Ahora cada vez que la veo solo pienso la forma en saciarme de ella. En lo bien que le queda cada prenda que se pone, en lo maravilloso que le queda aquel corte y en las maravillas que haríamos estando en un cuarto solos. Mis ojos la buscan cuando sé que está cerca y, sobre todo, siento esa tensión s****l expandirse por todo mi cuerpo.
—¿Cuál es el consejo que esperas que te dé? —deja la niña en el suelo para que haga desastres con algunas pinturas.
—¿Tengo una oportunidad con ella? —esa no era la pregunta.
En realidad, no sé qué preguntar.
Cam me mira como si tuviera dos cabezas.
—¿Has olvidado que ella te engaño?
—No. —Suelto sin pensar.
—¿Por qué quieres una oportunidad con ella si aún no has olvidado que te engaño? —lo único que puedo darle silencio porque no sé. Sé que quiero estar cerca de ella, en realidad, estoy seguro de que quiero tener algo con ella, pero luego viene el recuerdo de su traición y mi deseo desaparece—. Tienes que decirme lo que sientes porque sinceramente no sé leer mentes.
Paso mis manos por mi cabello en señal de mi desesperación, juro que sería capaz de dañar todo en esta habitación.
—Es que no lo sé.
—¿Aun continuas con la idea de acercarte a ella para vengarte?
—Nunca tuve esa idea. —Vuelvo a mentir referente a eso.
Sacude la cabeza mirándome con burla.
—Mientes muy mal, Mey.
—Quiero que tengamos una relación sana por el bien de Julie. —Doy una respuesta al azar porque sé que con ella todo será profundo y no quiero una amenaza de su parte.
Su forma de analizarme me intimida porque siempre que lo hace termina por hacerme entender que soy un idiota que no piensa nada.
—Siempre me he preguntado, ¿Por qué quieres estar cerca de esa niña si no es tu hija? —que lo diga Cam me hace temer, quizás Emma nunca me ha mentido.
—Hay una probabilidad de que sea mía.
Por un segundo veo la confusión en su rostro, pero desaparece tan rápido que creo que es una alucinación de mi parte.
—¿Aún no has escuchado la versión de Emma?
—¿Qué versión?
Sacude la cabeza.
—Olvídalo. —Suelta con pesar.
¿Y ahora que he hecho mal?
¿Acaso se trata de que escuche a Emma?
—¿Y el consejo…?
—Me lo reservo. —La miro extrañado, no suele callarse—. No me mires de esa forma, no puedo decirte algo cuando es tu vida. Lo único que te diré es que no la lastimes, Emm es de esas mujeres que se merecen el cielo a sus pies.
—No ayuda mucho.
—No es conmigo con quien debes hablar, es con ella. Si te sientes atraído sexualmente, pues ve búscala y dile que quieres una noche pasional.
—¿Crees que me la dará? —suelto obvio.
Sonríe de lado, pero no es una sonrisa verdadera, es más bien como de pesar, como si supiera algo que yo.
—Cada cabeza es un mundo.
—Cam, no estás ayudando.
Por un mini segundo veo enojo en su mirada.
—¿Quieres que te sea sincera?
—Eso es lo que estoy pidiendo.
Llevo la mirada a la pequeña quien va hacia la colchoneta supongo que a molestar a su hermano. Se nota que el pequeño no tiene que ver con los Fonseca, es un niño tranquilo de carácter débil, por suerte se parece mucho a René.
—Eres un idiota. —Empezamos bien—. Si fuera Emma hace un buen rato, te hubiera quitado lo que tienes en medio de las piernas. Eres un idiota que no sabe lo que quieres. Deseas estar cerca de esa niña porque tienes la sospecha de que es tu hija, pero nunca te has atrevido a hacerle la prueba de ADN. Lo peor de todo es que no te atreviste a darle la oportunidad a Emma de explicarse, solo tomaste lo que viste y ahora quieres estar cerca de ella sin saber la razón, quieres hacer como si el pasado no existiera.
—No estoy olvidando el pasado.
—Oh. —Suelta rodando los ojos al mismo tiempo que me da una mirada mortal—. Si el señor, no ha olvidado el pasado, entonces porque la busca.
—¿Por qué tengo que olvidar el pasado? ¿Acaso los actos no hablan por sí solos?
Sacude la cabeza mirándome con tristeza.
—No siempre hablan por sí solos. Recuerda lo que paso con madre de Eliot. —Sí, resulto embarazada y René no tuvo nada que ver con ella—. ¿Acaso alguna vez pensaste en que el equivocado fuiste tú y no ella?
Siempre la he visto como la culpable.
—Yo…
—¿Qué pasaría si descubrieras que Julie no es tu hija?
