Capitulo Veintinueve

1780 Words
Emma Camino por la fábrica revisando detenidamente cada una de las costuras que se aplican a los diseños. Este último año hemos venido trabajando con máquinas que ellas mismas se encargan de la costura y el corte, luego de configurarse en la pantalla el diseño que se desea crear. Trato de innovarme lo más que pueda, y es fácil, teniendo la ayuda de mi socia. Lo que me gusta de todo esto, es que no esto no quita empleo, al contrario, genera debido a que se necesita personal, que este pendiente de cada diseño laborado, además de los retoques que se deben de hacer para que todo quede a la perfección. —¿Cuándo tenemos junta…? —habla Ashley. Dejo de observar el proceso de las máquinas para concentrarme en ella. Es una de las chicas más eficientes de la empresa, ella tiene un gran futuro como diseñadora. Con ella estoy logrando realizar parte de mi sueño, darles la oportunidad a nuevas emprendedoras, todo bajo su marca si la tienen y en caso de no ser así, bajo su nombre. —Antes de que viaje. —Aclaro. Ashley parpadea un par de veces como si intentara ubicar en su mente cuando viajaré, pero aún no tengo fecha la fecha exacta y además, no lo he comentado. —¿Y eso es…? —A principios de febrero. —Entonces aún tengo tiempo para finiquitar los últimos detalles de algunos diseños que quiero proponer en la junta. —Susurra esta vez más para ella que para mí. Ashley lleva cerca de cinco meses de estar trabajando para nosotros, dos meses en los que he puesto mi confianza. He luchado contra mis inseguridades para ofrecerle un voto y no me ha defraudado. Ella confía en sus habilidades y yo también confió en ello, pero, aún tengo mis reservas. —¿Quieres mostrarme algo…? —cuestiono al mismo tiempo que vuelvo mi atención a todo lo que nos rodea. Cuatro máquinas que se encargan del corte, otras cuatro que se encargan de la costura. Un alto porcentaje de personas que manipula los detalles de pedrerías, entre otros. Sin observarla percibo con deja salir un suspiro, conozco ese tipo de suspiros, tiene miedo de que le dañe sus ilusiones. Hay personas que piensan que soy muy dura, a veces yo también lo creo. —Aún no está terminado. —Puedo darte algunas ideas. Inicio mi camino hacia donde están haciendo algunos bordados, sus pasos se siente detrás de los míos midiendo cada uno de sus pasos. —¿Tiene tiempo ahora? —suelta posicionándose a mi lado, más segura de lo que esperaba—. Me gustaría contar con su opinión. Una joven, prodigio de veinticinco años, estudio diseño de modas, pero no es fácil abrirse puertas cuando no hay experiencia y nadie conoce las maravillas que ha hecho. Esta es la oportunidad que estaba esperando para darle la noticia de que vamos a trabajar con sus diseños para la próxima temporada. —Termino de revisar… Mis palabras quedan suspendidas cuando el celular empieza a sonar. Trato de ignorarlo, pero la persona que me está llamando parece estar muy decidida a molestarme el día. —Voy a dar una revisada a los bordados de allí. —Informa Ashley dándome privacidad. Saco el celular de mi bolsillo y compruebo quién quiere arruinar mi buena vibra. Nuevamente en el identificador aparece la llamada entrante y joder, no me agrada ver el nombre de mi hermana mayor en la pantalla. Este año quiero una vida tranquila, no quiero personas que me resten en ella. Repaso el lugar con la mirada y sin más que hacer contesto: —Hola. —Emm… —suelta en medio del llanto. No puedo evitar no sentirme preocupada por ella, pero… ¿Esta vez es algo importante?, desde hace más de un año cada vez que me llama siempre es en medio del llanto y todo por cosas tan banales. —Dime, Mina. —Es Bastián. —No deja de llorar y a penas le puedo entender que se trata de mi sobrino. Espero con paciencia hasta que ella decida hablar—. Se calló de un árbol… estamos en el hospital. Me gustaría actuar, preguntarle en qué hospital están, pero siento que esto no es mi responsabilidad. No debo pagar nada, no debo estar atenta a nada, sobre todo porque mis sobrinos no me conocen, solo soy una rebelde que no pudo ser parte de ellos, eso lo deja muy en claro Raphael. —¿Dónde está tu esposo? —hablo luego de un rato de silencio entre las dos. —No contesta. —Con su amante—. ¿Puedes…? Ir, puedo hacerlo, pero yo no soy santa Emma, yo no puedo solucionar cada uno de los problemas con el dinero. Parece que en los últimos años soy su caja fuerte y no puedo seguir siéndolo, ella está con su esposo, él tiene responsabilidades que no va a seguir poniendo sobre mis hombros. Todo sería diferente si fuera soltera. —Trataré de comunicarme con Raphael. —Emm, ven por favor… Casi siento en mi cabeza la voz de Julie diciéndome que no tengo ningún tipo de responsabilidad, que ellos solo me buscan cuando me necesitan, pero nunca por voluntad propia. —Lo siento, Mina, pero