Son solo conclusiones a las que acabo de llegar. En realidad, ni siquiera sé por qué no lo he hecho.
Supongo que es porque quiero pensar que además de Lucie tengo otra razón para mantenerme vivo, si pienso que Julie es mi hija. Ella es la razón por la que no me dejo caer en el abismo por el que paso todos los días.
—¿Quieres que lo haga? —entrecierro los ojos observándola.
—Haz lo que se te dé la gana, Richards.
Continúa a la defensiva.
—Lo haré.
Asiente dejando escapar un excesivo suspiro de molestia.
—Bien.
—¿Solo eso? —no puedo evitar mostrarme sorprendido.
—¿Qué más quieres?
Siempre que hablamos de la prueba de ADN se vuelve agresiva y se niega hacerla.
¿Acaso es cierto que no es mi hija?
¿Por qué ahora no se niega?
—No lo sé. —Suelto asustado.
Nunca nada me ha asustado en el mundo como considerar o hacerme a la idea de que esa chica no sea mi hija.
Pasa las manos por su cabello rubio platino, luego las mete en el bolsillo de su chaqueta pareciendo segura de sí misma al mismo tiempo que se muestra relajada. Su mirada recorre todo nuestro alrededor, para luego concentrarse en mí.
—Quieres estar cerca de Julie, bien.
No puedo evitar mirarla con sorpresa.
Hoy no es el día de los inocentes.
—¿En serio?
—Ella es quien decide, pero escúchame bien Richards, la haces llorar y juro que te corto tus extremidades. —Advierte señalándome con su dedo índice.
Por fin, después de tanta lucha, ella me ha aceptado.
El que persevera alcanza.
Por instinto, intento ir hacia ella y envolverla en mis brazos en agradecimiento a su acción, pero marca la distancia retrocediendo. Vuelvo a mi puesto, sintiéndome idiota.
—Gracias.
Sacude la cabeza sin dejar de verme como si fuera una escoria.
—No me agradezcas, lo hago por mi hija. Eso sí, ten claro que vas a estar cerca de ella, pero de mí mantienes tu distancia, si es posible ni siquiera me cruces la palabra y mucho menos te atrevas a mirarme.
—Emma…
—No hay más que decir.
Lo logré, pero no me siento satisfecho…
Se da la vuelta intentando marcharse, antes de que se marche la tomo del brazo, deteniendo sus pasos. Su piel es más suave de lo que recuerdo, el viento trae consigo el olor de su perfume. Esto es una tortura, últimamente, me siento muy interesado en todo lo que tenga que ver con ella.
—¿A dónde vas?
—A un lugar donde no tenga que ver tu rostro.
—Emma, dame una oportunidad. —Suelto sin pensarlo.
¿Por qué le estoy pidiendo una oportunidad cuando ha sido ella quien me fallo? ¿Por qué ahora que estamos solos, nada más siento el deseo de besarla y…?
—¿Oportunidad para que…? —cuestiona sin dejar la seriedad de lado—. ¿Para hablar? ¿Para qué me engañes? —no puedo evitar mirarla con sorpresa—. Lo he visto en tus ojos, conozco tus intenciones y si lo que quieres es vengarte cambia de plan.
—Nunca he considerado tal cosa. —Miento como un cobarde.
—Mírame a los ojos fijamente. —Me está retando, ella conoce la respuesta en mis ojos—. No eres capaz de hacerlo porque sabes muy bien que tengo la razón.
En la terraza del segundo piso del desfile vi a mi Emma, a la mujer vulnerable, débil, que me suplicaba porque la dejara en paz. Al contrario de ahora, esta Emma no suplica, sino que deja las cartas sobre la mesa y no sabría decir cuál de las dos me gusta más.
—Quiero que tengamos una relación buena por Julie.
—A mi hija no la metas en esto. —Advierte.
—Emma…
—Julie, no es ningún medio para que te acerques a mí. —Me gustaría decir que es narcisista pensar eso de su parte, pero… —En cuanto a la oportunidad. ¿Me diste la oportunidad de explicarme cuando te suplique? —le doy mi silencio—. Entonces no pidas oportunidades.
—Te estoy dando la oportunidad de que hables. —Eso no sonó muy bien.
Esto es lo que quiero, he pasado seis largos años huyendo de una verdad. Ahora la quiero escuchar, sé que puede lastimarme, pero nos merecemos esto, nos merecemos dejar el pasado por la paz.
Sonríe con cinismo y pasa su mano libre por su corto cabello.
—Ya no quiero. —Aparta su brazo de mi agarre con fuerza como si mi toque le provocara asco—. Dejemos esto por la paz, haz como si no me conocieras y yo haré como si no te conozco.
—Estamos en París.
Sinceramente, hoy mi cerebro no está funcionando.
—¿Y eso que tiene que ver?
—Regálame esta noche y luego…
—Adiós señor, Richards. —Me corta.
Antes de que lo piense se marcha.
Hasta este momento caigo en cuenta en lo idiota e infantil que he sido.
¿Acaso no he madurado?
¿Por qué le pedí una noche?
Emma solo es una parte de mi pasado, uno que aún no he podido superar, quizás solo deba dejar que las cosas fluyan sin ningún tipo de malicia por Julie. Debería superar el pasado y dejar de cavilar en la forma en la que me las cobraría.
[…]
Los días pasan y yo continuo en mi misión.