—Yo…
Sacude la cabeza en resignación.
—Ahora si me disculpas debo terminar mi trabajo porque mis pequeños retoños están que se ponen en plan intenso. —El pequeño Eliot ha empezado a llorar.
—Gracias por escucharme.
No me gusto el tono en el que me hablo, menos la resignación en su voz. Es como si fuera un caso perdido; la conversación me sirvió para comprender que solo me atrae sexualmente, pero… no me siento muy a gusto o satisfecho con la conversación.
—En cuanto a la misión, cuidado con esa mujer.
No estoy sorprendido porque sepa de la mujer, lo estoy porque me está dando un consejo de mi trabajo.
—¿Qué mujer?
—Recuerda el objetivo de tu misión.
Entiendo sus palabras.
—¿Ahora me vas a decir como debo hacer mi trabajo? —suelto, molesto.
Enarca ambas cejas mirándome con incredulidad, supongo que por mi tono de voz.
—No necesito decirte que hacer en tu trabajo, eso lo sabes muy bien. —Reconoce—. Pero si voy a decirte que tengas cuidado con lo que haces, porque si tu plan es lastimar a cierta mujer interactuando con tu objetivo déjame decirte que tomaré cartas en el asunto y no te gustará lo que haga. —Sentencia.
Ahora soy yo quien arquea ambas cejas.
—¿Y quieres que tenga miedo…?
Sonríe de lado, pero esa sonrisa no la había visto.
—Dejémoslo a la expectativa.
Recuerdo muy bien quién es mi objetivo y no porque ella me lo diga. No importa quién fue esa mujer en su momento, ahora solo es alguien que me ayudara a cumplir con mi misión. Quizás eso me ayude hacer mi trabajo.
Sin nada más que decir, me marcho.
No pienso hacerme enemigo de ella por eso.
¿Por qué todos protegen a esa mujer como si fuera santa Emma?
[…]
Debería estar en el apartamento descansando, pero desde hace un buen tiempo mi mente solo divaga y la única manera de calmarlo es estando en un bar mientras le doy gusto a mis ojos y a mi garganta bebiendo algo fuerte.
—¿Y hoy estás aquí por…? —se sienta a mi lado sin esperar una invitación.
Si fuera otra persona me molestaría, pero ella creo que ya lo hace adrede.
—Estoy de cacería.
—Oh… —hace señas para que le traigan un trago—, yo también lo estoy.
Ruedo los ojos acomodándome de lado en el asiento para verla a la cara. Esta vez no tiene ninguna peluca, solo es su cabello natural, desde que se convirtió en una mujer se viste de una manera muy llamativa que muchas veces me metió en problemas por protegerla y sí, quizás tuvo que ver algo mi lado celoso.
—¿Ya le echaste el ojo a alguno…?
Sacude la cabeza quitándome el trago de la mano para dar un sorbo mientras espera el suyo. No puedo evitar sonreír al ver su mirada seductora no apartarse.
—Ya.
—¿Y…?
Sacude la cabeza entregándome el trago.
—No eres tú. —Suelta con burla—. Estaba aburrida en casa, así que vine por algún trago y algo de diversión. —Ahora si bebe del reciente trago que le han traído—. Debo suponer que estás tan melancólico por tu ex esposa. —Es una afirmación.
Ruedo los ojos no perdiéndome ningún detalle de ella.
—Te habías tardado.
—¿Cuestionarte acerca de tu matrimonio fallido? —cuestiona con burla—. ¿O tus revolcones con la hermana de tu ex esposa? —justo en la herida.
Pido otro trago y espero en silencio hasta que lo dejan a mi lado.
—No sabía que era su hermana. —Confieso.
Suelta algunas carcajadas demasiado falsas.
—¿Y piensas que te creo? —la burla nunca la abandona—. ¿Qué sentirá la famosa diseñadora Emma Briand, cuando descubra que su ex pareja se acuesta con su hermana, la que él asegura que no sabía que tenían vínculo?
Suena horrible.
—No tenemos nada por lo que no tendría que importarle. —Muevo los hombros restándole importancia—. A ella no debe importarle con quién me involucre.
Asiente bebiendo nuevamente de su trago.
—¿Antonio sabe que te casaste con ella?
Mi padrino fue mi testigo.
—¿Le vas a decir…? —arqueo una de mis cejas mirándola con diversión.
Sus ojos recorren el lugar por unos buenos segundos dándome un poco de silencio. Luego se concentra en mí y sonríe como yo fuera un payaso.
—Como si fuera una soplona.
El plan era beberme algunos tragos y marcharme a casa, pero aquí estoy, con dos botellas vacías y una excelente compañía.