Capitulo Veinticinco

1598 Words
Manson Nunca he sido muy supersticioso a eso de las casualidades y cosas del destino. Sin embargo, el paso de los años me ha llevado a tener un poco más de fe en ello. No obstante, aún creo que el destino cada uno se lo labra, pero también creo que hay razones de fuerza mayor por la que terminas coincidiendo con personas. Desde que me marche de aquí, jure que nunca más la volvería a ver, pero fue nada más volver a poner un pie en este territorio para que me encontrara con ella. Recuerdo el día que la volví a ver. Metz tiene muchas cafeterías, pero ninguna como aquella. Es de un ambiente tranquilo, turístico y al mismo tiempo rústico, es una cafetería con aspecto campestre, está alejado de la ciudad con dirección a Estrasburgo. Me encantaba porque al estar rodeada de naturaleza podía sentirme un poco más humano. Tanto matar personas me hace sentir que no soy humano. Ahora que estoy aquí, como todo siento que ha cambiado, ya no es igual, incluso ahora se siente algo de frialdad y elegancia. Estando aquí no puedo evitar pensar en nuestra boda, en recuerdos, que fueron una ilusión. ¿Por qué continúo matándome la cabeza en una persona que me lastimo el corazón?, a veces solo somos masoquistas. —Buenas tardes, señor. —Saluda un chico. Han pasado seis años, es casi imposible que sean los mismos que estén atendiendo. Incluso el lugar es distinto, juraría que su dueño quemo el lugar para construir otro muy diferente, es como si hubiera renacido de las cenizas. Sigue siendo campestre, pero ahora con un poder de elegancia sobre natural. —Buenas tardes. —¿Desea una mesa? Incluso puedo ver como utilizan diferentes métodos de atención. Asiento en respuesta. —Por favor. El chico me acompaña a una mesa individual, hago mi pedido y se marcha. Estuve aquí millones de veces, antes de ella, con ella, pero después de ella no lo he hecho. Es mi oportunidad de demostrar que es parte de mi pasado, un pasado del que no quiero saber nada, después de todo el establecimiento es diferente, al igual que yo. Todos cambiamos. No sé cuánto tiempo pasa para que la campana de la puerta suene. Un nuevo cliente. Desde que estoy sentando, media hora, supongo, esa bendita campana no ha dejado de sonar. Deber ser porque esta cafetería se encuentra en un punto donde quienes viajan deciden tomar un descanso, además, creo haber escuchado que tiene una parte de turismo. Como curioso y persona precavida que soy levanto la mirada, tal como lo he hecho anteriormente. Trago con fuerza cuando mis ojos se encuentran con una mujer de un cuerpo natural, no es un cuerpo de esos de revista, es un cuerpo que muchas noches vi y que, aunque tenga ahora una cintura marcada, un nuevo traje elegante lo reconocería donde fuera. Quisiera decir que verla no provoca nada en mí, pero sería una mentira, mi estúpido corazón se mueve tan rápido como si estuviera en una carrera. Mis manos se mueven por voluntad propia. ¿Hace cuanto no me sentía de esta forma?, no soy capaz de mirar a otro lado que no sea donde ella está. De su mano derecha lleva agarrada la mano de una niña, la pequeña se siente tan a gusto que sonríe emocionada. Ambas sonríen con complicidad, mientras toman asiento en una de las mesas que dejan ver la parte alta del mirador. —Aquí tiene la cuenta. —Habla el muchacho trayéndome de regreso. ¿Es ella? Pago y me levanto. Ella no me ha visto, por lo que veo eso como una oportunidad para acercarme un poco para confirmar si es ella. Ahora que estoy cerca de ella lo confirmo, pero al igual que todo lo que tuvimos ella cambió. Su porte es más elegante, su sonrisa es más forzada y en sus ojos hay un poco de fiereza, incluso veo desconfianza. Ese día me marché como si hubiera robado en esa cafetería. Evite que me viera, pero luego nos volvimos a encontrar, en cada lugar al que iba nos encontrábamos como si fuera una maldición, no me gusto, fue cuando la vi en la mansión Mancini porque eso quería que nos veríamos con más frecuencia. Pero cada vez que la veía no podía evitar pensar en lo mucho que había cambiado. Las personas cambian y he tenido que ver a muchas personas en ese proceso. Yo pasé por ese proceso y juro que dolió tanto que muchas noches las pesadillas me lo recuerdan. Soy humano, tengo conciencia. Puedo sonar como un idiota, pero me hubiera gustado que