Puedo ver su espalda perfecta descubierta, un buen trasero, supongo que tiene que ver con alguna cirugía, pero no está mal. Ella se encuentra hablando con su esposo, un hombre millonario que se encarga de una de las empresas de distribución importantes en Londres.
Es hijo de una familia noble que se vio obligado a hacer todo lo que su padre quiso, por lo que termino casándose con la mujer ideal, eso o que le gustan las jóvenes, bueno estoy seguro de que le gustan las jovencitas.
La mujer ideal para él es una mujer peligrosa que se encarga de robar la mercancía de las organizaciones más reconocidas, su misión es crear la guerra entre organizaciones e ir robando territorio. Por el momento la misión es solo ver cada uno de sus movimientos y de ser posible hacerme su mano derecha, tomar lo que nos pertenece y luego ya veremos que quiere hacer mi jefe con ella.
Salió más peligrosa que su padre.
Aparto un momento, la mirada de mi objetivo para encontrarme con la espalda descubierta de Emma, a su lado como hombre orgulloso está ese crío.
¿Qué le ve?
Es solo un niño a su lado.
Sacudo la cabeza apartando mi estúpido ataque de celos al mismo tiempo que la mirada de aquella mujer.
Ahora lo que importa es la misión, no ella.
—Pongámonos en marcha.
Tal como siempre lo he hecho me pongo de pie y lentamente me voy uniendo a los demás interesados de la función, en este caso voy acompañado con una mujer que atrae una que otra mirada masculina, facilitándome un poco más el acceso a tan reconocidas personas. Hablo con cada uno de cosas irrelevantes hasta que llegue mi oportunidad.
Es un poco difícil acercarme a ellos o eso pensé hasta que vi mi boleto de lotería.
Quiero decir, no tenía en mente usarla, pero he aprendido a tomar todo lo que la vida me pone en el camino y en esta ocasión me cae como anillo al dedo.
No tenía idea de que se comunicaran.
—Buenas noches. —Saludo a la espalda de la mujer que alguna vez me importo más que mi propia vida.
Puedo ver como su cuerpo se tensa, su espalda se vuelve rígida y su cuello se levanta. Estoy seguro de que su mirada se ha vuelto altiva. Ladea su cuerpo con lentitud y con lo primero que me encuentro es con su mirada desafiante, pero su actitud es tranquila.
—Buenas noches. —Saluda con una sonrisa fingida.
Su mirada va a mi acompañante por un par de minutos, luego como si no le importara su mirada vuelve a la pareja. Sí, me molesta que para ella mi presencia sea un cero a la izquierda.
—Señores. —Saluda Camille fijando su mirada en el hombre que tiene su mano en la cintura de su esposa—. Espero que estén disfrutando de la maravillosa velada.
La mujer rápidamente se da media vuelta quedando cara a cara, sí, estoy sorprendido por el cambio. Estoy sorprendido porque he descubierto cuál era la razón de su parentesco físico.
—Emm… —llama la mujer como si fuera un extraño estando frente a ella—. ¿Él es…?
¿Esa fue la razón por la que me busco?
Esta mujer es toda una joya.
Emma evade por un momento la mirada sabiendo que lo que su hermana quiere es humillarla. Así que no se llevan bien. Luego de unos instantes vuelve a verla con autocontrol, uno que en el pasado no tenía.
—El señor Manson Richards.
La mujer finge sorpresa, estoy seguro de que me reconoció desde el primer momento. Ahora que lo pienso sus ojos desde el primer momento en que me vieron cuando solo era una chica, nunca se alejaron de mí, no es ser narcisista, es saber reconocer el interés de las personas, pero en aquel tiempo no le di intereses, era solo una cría.
Ahora es toda una mujer.
Todo tiene sentido.
—Tú ex esposo. —Suelta con un toque de burla.
Emma sonríe mirando a la mujer.
—Prefiero decirle por su nombre. —Asegura con naturalidad.
—¿Entonces tienen una buena relación? —finge sorpresa.
Emma rueda los ojos demostrando que no es de su agrado hablar de esto y menos con su hermana, quien parece querer tocarle las fibras.
—¿Y si así fuera…? —la reta enarcando sus cejas. Me gusta—. Bueno, si no es mucha molestia ahora que ya se reconocen y que se acaban de reconocer, me retiro.
Aimée finge tristeza, de verdad que es buena actriz, si no fuera porque leí la mitad de un informe caería en su actuación. ¿Emma caerá?
—Oh, pero si llevamos años sin vernos. —Suelta con nostalgia.
El esposo pasa una de sus manos por la cintura y la otra por su hombro en señal de apoyo ante el evidente desprecio de su hermana.
—Tranquila, cariño. —La aparente ternura en su voz me irrita—. Tu hermana está algo ocupada, más tarde podrán hablar.
—Eso me encantaría. —Susurra con esperanza.
—No quiero sonar grosera, pero algunas de mis chicas me esperan en el camerino.
—¿Podemos ir por una taza de café, mañana?
Emma enarca sus cejas, esa mirada que le da me recuerda a las que ofrece Danna, cuando la otra persona dice algo realmente estúpido.
—Claro.
Un momento…
Emma odia el café.
—¿Así que eres la ex esposa de Manson? —¿Cómo pude olvidarme de la presencia de mi acompañante? —. No esperaba que fuera tan hermosa.
Joder…
Ella no sabía que me case.
—Hay muchas cosas que uno no se espera. —Asegura Emma—. Nos estamos viendo. —No me pasa desapercibida la diplomacia con la que habla.
Eso quiere decir que espera no vernos más.
Sin nada más que decir, se retira y no puedo evitar ver su espalda descubierta, perderse entre la multitud. La veo saludar a algunas personas, luego continúa con su camino.
Entonces no mentía.
¿Por qué mi mirada busca el lugar por donde Emma se ha ido?
¿Debería sentirme culpable por utilizarla?
No era mi intención acercarme a ellos de esta manera, pero ella terminó facilitándolo todo. Lo que termino facilitándolo todo es que esta mujer ya me conocía y parece demasiado interesada en mi acompañante.
—¿Entonces ustedes…? —cuestiona Aimée observando a la mujer a mi lado—. ¿Son…?
Trato de mostrarme relajado, abro mi boca para hablar, pero alguien se me adelanta.
—Somos como hermanos. —Asegura.
¿Hermanos?
No me esperaba eso; sin embargo, la respuesta hace que la mujer que está al lado de su esposo se suelte por completo.
Muy buena jugada de Camille.
En completo silencio vuelvo a buscar a la que alguna vez fue mi esposa, pero no la encuentro y una parte de mí se siente completamente decepcionado. Hay días en los que me siento tan melancólico en los que no puedo evitar pensar en que quizás ella todavía me interesa.
Es inútil cavilar de ese modo cuando ha sido ella la que daño mi vida, parte de ella.