Luego de un par de semanas regreso a Metz y lo hago por ella porque es momento de que disfrutemos la oportunidad que su madre nos ha dado.
Diría que fue fácil conseguir el permiso de Emma, pero no lo fue. Fueron años de lucha para que ella me permitiera compartir con Julie. Estoy seguro de que ella tiene que ver con la decisión que tuvo su madre.
¿Por qué quiero estar cerca de ella si Emma me daño?
Porque los niños no tienen la culpa de nada, porque quiero suponer que ella forma parte de mi familia, porque no quiero sentirme tan solo, quiero un motivo por el que desee cambiar tal como lo han hechos mis amigos.
—Manson. —Saluda Julie con una sonrisa corriendo a mí.
Me aparto del auto acercándome a ella.
—¿Cómo estás, pequeña?
—Me tenías olvidada. —Suelta entregándome la mochila.
Si hace años que paso a verla, es nuestro secreto.
Desde que descubrí que es hija de Emma he intentado ganarme su confianza porque como ya he dicho muchas veces quiero creer que hay algo que nos une.
Soy masoquista.
Tengo entendido que aún no han entrado a clases, sino que están en un curso intensivo para recuperar algunas materias en las que quedaron atrasados, el pasado año, eso me dijo ella y confió en lo que esta pequeña me diga.
—Nunca olvidaría a una chica tan guapa como tú.
Suelta la carcajada al mismo tiempo que niega con la cabeza.
—Esas palabras dejémoselas a mamá.
Arqueo una de mis cejas mirándola con burla.
—¿A tu madre le gustan?
—No lo sé, dímelo tú. —Su mirada va hacia atrás.
Sé que teme que su madre me vea con ella y no porque Emma arremeta contra ella, las consecuencias siempre las sufro yo. Julie ha sido testigo de los desplantes que su madre me ha hecho.
—Depende de las palabras que le diga. —Suelto divertido.
—¿Qué haces aquí?
—Vamos por un helado. —Señalo el coche con la cabeza.
Julie abre los ojos en sorpresa al mismo tiempo que niega.
—Lo mejor es evitar problemas con mamá.
—Tu madre me ha dado permiso. —Suelto acariciando su cabello igual que el de su madre cuando la conocí, es más bien al color de su tía.
Sus ojos toman un brillo de emoción.
—¿Estás bromeando?
Niego.
—No.
A pesar del tiempo que compartimos, ella nunca me ha abrazado o dado algún beso. Ella es cariñosa, pero sin caricias. Me recuerda a su madre, Emma era de esas personas que demostraban su cariño por medio de miradas y de actos, pero no de caricias.
¿Acaso Emma me quería?
Con esa mujer ya no se sabe qué creer.
—Si me mientes juro que se lo diré a mamá. —Suelta al mismo tiempo que me abraza—. Mejor me encargo de acribillarte por crear problemas. —Medita.
Me siento afortunado por su abrazo.
—Entonces sería privilegiado. —Bromeo.
Nos dirigimos a la heladería, luego de comprar un par de helados vamos hacia un parque cercano donde ella me cuenta todo lo que ha hecho en este tiempo que no nos hemos visto. No es todo, pero sí lo suficiente como para decir que me tiene confianza.
—La próxima semana iré a una sesión fotográfica.
—¿Sigues con la idea de ser modelo?
Esa idea no me gusta en lo más mínimo, no quiero que en un futuro millones de hombres se acaricien pensando en ella. He visto que eso de ser famoso destruye la vida de ellos mismo, siendo el objetivo de críticas y opiniones negativas, pero también…
Sí, estoy comportándome como un padre celoso.
Ya estoy dando que soy su padre.
—Sí.
—¿Lo sabe tu madre?
—Mamá me apoya en todo.
—No me gusta eso de modelar.
—Mans… —hace unos pucheros—. Es lo que me gusta hacer.
—No estoy de acuerdo.
Asiente comiendo su helado.
—Por suerte mamá, si lo está.
—¿Qué quieres decir con ello?
Sonríe con suficiencia.
—Que lo que mamá diga es lo que importa. —Se encoge de hombros.
Aprieto mi mano libre con fuerza.
¿Y si es mi hija?
También tengo derecho de opinar en su vida.
—¿Y el estudio…?
—Mamá me dijo que podría modelar mientras no descuidara eso, ya sabes, mejores notas. —Por lo menos Emma ha sido racional con eso.
—Bien. —Asiento con la cabeza—. Te llevo a casa.
Cuando volví a mi tierra natal tenía la idea de comerme el mundo, pero ahora, solo soy un hombre que no sabe qué hacer con su vida, soy un hombre con tantos deseos, pero también con miedos.
Julie me observa con los ojos entrecerrados al mismo tiempo que se pone de pie.
—¿Estás molesto?
—¿Por qué lo estaría?
—¿Entonces porque nos vamos tan rápido?
Me pongo de pie pasando mis manos por su cabello.
—Tengo trabajo. —Dejo un beso en su frente.
Iniciamos nuestro viaje a su casa.
Luego de tantos años he descubierto donde vive mi ex esposa, una casa sencilla para una mujer que tiene millones en la cuenta.
—Nos vemos después. —Se despide sacudiendo la mano.
La veo perderse dentro de la casa.
Luego de un par de minutos me marcho de allí encaminándome hacia mi cita, no es una cita, pero sí es el único lugar en el que me pueden ayudar a calmar mis pensamientos.