándome en la cama de Julie. Su habitación está al lado de la mía, es igual a la que me asignaron con uno que otro pequeño detalle de diferencia debido a que es una niña. —¿Te molesta si voy a la plaza kleber? —¿La plaza kleber? —suelto, confundida—. ¿Sola…? Julie sonríe al mismo tiempo que asiente con la cabeza mientras busca algo de ropa en su maleta. No me esperaba que dijera que quería estar en una plaza donde hay muchas personas. No es que sea antisocial, es solo que ella odia la multitud. —Quiero disfrutar un poco tal como lo haría una adolescente. Además, creo que a ti también te falta disfrutar como si no tuvieras una hija. ¿Una adolescente normal? Si fuera normal no estaría trabajando como modelo, además ya no es tan adolescente, tiene quince años, está en la plena juventud donde atrae miradas de personas mal intencionadas, donde… —Julie… —Mamá, desde que tengo memoria, tú has estado conmigo, nunca he visto que disfrutas de la vida, es momento de hacerlo, no crees. —Continúa con la búsqueda, se detiene unos segundos y levanta el rostro observándome—. Quiero empezar a conocer el mundo desde mi perspectiva, yo… Eso da fe a mi teoría, pronto abrirá las alas y se marchará. Y yo, seré una madre orgullosa de ver el triunfo en su pequeña hija. Me pongo de pie entendiendo que mi hija quiere privacidad, quiere experimentar y es algo a lo que no me puedo negar, sobre todo cuando permanece parte del tiempo encerrada en casa. —Solo ten cuidado, cualquier cosa llámame. —Pido, Asiente y vuelve a lo suyo, nos quedamos en silencio por un par de segundos hasta que mi celular suena con la notificación de w******p. Desbloqueo el celular encontrándome con un animoso mensaje de Danna: Espero que disfrutes tus merecidas vacaciones, pero quiero tu trasero en casa de Will el catorce de este mes. Si no te veo antes de las dos de la tarde viajaré a donde estas y te traeré de tu corto cabello blanco. Nos vemos pronto. Besos. No puedo evitar soltar una carcajada porque mi cabello no es blanco, es un rubio platinado. Ya no me molesto en decirle el nombre de color, ella no lo entenderá. Se lo he explicado muchas veces, pero tal parece que entiende lo que quiere. —¿Y…? —cuestiona mi pequeña enarcando una de sus cejas con demasiada práctica. —Supongo que Danna hará una fiesta. —Guardo el celular, no es necesario responderle—. Por su cumpleaños. —Recuerdo. Julie sacude la cabeza en medio de una risa tranquila. —Oh… —estira sus labios formando un trompito—. Había olvidado que estamos cerca de una de las celebraciones más grandes de la familia Fonseca. La familia Fonseca, no comparto mucho con ellos desde que apareció Manson nuevamente. Siempre he tratado de marcar la distancia, pero hay ocasiones donde no le puedo dar la espalda a Danna como en esta ocasión. Esa familia es maravillosa, pero a veces siento que tienen muchos secretos y eso me genera desconfianza. —¿Te molesta si salgo a tomarme una copa? Julie suelta una carcajada al mismo tiempo que ladea su rostro viéndome fijamente dejando de rebuscar en su maleta. Si es raro que una madre le pida permiso a su hija, pero todo lo que hago tiene que ver con ella, mi hija es la razón por la que estoy de pie soportando a la vida, es mi sostén y no quiero que mis acciones la hieran. Puede que esté sobreestimando su resistencia, pero… ¿Qué madre quiere que sus hijos sufran? Yo no, lo único que me motiva a ser mejor persona es ver que mi Jul, no derrame lágrimas por mi culpa. —¿Quién es la madre aquí? Me acerco a ella mirándola con el más puro amor, no sé cómo es mi mirada, pero sí sé lo que siento cada vez que la veo. —No quiero hacer algo que te lastime. —Mamá es tu vida, ya has hecho mucho por mí. Es hora de que vivas sin límite. Paso mis manos por su rostro. —Todo lo que he hecho por ti, es porque me nace desde lo más profundo de mi ser. —Susurro poniendo un mechón de cabello detrás de la oreja. Ahora mis manos van a sus hombros—. Y todo lo que hago es pensando en ti, porque me importa lo que pienses tú. —¿Es por eso que has estancado tu vida? —cuestiona y no me gusta lo que veo en sus ojos, culpa—. ¿Soy yo la razón por la que no te has vuelto a enamorar? Ella es la razón de mi felicidad, y mi felicidad no radica en un amor. Es raro escuchar a mi hija expresarse con libertad, es demasiado recelosa, y como ya dije, raramente es expresiva en cuanto a lo que siente. Ella prefiere refugiarse en otras cosas, antes de demostrar su debilidad en llanto. Sacudo la cabeza al mismo tiempo que sonrió apartando mis manos de sus hombros. —No me he vuelto a enamorar porque no ha aparecido la persona que me haga sentir como… —dejo las palabras suspendidas cuando caigo en cuenta de lo que iba a decir. ¿Acaso esa es la razón por la que no me he dado la oportunidad con otra persona? ¿Acaso he estado buscando en cada persona que me pretende, el sentimiento de lo que Manson me hizo sentir en el pasado? —¿Cómo…? —No me he vuelto a enamorar porque no ha aparecido la persona indicada. —Eso no ibas a decir mamá. Tiene toda la razón, pero es mejor dejar el pasado donde está. Sé que por la cabeza de mi hija han pasado millones de preguntas acerca de su padre, en el pasado las evadía con facilidad, pero ahora sé que si ella llegara a preguntarme no sabría qué decir, por qué lo único que quiero es evitar cualquier sufrimiento de su parte. La conozco también que si ella supiera como ocurrió aquello, se sumiría en el dolor e incluso sería capaz de sacarme de su vida. Jul, es muy radical.
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