Emma
No tengo ojos en mi espalda, pero con cada paso que doy al alejarme de allí percibo su mirada en mí. Es muy narcisista de mi parte decir que él me observa cuando hay varias personas allí y cualquiera puede observarme.
Camino, apresurada hacia donde están las chicas.
Mis manos están apretadas con tanta fuerza que puedo jurar que alguna a rompido la piel de la palma de mis manos. No puedo evitarlo, han pasado tantos años, pero cada vez que lo veo siento el resentimiento, por eso evito encontrármelo en Metz, por eso me he alejado de la familia Fonseca, pero no…
La vida es una mier… lo evito en Metz, pero lo encuentro en París.
Qué maravilla.
No me hizo nada y eso es lo peor, porque hubiera preferido todo a que me abandonara. Me odié millones de veces por pensar en que hubiera sido mejor que me golpeara, a que se marchara, hubiera preferido millones de veces los castigos de mi padre a que terminara lo nuestro.
De verdad lo amaba y esa es la razón por la que lo odio, me hizo olvidar mis sueños, me hizo olvidar mis principios, me hizo olvidar mi valor como mujer. Me culpo de algo que no hice y lo peor de todo es que siempre me termina restregando a sus parejas sexuales en mi cara.
No debería importarme, pero lo hace.
—¡Emma, mi vestido no me queda! —exclama una de las chicas con horror.
Inhalo tratando de quitarme a ese hombre de la cabeza.
Lo que necesito es sacarlo por completo de mi vida.
¿Por qué no lo hago?
Me acerco a ella con pasos seguros, buscando algún índice de error en las medidas, pero todo parece estar en perfectas condiciones. Eso suele pasar cuando algunas de las chicas sufren de ansiedad o tiene problemas familiares.
—Quítate el vestido. —Ordeno sin apartar la mirada del diseño—. Lo arreglaré, pero debes ir de última.
La mujer asiente repetidas veces como si le salvara la vida.
Soy la diseñadora y soy la que debe quedar bien.
Con el vestido en mano entro a uno de los camerinos que tengo instalados para mí. Siempre que salgo a estos tipos de eventos, lo hago preparada, no se sabe cuándo puede haber errores. Por suerte, siempre que hago un diseño dejo un poco de tela por si la modelo sube un poco de peso o si se presentan complicaciones. No siempre fue así, los dos primeros años en este proceso tuve que sacar muchos diseños porque no podía solucionar los inconvenientes.
Luego de unos diez minutos termino de arreglar el diseño.
—¡Gracias! —exclama la mujer.
—¿Estás embarazada? —cuestiono antes de que pueda morderme la lengua.
Es un defecto que he ido tomando, me siento con la libertad de hablar sin ningún tipo de temor como en aquellos tiempos.
Sacude la cabeza.
—Estuve comiendo mucho. —Confiesa avergonzada.
Asiento sonriéndole.
—Deberías ir con el doctor, debes cuidarte de la ansiedad.
—Lo haré, gracias.
Quizás algunas personas piensen que soy muy blanda, pero nunca le diría a una de mis modelos que debe bajar de peso.
Tengo modelos de todas las tallas, cada creación que diseño va con el objetivo de que cada mujer se sienta hermosa y poderosa, no importa que esté desnutrida, no importa que tenga el cuerpo perfecto por pasar por millones de cirugías, no importa que tenga una talla grande. Lo que en verdad importa es su salud física y mental, lo que importa es como se siente con cada prenda.
Lo importante de todo es el amor propio.
En el pasado fui una chica con trastorno alimenticio. Tuve que pasar por diferentes tratamientos para controlar mi bulimia, esa enfermedad trajo grandes problemas a mi embarazo por lo que termine en una cirugía que me marco para toda la vida y no hay día que no duela.
Al ver todo en perfectas condiciones me uno a los demás espectadores.
Esta gala no es tan crucial en mi carrera, pero me llego la invitación, por lo que acepte trayendo cinco modelos exclusivos. No solo soy yo, hay muchos diseñadores presentes, por lo que lo veo como una oportunidad, además he aprendido que, aunque sea un desfile sin fundamento, me ayudara en mi progreso.
Espero algún día contar con una persona que me apoyo en mi ámbito profesional.
—¿Cuáles son los tuyos? —cuestiona posicionándose a mi lado.
Debí sentarme una de las mesas más alejadas, de esa forma evitaría que me viera.
Cuando nos encontramos cara a cara quise pasar de largo, pero ella se dio cuenta de mi presencia y tú que compartir el mismo aire. En toda la velada he tratado de mantenerme alejada de ella, pero parece no entenderlo.
