Él le había tocado un punto en la clavícula y la había desmayado, y ahora estaba en ropa interior (bueno al menos tuvo la deferencia de dejarle eso) en un lugar muy parecido a dónde lo tuvo a él, solo que sus grilletes eran diferentes y estaban acolchados. Pero lo demás se parecía bastante, se había tomado el trabajo de simular un lugar muy parecido a dónde lo tuvo ella cautivo. Ella tiró de los grilletes. Como si le hubiera leído el pensamiento él apareció. —Esos no te dejarán marcas como éstas — dijo y le mostró sus muñecas que tenían como unas cicatrices de cortes y ella enrojeció. —¿Qué hago aquí Dante, que quieres de mí? Él se acercó y tocó su panza. Y ella contuvo la respiración. Él tenía un pantalón de combate oscuro y una camiseta también renegrida haciendo juego, con botas aco

