Dejo escapar un último suspiro de alivio recostando mi espalda en el espaldar del asiento cuando he terminado todo lo que tenía pendiente. Hace menos de diez segundos me he quedado sola en la sala, siento que he botado un peso de mis hombros. Los diseños fueron seleccionados y ya tenemos algunas ideas para la semana de la moda en París. Aún falta un buen tiempo para ello, pero quiero tener listo todo sin estar preocupada, eso y que estoy pensando seriamente en retirarme.
No de la industria, pero siento que el diseño ya no me llena.
Esto que hago ya no se siente tan bien, es por eso que desde hace un buen tiempo estoy considerando la idea de encontrar otra diseñadora de nombre. La idea es que distribuya sus diseños en mi boutique, de tal modo que tenga exclusividad con nosotros, al igual que tendría exclusividad con ellos con algunos diseños, de esa forma evitaría tanto dolor de cabeza.
Me encantaría que esa persona fuera extranjera, aún no tengo una candidata en mente, esperemos que el tiempo decida. Quizás encuentre la inspiración para no abandonar lo que alguna vez fue mi sueño, ya no se siente como un sueño.
También tengo la idea de generar oportunidades a los nuevos talentos, crear algo como una firma, o beca en la que ellos conozcan su potencial.
—¿Terminaste pronto? —Habla uno de los chicos encargados de la costura sorprendido.
No es que sea muy temprano, es solo que el chico no sabe de mis desvelos durante la última semana para tener mis ideas y todo lo demás en perfectas condiciones.
Tampoco puedo echarle la culpa de mis desvelos al trabajo, Mina, también lo ha hecho. Me ha mantenido informada de lo que paso con Bastián, de igual manera, ha hecho mención en que las cosas con el trabajo de Raphael no van bien por lo que no saben cómo pagar los gastos del hospital.
Estoy segura de que espera que diga que yo lo haré, por el bien de mi salud mental, no lo haré. No pienso alcahuetearle a ese papá ejemplar que tienen mis sobrinos. Por suerte no hubo daños tan graves con el pequeño, una mano fracturada, no la cabeza.
—Ese era el plan. —Miento.
—¿Cómo le hace? —cuestiona aún sorprendido.
Sonrío levantándome del asiento.
—Con eficacia. —Le guiño uno de mis ojos con diversión—. A partir de mañana Danna estará a cargo de la fábrica como también de lo demás.
Danna Fonseca Ferreiro además de ser mi salvavidas, es mi socia. Bueno, en mi caso es la socia mayoritaria, ella fue la que me impulso a seguir adelante cuando mi mundo se estaba derrumbando, ella es quien me ayudo a formar mi carácter de mujer independiente, en verdad que ella es un ejemplo a seguir. Me enseño a no bajar la cabeza ante nadie, me recordó cuál era mi valor como mujer.
Todos, sobre todo en la fábrica, le temen supongo que es por lo estricta cuando se trata del trabajo y la eficiencia. He escuchado millones de comentarios en referencia a ella que me parecen de lo más ridículos.
¿Cómo hay personas que pueden pensar y hablar de esa forma de otros?
¿Cómo mi amiga ángel podría ser un demonio…?
Aún continuo con la idea rotunda de concentrarme en mi vida y no en la de los demás. Pero a veces no puedo evitar cabrearme cada que escucho cometarios mal intencionados de Danna, si fuera lo que dicen no tendría tan cerca al FBI y menos seria amiga de ellos.
—¿La señora Mancini? —cuestiona Ashley.
Asiento ocultando mi sonrisa.
He decidido darme mis vacaciones merecidas.
Mina tiene razón, no tengo una vida.
Voy a aprovechar que Julie aún está de vacaciones e iremos a Estrasburgo. He estado millones de veces allí, pero quiero disfrutar sin preocuparme por mi trabajo, quiero sentirme viva y no hay nada mejor para mí que pasar tiempo que mi hija. Quiero que ambas disfrutemos porque sé que falta muy poco para que se marche a seguir sus sueños.
Pero también quiero que ella conozca desde su perspectiva, y yo… yo quiero sentirme una mujer libre que quizás en aquel lugar encuentre a un hombre que me mueva el piso y termine teniendo una noche de pasión, los vibradores son buenos, pero a veces se necesita un pedazo de carne.
—Ella no come personas, sean eficientes y no abran problemas. —Aconsejo.
—¿Cuándo vuelve usted? —vuelve a cuestionar el chico.
—Quizás en unas dos semanas.
—¿Tanto tiempo? —suelta, alarmado.
—¿Algún problema? —cuestiono sería.
El problema de ofrecer la confianza es que a veces se toman atribuciones que no le corresponden. Al ver mi seriedad el chico parece entrar en razón que soy una de las dueñas y en mis manos está la decisión de quién se queda a cargo y cuánto tiempo me demore a donde vaya.
Observo a Ashley quien se muestra más tranquila, supongo que tiene que ver con que es nueva, y no está muy familiarizada con el carácter de cierta mujer.
—No. —Susurra el chico.
—Daremos lo mejor de nosotros mientras no estás. —Habla Ashley.
—Sé que lo harán. —Suelto observando al chico en advertencia—. Si no, es más, entonces me marcho.
Sin nada más que decir salgo de allí lista para empacar.
