Aquello, solo la llenó de muchas dudas y sospechas. Estaba segura que quienes la rodeaban no eran completamente inocente. Tal vez, solo Ame. Sin embargo, puede que estuviera manipulada por Yamada.
Mientras se terminaba el día, hizo un recuento de cuánto había descubierto. No era mucho y nada concreto. Lo único seguro, es que Ren había alborotado sus sentimientos. Tan segura como su pasado compartido, muy pronto lo volvería a ver. Aunque por ese día, se preguntó ¿a dónde habría ido? ¿Qué significaba estos sentimientos que los poseía a los dos?...
Muy lejos de Lis. Ren se encontraba pensando lo mismo. Y recordando que si no hubiera visitado a su padre hace unos días, no se hubiera enterado de la llegada del Dragón a j***n. Apenas lo supo tomó el primer vuelo disponible desde Shanghai sin decirle a nadie. Sin embargo, parece que, sí se dieron cuenta, pensó, mientras veía a Mi Hyun a su lado. Parecía extraño verse, a ambos, viajar en un vuelo comercial, el único que encontraron a esa hora, pues como el plan era viajar a escondidas no quiso disponer del jet privado.
- Amarilis...- Pronunció su nombre como saboreando cada letra y suave tonalidad.
- ¿Realmente es hermosa? - descubrió que Mi Hyun había dejado de mirar su teléfono para prestar atención a sus murmullos -Recuerda que tengo buen oído -agregó sonriéndole.
- No lo olvido, sino fuera por tu ayuda, no me habría enterado de la gran noticia
Mi Hyun le había informado dela llegada de Zhao Lao, quien había sido enviado a Estados Unidos a verificar el paradero del Dragón. Así fue como decidieron escuchar a escondidas y supieron de su llegada. Pero, Mi Hyun lo había seguido. Estaba tan absorto en su meta que no había percibido a su amigo siguiéndolo.
El Dragón había estado desaparecido por mucho tiempo. Cómo habían logrado esconderla sus padres, era un misterio, seguramente algo de magia tenía que ver. Después de todo, en el mundo en que viven, todo es posible. Pero, aunque su padre, dudó de su existencia, Ren sabía que estaba en algún lugar esperándolo. Lo había visto en sus sueños. En el árbol en el risco que daba al mar. Y desde aquel primer sueño, él la espero, con una ansiedad y un amor que poco a poco, en su inocencia de niño y su madures de adulto, creció.
Tan claro, la sintió tan real, que solo era tiempo de verla. No la había buscado antes, por los miedos tontos de su padre. Pero, sus sueños o visiones de su vida pasada, no mentían. Entre el Dragón y Ren existía pasión y amor.
Llegaron a la casa de su padre para ser recibidos por Zhao Lao. Los esperaba en el vestíbulo.
- Tu padre está molesto, Yamada llamó, dijo que un gatito invadió su casa.
- Un gato es mejor que una rata -le contestó Mi Hyun.
Ren hizo una seña de advertencia con su mano para que guardara silencio. Le sonrió a Zhao Lao ypasó por su lado. No tenía nada que decirle. Tiempo atrás habían sido los mejores amigos. Pero, de esa amistad no había quedado nada. Cuando empezaron los recuerdos y Ren le confió los suyos, Zhao Lao se volvió distante y lo peor, se convirtió en la mano derecha de su padre, para mantenerlo bajo su régimen y sus órdenes. Felizmente, Ren no era un simple ser humano, mucho menos un "gatito". Él era el Tigre, el veloz, el más poderoso. Cuándo cumplió la mayoría de edad. Se fue a vivir solo y empezó desde abajo. En el transcurso de estos años había logrado mucho y todo porque los inversionistas creyeron en él. A la edad de veinticinco años, ya era uno de los jóvenes millonarios en toda Asia, pero a la edad de treinta, su situación financiara era estable y seguía en crecimiento. Logró desligarse de la corporación Wang y cumplir su sueño de la propia empresa, Hu Yan, “Ojo de tigre”, así la llamó, lejos de todo lo que significa ser parte de los doce.
Encontró a su padre en su estudio. Su padre estaba leyendo algunos papeles. Entró y lo saludó con una reverencia.
- Buenos días, padre - Su padre siguió escribiendo y cuando terminó levantó la mirada.
- Fuiste a Japón...
- Fui a j***n a conocer al Dragón. Hablé con ella y nadie me hizo daño - Le aclaró antes de que su padre siguiera con su regañina.
