A partir de este momento empezaré hacer las cosas bien o por lo menos trataré de hacerlo. Cuando hablo de hacer las cosas bien es recibir el consejo de una persona que mira todo con ojo crítico, es una persona que me hará abrir los ojos si tengo alguna venda en ellos.
Sé que ella no tendrá consideración conmigo si he hecho algo mal.
¿Cuándo tiene consideración con los demás?
Ni siquiera con su hermana, eso es un tema aparte, su relación es buena, pero hay algo que cambio desde el día que ella decidió casarse con la persona incorrecta, es decir, con la única persona que no debía casarse.
A veces pienso que todos ellos están locos.
—¡Lindo! —señalo el cuadro con la mirada.
Sus ojos se apartan de la pintura deteniéndose en mí. Su mirada analítica me recorre como si fuera una máquina de rayos X. Ya no me sorprende viniendo de ella.
—Hola. —Sonríe al mismo tiempo que se pone de pie. Toma un pequeño trapo de tela para limpiar sus manos—. Donde hago la raya de tu visita a mi estudio.
Recorro el estudio con la mirada y me gusta lo que veo.
Es la primera vez que estoy aquí.
Es un cuarto ni tan pequeño ni tan grande, lo suficiente amplio como para tener una mesa amplia donde reposa algunos de sus trabajos y un portarretrato donde sale ella con sus hijos y su esposo.
En la pared tiene colgado algunos cuadros hechos por ella misma. En la esquina tiene una colchoneta inflable donde duermen los niños.
—Está muy bien organizado.
—Eso lo sé. —Se dirige a la mesa, toma dos vasos y sirve un poco de agua en ellos—. ¿Entonces…? —cuestiona entregándome un vaso de agua, el cual recibo.
Ruedo los ojos.
—¿Siempre tienes que ir directo al grano?
—Sabes que esa soy yo, pero si no quieres puedes ir con Cris. —Se encoge de hombros al mismo tiempo que bebe algo de agua—. Aunque dudo que sea mi cuñada a quien necesites.
Ella siempre aplicando el jaque mate.
—Se trata de Emma.
Cambri arquea una de sus cejas mirándome de una forma extraña que incluso me intimida un poco. No es que me vaya a hacer algo, pero es imposible no sentir un poco de temor, es como ver a Kimberly.
—¿Hiciste lo que te dije que no hicieras, verdad?
—Podrías tenerme un poco más de confianza. —Suelto tomando la foto familiar repasándola con la mirada—. ¿Por qué siempre esperas lo peor de mí?
Es raro eso de hablar con una persona más joven que tú sobre temas personales, digo ella es la menor de mis amigos y siempre que tengo un inconveniente acudo a ella, debería ser con Cris que es la más sensible de todas. Pero estando como me encuentro emocionalmente sé que la ayuda que necesito es la de Cam.
Una persona que no piense tanto con el corazón sino con la razón.
Sonríe mirándome con cariño.
—No espero lo peor de ti, es solo que es más fácil pensar en lo peor.
—¿Por qué?
—Porque si piensas en lo peor cuando te llegue lo mejor te sorprenderás.
—Entiendo.
Asiente regalándome una sonrisa llena de picardía.
—Aunque bueno, viniendo de ti sea lo que sea, no puede sorprenderme.
Créeme cuando digo que podría sorprenderlas a todas.
—¿Me vas a escuchar? —cuestiono dejando la foto en su lugar.
No soy una persona que envidie la vida de los demás, pero sí envidio a mis amigos. Incluso ella, siendo tan joven, encontró lo que yo anhelaba, amor. Nunca ha sido un secreto para mí que deseo una familia a la que pueda proteger y amar. Una familia muy distinta a la que termine teniendo.
Debe ser esa la razón por la que los protejo a ellos.
—Adelante. —Señala para volver a sentarse frente al cuadro y empezar con lo suyo nuevamente—. Empecemos con el inicio. —Inicia con su labor de pintar.
Tomo asiento en una pequeña butaca, una parte de mi trasero queda por fuera, pero puedo sostenerme en ello. No puedo, no dejar de verla, se siente como un pez dentro del agua haciendo lo que le gusta.
—Emma me ha permitido pasar tiempo con Julie.
Levanta la mirada y deja su pincel aun lado prestándome verdadera atención. Ha entendido que voy en serio cuando he dicho que quiero hablar.
—¿Y eso…?
—¿Podemos ir a otro lugar?
No me siento muy a gusto aquí, preferiría estar en un bar con una copa en la mano para sentirme un poco más relajado, sobre todo cuando tengo encima la mirada azul de Cam. La garrapata me enseño muy mal, siempre que nos vemos, vamos por un par de tragos.