Es medio día, por lo que tengo el tiempo perfecto para que salgamos hoy en la tarde. Hace mucho tiempo que no me sentía tan emocionada con un viaje. Debe ser porque desde que empecé con esto me he sumergido tanto en el trabajo que nunca me he dado un tiempo para mí. En muchas ocasiones me he reprimido.
Desde que tuve en mis brazos a Julie me juré que ella sería mi más grande motivación para no flaquear. Mi hija es la única persona que me mantiene de pie, no puedo imaginarme en un mundo donde no este ella. Sí, años atrás, antes de que quedara en embarazo, no quería hijos, no sin estar realizada como una mujer emprendedora, pero llego y se convirtió en mi motivo más fuerte.
Ella es la que mantiene mis pies en la tierra, es quien me recuerda que no puedo dejar que un rostro bonito me haga cambiar de parecer, mis ideales son los que importan, yo soy la que importa en mi vida. Nunca me volveré a humillar como para suplicar arrodilla o desear que me castigará para que no me abandonará.
Por un momento llevo la mirada a mi mano. En la palma de mi mano hay una pequeña cicatriz, es la que me recuerda a todo. Aquel termine por tumbar una copa de vidrio que se incrustó en mi piel, él no lo noto.
Prometió cuidarme, y me lastimo.
—¿Mamá? —ladeo el rostro, encontrándome con sus ojos llenos de ternura—. ¿Por qué este viaje tan repentino?
No hace más de cinco minutos que estamos dentro del avión.
—Porque quiero pasar tiempo contigo.
Mi hija enarca una de sus cejas mirándome con diversión.
—¿Y la verdad es…?
Dejo salir un suspiro tomando su mano envolviéndola con la mía.
—Quiero desconectarme un tiempo de mis obligaciones, estoy cansada de pensar que todo es trabajo, ¿Contenta?
Julie se acerca a mi mejilla y deja un beso de ternura, así le digo yo, son besos que llegan en el momento justo aun cuando parecen fríos. Suelta mi mano al mismo tiempo que pasa la suya por su largo cabello. Mi pequeña no es la más expresiva, pero sabe hacerte sentir importante con cada acto.
—Hace tiempo que quería escuchar esto, supongo que eso tiene que ver con aceptar que Manson me vea. —Afirma.
Ya se había tardo en tocar ese tema.
Ruedo mis ojos, aún no puedo creer lo que hizo ese hombre. Está bien que accedí a que pasara tiempo con Julie, pero no a que estuviera cada vez que pueda a mi casa.
Regreso a casa luego de una jornada ardua de trabajo eso y que mi mente no para de pensar en que fue un error aceptar que ese hombre hiciera parte de la vida de mi hija.
¿En qué estaba pensando?
Sé muy bien en que estaba pensando, luego de que cortara de raíz las ilusiones de Serg terminamos hablando de los deseos de mi hija. Bueno, no hablamos mucho de mi hija, pero sí me quedo el tiempo para reflexionar en lo que quiero hacer con mi vida. Estoy consciente de que mi hija cumplirá su mayoría de edad en un par de años y hará lo que crea conveniente.
¿Por qué no apoyarla?
Muchas veces me ha pedido permiso para entablar una relación amistosa con Manson. Muchas veces me negué, pero no pude seguir haciéndolo. Julie no es chica de amistades y me guste o no, sé qué este hombre puede sacarla de esa zona de confort en la que se sumerge. Cada vez que habla o está cerca de ese hombre, sus ojitos brillan de una forma especial.
No pude seguir siendo egoísta.
—Buenas… —dejo las palabras suspendidas cuando me encuentro a dicha persona sentada en mi sofá como si fuera el dueño de la casa—. ¿No cree que está pasando mucho tiempo en mi casa? —suelto con fastidio.
Aparta la mirada de la televisión, sus ojos se concentran en mí y en su rostro aparece una de esas sonrisas que te ponen a temblar las piernas. Me enoja que siga teniendo un efecto en mí.
Me enoja todo de él.
—Julie, lo pidió. —Suelta como si no tuviera importancia.
—No hagan que me arrepienta de mi decisión. —Suelto dejando el bolso en el sofá al lado de mi hija.
—Él me está ayudando. —Suelta emocionada mi pequeña.
Conozco bien el motivo de su emoción, además de Serg, al que ve como un tío, nunca ha tenido contacto con otro hombre que se preocupe por ella. Puedo ver en su mirada el anhelo paternal que desea al ver a Manson, sobre todo porque sabe que estuve casada con ese hombre. Sé que la cercanía y el vínculo que desea con él es porque piensa o siente que él es su padre.
Ojalá pudiera darle una respuesta, pero no puedo, tengo miedo.
—¿En qué? —cuestiono dirigiéndome al refrigerador.
—Con poses de modelaje.
Me sirvo un poco de agua, luego me doy la vuelta para verlo con detenimiento-
—¿No me habías dicho que no estaba de acuerdo con el modelaje?
No es que vaya a dejar que su decisión influya en lo que quiere hacer mi hija, pero me sorprende que esté aquí ayudándole con algo que desde un principio se negó.
—Si no puedes con el enemigo, únete. —Suelta desinteresado.
Asiento dándole la razón.
—Eso he hecho.
—Emma…
—Que no se te haga costumbre eso de estar en casa.
Sin nada más que decir, me doy la vuelta dándoles privacidad.