Quizás me haya convertido en una mala persona porque a pesar de que hace un buen tiempo que no nos vemos, debería sentirme emocionada y hablar hasta por los codos, pero no me siento bien con su presencia a mi lado. No quiero saber nada de ellos, ya no forman parte de mi vida, son una historia del pasado que no pienso volver a reescribir.
Aimée no es la chica de hace tiempo, ahora es una mujer con su mirada llena de superioridad. Es una mujer que conserva la misma mirada de aquel hombre que se hacía llamar padre y al igual que la de Charles da miedo. Quizás no cambió mucho.
—Deberías conocerlos. —Suelto más tosca de lo que pretendo.
Después de todo dijo ser fan de mi trabajo.
En realidad, siento que lo que ella quiere es codearse con la clase alta, de esta manera cualquier puerta se le abre. Quiero suponer que es eso, mi mente no va tan lejos como para ver la maldad de lo demás.
Pero entonces…
¿Acaso no está casada con importante hombre?
Tengo entiendo que vive en Londres.
—Todos son muy bonitos. —Asegura.
—Tienes razón.
Esto es peor que hablar con Mina.
Mi hermana mayor es sencilla, una mujer con comodidades y aunque ya no nos llevemos bien como antes, aún tenemos temas de conversación, al contrario de Aimée. En el pasado no había temas de conversación, ahora menos.
¿Qué trama al acercarse a mí?
¿Por qué me siento desconfiada de tenerla cerca?
Supongo que tiene que ver con que ella no hizo nada para evitar que me dieran la espalda. Recuerdo por una fracción de segundo haber visto satisfacción en su mirada.
Permanecemos en un silencio incómodo. Por mi mente pasan millones de preguntas que quiero hacerle, pero termino conteniéndome porque no hay confianza.
A veces quisiera tener una amiga, una hermana con la cual compartir mis triunfos, mis tristezas, los momentos buenos, los momentos malos. Una amiga que sea mi apoyo tal como lo son Cristal y Danna.
Danna es mi amiga y me apoya, pero a pesar de lo mucho que me ha ayudado nunca podremos tener eso que tiene con su cuñada. Incluso ella me apoya en mi negocio, pero no es su fuerte. No hay vínculo de fuerza y envidió eso.
—Emm.
Gracias a Dios.
Ladeo el rostro encontrándome con su mirada llena de ternura, sus ojitos verdes brillan con los reflejos de la luz y su sonrisa perfecta. Ver esa adoración en su mirada me hace sentir especial, pero no quiero herirlo, no puedo seguir haciéndolo, por lo que mejor será hablar con seriedad.
No puedo hacer lo que me hicieron a mí, dañarlo.
—Dime.
—Te estuve buscando. —Se acerca poniendo su mano en mi cintura al mismo tiempo que deja un beso en mi mejilla—. Hay cazadores al acecho. —Susurra en mi oído.
—¿Y esos cazadores son…?
Con su mirada me señala a la mujer que está a mi lado.
Sergio fue mi roomie, la segunda persona que me abrió las puertas y que se convirtió en mi apoyo. No tengo una mejor amiga, pero si tengo un mejor amigo que siempre ha sido el hombro en el cual puedo recostarme y sentirme tranquila. Él conoce toda mi historia y sabe quién es la mujer que está a mi lado, también sabe que no me siento muy a gusto con las personas que me dieron la espalda en el pasado.
No debería sorprenderme de las vueltas que da la vida, no debería sorprenderme de nada en el mundo, menos de que mi hermana menor terminará casada con un importante hombre que fue escogido por Edith. Un hombre que le triplica la edad, pero que le da todos los lujos, ahora Aimée es una mujer de la clase alta tal como lo quería Charles.
Debería estar orgulloso en el infierno.
¿Qué?
Que sea la persona que me crío no quiere decir que piense que esté en el cielo. Charles no fue una mansa paloma, Charles fue un hombre cruel que termino siendo asesinado.
¿Quién?
No sé, ni me importa.
Pero sospecho que tuvo que ver con las deudas y sus negocios turbios que descubrí unos meses después de que me echara de la casa.
—Cabello castaño.
Es su forma de referirse a Aimée.
—¿Y este hombre es…? —cuestiona mi hermana mirando de arriba abajo a mi compañero.
Por su mirada podría decir que lo considera poca cosa.
Escuche en algún lugar una frase que dice “los ojos son el reflejo del alma”. Me guste o no me guste en los ojos de mi hermana, veo el reflejo de la ambición que vi en los ojos de Charles y eso me hace querer mantenerme lo suficiente lejos.