—Estoy con mis hijos. —Recuerda.
Claro, como voy a llevarla a un bar con los niños.
Soy la única persona que no tiene responsabilidades.
—Estoy confundido. —Después de tanto tiempo he dejado salir parte de mis temores—. Cada vez que la tengo cerca solo puedo pensar en protegerla, cada vez que mis ojos se encuentran con los de ella, pienso en la vida que tuvimos, mi corazón se acelera cuando la tengo cerca, yo…
Recuerdo la promesa que le hice.
—Quieres decirme que ella todavía te interesa. —Afirma Cam mostrándose relajada mientras se mueve en la silla redonda que utiliza para pintar—. Dime algo que no sepa.
Frunzo el ceño, confundido.
—¿Qué?
—Desde que volviste cada vez que ambos están en un lugar, tú la terminas buscando, no te pierdes ningún movimiento de ella. —Su mirada va hacia los niños que duermen plácidamente—. No sé qué es lo que sientes por ella, pero sí sé que ella todavía te interesa, lo que no logro entender es de qué forma.
¿De qué forma me interesa, Emma?
—No lo sé. —Susurro.
—Vamos a descubrirlo. —Suelta como si fuera una psicóloga.
La observo extrañado por su repentino cambio de humor. No me sorprende que sea más expresiva, que sea más cariñosa, que use otro tipo de ropa más normal, incluso que diga malas palabras de vez en cuando.
—¿Cómo?
—¿Por qué te diste cuenta de que la amabas?
Inhalo con fuerza viajando al pasado, la primera vez que la vi me llamo la atención que no bajo la cabeza, que no suplico ayuda, su mirada era de una guerrera que, aunque termine mal, demostrara de que está hecha. Cuando empezamos a tratar descubrí que era una mujer encantadora y con muy buen corazón, ella hacía mi ambiente relajado, me hacía sentir en confianza, me daba paz y me inspiraba a protegerla de todo.
A pesar de que todo fue rápido, ella me hizo vivir, encendió la llama que creí que se había desvanecido.
—Porque solo podía pensar en ella.
Sacude la cabeza mirándome mal.
—Busca más en el fondo. —Me incita moviendo las manos de arriba abajo.
—Porque me escuchaba, porque me hacía sentir que le importaba, porque me traía paz cuando estaba con ella, no había día que no deseara verla.
—Mejor.
—¿Y ahora? —cuestiono impaciente.
—Ve con una psicóloga. —Tenso mi mandíbula y no es porque tenga algo en contra de ir con el psicólogo, es porque me recuerda a la última mujer que termine hiriendo—. Estoy bromeando.
Asiento dirigiendo mi mirada a los pequeños, Colette ha empezado a gruñir mientras pasa sus manos por los ojos.
—¿Entonces…?
—¿Ahora que te atrae de ella? —cuestiona poniéndose de pie.
Se acerca a su hija tomándola en los brazos, revisa a Eliot y vuelve al asiento. Es interesante como su pequeña ha dejado de intentar llorar cuando Cam la ha tomado en sus brazos. Las manos de Cambri pasan por el cabello de la pequeña intentando dormirla nuevamente.
—Cada vez que la veo no puedo evitar pensar en ella… —decir esto se siente vergonzoso porque ella es como otra hermana.
—En lo preciosa que es y en las maravillas qué harías en la cama con ella, ¿No? —cuestiona divertida ahora jugando con las manos de la pequeña, quien se niegue a dormir nuevamente.
Ok, debí buscar ayuda, por otro lado.
—Cam…
Ella rueda los ojos.
—Tengo dos hijos y no fueron traídos por la cigüeña. —Recuerda.
Me sorprende la facilidad con la que acepto ser la madre de ese pequeño. Siempre que nombra a su hija también habla de su hijo y me sorprende porque sé quién es la madre del bebe. Soy consciente de que no tiene la culpa de quién es su madre, pero luego de lo que hizo esa mujer no esperaba que lo acogiera como su hijo.
Ella, a diferencia de los demás hermanos, sigue teniendo algo de bondad por lo demás, a pesar de la sangre que han derramado sus manos, es una mujer con un buen corazón. Todos en esa familia lo son, pero los demás son fríos.
¿Yo podría aceptar un hijo que no es mío? ¿Y si Julie no es mi hija?
—No tienes que recordarme que estás casada.
Es imposible olvidar cuantas veces Kimberly intento emparejarnos.
—¿Y entonces solo sientes atracción s****l o hay algo más?
—No lo sé. —Suelto en un susurro.