estoy en una reunión. —No puedo evitar sentirme mal por mentirle, pero… —. No olvides mantenerme al tanto. Sin darle tiempo a nada, simplemente cuelgo. Una estúpida lágrima desciende por la esquina de mi ojo, me siento impotente por darle la espalda, pero estoy cansada de ser la salvación. No soy Dios, no soy nada más que una persona normal, con una vida un tanto normal. Con disimulo limpio la lágrima y decido que me voy a concentrar en lo mío. —¿Cuándo llegan las tres máquinas de diseño para borde? —cuestiono al encargado de inventario. —Posiblemente en los próximos tres días. —Aclara. Asiento con la cabeza y sin más que hacer en esta área regreso a la oficina. Reviso cada una de las invitaciones a eventos, luego continuo con mi labor de revisar la documentación necesaria para un concurso en el que de verdad quiero ingresar a cierta persona, pero tendré que ver como se desempeña. Tengo un par de candidatas que son muy buenas en la parte creativa. —¿Estás…? —cuestiona mostrando solo la cabeza por la puerta. Pensé que se había retractado. —Entra. Sus pasos son seguros, sus hombros rectos, su cabello cobrizo rizado, sus ojos verdes con toques miel y algunas pecas en su rostro la hacen ver como una diosa. Quizás ella no lo sepa, pero incluso yo la contraria como modelo de no ser que sé cuál es su talento. No he tenido la oportunidad de verla mucho, pero cuando estoy cerca de ella siento que por su mente pasan muchas, percibo que tiene un cerebro pensador, pero no hay brillo en sus ojos, ese brillo de vida emocional que alguna vez tenemos. Es como si esos ojos tuvieran sus emociones escondidas en una caja fuerte. No es muy expresiva, rara vez, deja ver algo de timidez. Ella le hace juego a su cabello, Ashley, es fuego. —Aquí hay algunos de mis diseños. —Los pone encima del escritorio. Y como una curiosa nata recorre la oficina, normalmente nos vemos en la sala de juntas o en la fábrica, no aquí—. Son los más completos… Tomo la carpeta e inicio a darle mi visto. No soy la mujer más creativa, pero soy buena dando críticas constructivas. Me gusta lo que veo, tres diseños, un vestido casual, un vestido de gala y un traje de una pieza. —¿Estos son los terminados…? Sacude la cabeza. —Siento que aún le faltan detalles, pero… —Estás estancada. —Completo por ella. Asiente en respuesta—. El vestido de gala está muy bien diseñado, en los bordados debería llevar un poco de pedrería, me gustan los colores, pero deberías jugar un poco con ellos, este verde con un dorado en la cintura realzaría la belleza de la quien lo use. —Parece pensarlo y vuelve asentir—. El traje de baño me gusta, no le cambiará nada, en cuanto al vestido casual, ¿Qué sientes que te falta…? Se muerde el labio. —Estaba buscando que fuera algo veraniego, pero… —Puede ser posible, pero los bordes y las golas de la cintura para abajo deberían cambiar. —Vuelvo a revisar el diseño—. Pero podrías dejarlo tal como lo tienes, solo modificar los bordes finales y ya, el resto se podría resolver al buscar las telas. Asiente repetidas veces, y esta vez veo una sonrisa muy sincera. —Gracias. —Toma los bocetos en sus manos—. ¿Será que si lo muestro en la junta lo aprueban? —tiene buenas posibilidades. —Esperemos hasta ese día. —Vuelve asentir, sin opacar esa sonrisa. Bajo la mirada hacia los papeles que estuve viendo y lo primero que se deja ver es el concurso, no puedo quitarle oportunidades a los demás. Tomo el folleto y se lo paso—. Es un concurso de diseño, el ganador será llevado a Estados Unidos, su diseño será realizado en una excelente boutique, si deseas, puedes aplicar, ahí están todos los requisitos que necesitan. También aparece la página por si deseas investigar a fondo. Recibe el papel mirándome con sorpresa, el peso de sus pies cambia de uno al otro. Parpadea varias veces como si fuera un tic nervioso y emocional. —¿Gracias…? —Me lo preguntas o me las das. —Suelto enarcando ambas cejas. —Se las doy. —Suelta en medio de una risa muy nerviosa—. Yo… Ahora parece que tuviera deseo de llorar. —Siéntete libre de expresarse. —Hablo poniéndome de pie y eso la toma aún más por sorpresa—. Todos nos expresamos de distintas formas, unos lloramos de la emoción, otros gritan, y otros solo se muestran como si el mundo no les importara, pero se siente bien consigo mismo. Pasa sus manos por el rostro y luego se abanica los ojos con una de ellas. —Es algo difícil recibir apoyo con esto, yo… Parece que hoy es un día muy emocional para ella. —Tienes un don en tus manos y cerebro. —Se lo agradezco. Asiento y la veo salir de la oficina. Me muerdo la lengua por no preguntar lo que me quería decir, prefiero continuar como hasta ahora. Siendo la cabeza de la empresa que las ayuda a escalar profesionalmente, nada más que eso.
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