Emma no cambiara, tenía una sonrisa tan natural, un aura tan tranquila y relajada, un cuerpo tan sencillo que a pesar de su excesiva delgadez tenía algo que me volvía loco. Esa mirada tierna me hacía sentir que le importaba, esa naturalidad en ella al hablar, esa solidaridad con la que trataba a los demás. Sin embargo, una gran parte de lo que me mostró desapareció. A veces me pregunto: ¿Actuó todo? ¿Cómo una persona puede actuar tanto? Una parte de mí suele pensar que quizás todo no fue fingido, pero la mirada de ahora me hace sentir que no fui nada. Debe ser que consiguió a otra persona que le dio todo, un pelele al que le gusta que le monten cachos a cada momento. —¿Debo decirte acosador? —cuestiona molesta a mi espalda. Maldigo internamente al sentirme expuesto. ¿En qué momento se movió? No puedo ser descuidado, eso me puede afectar en el trabajo. —No te estoy siguiendo. —Miento. Sí, la estoy siguiendo. Por casualidad la vi salir del hotel en el que me estoy hospedando, así que como un idiota que quiere saber de su vida actual la seguí y terminé decepcionándome porque vi la forma en la que ve al crío. Sí, llevo mucho tiempo viviendo aquí, pero en ese tiempo no sé mucho de ella porque siempre marca la distancia dándome una patada en el trasero de forma metafórica. Cuando nos reunimos todos, ella solo me da la espalda. Y nadie me dice nada. Qué irónico, no. Gael me llamaba crío, ahora soy yo quien llama a Sergio de esa manera. Llevo cinco años detrás de ella y aún no entiendo que no soy parte de su vida. ¿Por qué me importa? ¿Por qué la busco? Hace tres años, luego del incidente que hubo con Cam, intenté buscar respuestas porque me infundieron ideas de que posiblemente estuviera equivocado, pero no fue así porque no encontré lo que buscaba. Siempre terminaba en el mismo callejón, así que dejé de darle vueltas a mi cabeza y volví a ser yo mismo, o por lo menos eso, intento. Sergio se ha marchado hace como media hora en la que ella ha permanecido sentada sin apartar la mirada de su tasa, incluso puedo jurar que estuvo hablando por celular. —Me estás tentando a poner una orden de alejamiento. Me quito la capucha de la chaqueta dejando que la nieve caiga sobre mí. Muchas veces he estado en el frío como para que me afecte un par de copos de nieve. A esto me refería cuando estaba hablando de coincidencias, terminamos hospedados en el mismo hotel cuando estoy seguro de que me ha estado evitando. Cada vez que la veo me entran las ganas de saber todo de ella después de que me fui, pero la parte más rencorosa solo quiere acercarse, ganarse la confianza y luego vengarse. ¿Cómo puedo vengarme? Parezco un incrédulo porque a pesar de ver lo que tengo ante mis ojos, no puedo creer que la Emma de ahora sea una mujer ruda que no soporta mi presencia, que a pesar de los años y de los amigos que nos unen marca la distancia como si yo fuera una peste contagiosa. —No lo harás. —La reto. —¿Por qué? —Me corresponde la mirada. Si no fuera un asesino, me daría miedo esa mirada. Ella siempre que se sentía intimidada bajaba o apartaba la mirada. —Porque iría con un juez y pediría una orden para hacerle la prueba de ADN a Julie. —Es la excusa más estúpida que alguien podría dar. ¿Por qué pongo en duda que lo haría? Joder, hoy solo me hago muchas preguntas. Sonríe con cinismo, el corte en su cabello con esa sonrisa la hacen ver como una mujer peligrosa, su rostro angelical ya no demuestra tanta inocencia. Podría ser una versión de la garrapata, pero estoy seguro de que a pesar de la furia en los ojos de Emma, nunca mataría una mosca. —¿Quieres que me asuste con eso? —se acerca un poco a mí invadiendo mi espacio personal y juro que me sorprende su iniciativa—. ¿Por qué no lo has hecho? —me reta—. Llevas años hablándome de esto. Hoy está tirando a matar. No lo he hecho porque quiero pensar que hay algo que nos une, porque tengo miedo de que el resultado sea otro. Quiero suponer que es mi hija. Pero lo que quiero es que ella confíe en mí y me diga la verdad. Tengo la expectativa de que quizás esas ideas que me pusieron en la cabeza sean ciertas, pero también soy un cobarde porque no podría soportar ser quien se hubiera equivocado. Mi cabeza es un lío, sin embargo, solo quiero escuchar la verdad de su boca por una vez.
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