- ¿Te parece una broma tu seguridad? - salió detrás de su escritorio y caminó hasta pararse delante de Ren. - ¡Mírame!
- Por supuesto que no - Lo miró Ren, él aún era su padre - Sabes que no pueden hacerme nada y el Dragón nunca me haría nada.
- Sabes lo que dice la profecía. ¡Ella será la causa de tu muerte!
Empezó a caminar de un lado a otro.
- Rogué por tu vida, rogué porque el dragón no hubiera reencarnado en esta vida.
- El dragón y yo tenemos un pasado, presente y futuro compartido -Ren habló calmadamente - Deja tus miedos atrás – agregó con firmeza
- ¿Acaso podré lograrlo? Eres el único hijo que tengo - miró alrededor - dueño de todo esto. Tu madre, que en paz descanse, no me perdonaría si no te protegiera.
Ren vio la preocupación en su mirada. Sus padres eran mayores cuando lo tuvieron. Un milagro, dijeron todos, incluso los médicos. Su nacimiento fue el más esperado y riesgoso por su madre que lo tuvo a los cuarenta y ocho años y su padre que, ahora, se acercaba a los ochenta años. Vio sus cabellos blancos y su altura reducida por la edad.
-Entiendo -le habló para calmarlo -Sé de tus preocupaciones
-caminó hacia él y cogió sus manos -Haré todo lo posible por cuidarme y protegerme. Sin embargo, el dragón…
- Es tu destino, sí, ya me lo dijiste. Lo único que te pido es que recuerdes que todas las profecías se han cumplido. Incluso tu nacimiento fue pronosticado. Tu muerte está ligada al dragón. Él ha venido por venganza. Recuerda que fuiste tú quien mató su primera existencia.
Comprendió la preocupación de su padre y recordó una espada manchada de sangre en una de sus visiones. Mientras no se esclarecieran todos sus recuerdos, porque se había dado cuenta, que eran recuerdos. Memorias de su existencia pasada. El futuro y el plan que el Emperador de los cielos tenía para ellos era incierto. El tigre y el Dragón eran los únicos que no había reencarnado en muchos años, de hecho, miles de años. Su llegada estaba ligada a las estrellas y su aparición se anunció para ese siglo. La vieja Wupó lo pronosticó así.
- Yamada llamó...-Más calmado su padre se sentó en un sillón cercano. Ren lo imitó y se sentó frente a su padre. -aparte de informarme de tu intromisión a su casa - Sonrió, sabía que el líder del Clan del tigre no era de su agrado - para acordar la reunión de los Doce, ahora que están completos.
- Era de suponerse. El buey ha de estar ansioso por mostrar su poderío, pues ahora tiene una piedra de jade
- Seguramente, Ren; pero, nosotros también - y lo miro, buscando entre sus ropas la tan ansiada piedra.
- Por supuesto, padre, pero no la llevo a todos lados. Está guardada y bien segura. Y ¿cuándo? y ¿dónde será el esperado reencuentro?
- El último día de agosto, Aquí -lo vio sonreír
Esa fecha era el aniversario de la organización Wang. Seguramente su padre estaba orgulloso de llevar al enemigo a su territorio, donde la hermandad del tigre tenía ventaja.
- Serán invitados a la fiesta de la empresa y prepararemos una sala de reuniones para ustedes. Sé que solo los doce estarán. No olvides que se debe firmar el acuerdo de paz entre las dos organizaciones. Sé de las intenciones de Yamada, de querer dominar sobre los doce y así obtener el poder sobre las empresas que conforman las dos organizaciones. Pero; en este mundo, no solo vale la magia, sino el dinero. Y él no es nadie, sin el dinero de la empresa Akimiya. Debes impedir que se convierta en el guardián de los doce. Si hay alguien que debe dirigirlos. Ese eres tú.
No somos objetos ni instrumentos de nadie, padre - le dirigió una dura mirada -Sé que lo alcanzado por ambas organizaciones es gracias al poder y dinero reunido en miles de años y básicamente se rigen a que los diez existentes han hecho trabajos para estas. Pero, son otros tiempos, ahora podemos ser libres, aunque el destino nos una, si nuestro deseo es vivir como queremos eso es lo que haremos. Es lo que haré- Vio que su padre estaba enojándose nuevamente - Sin embargo, en lo que estamos de acuerdo, es que Yamada no debe llegar al poder. No te preocupes encontraremos una solución.
-El dragón será tu perdición – le pronóstico su padre.
-O tal vez mi salvación – le contestó tan serio que su padre se dio cuenta que no lo haría cambiar de opinión.
Ren se despidió inclinando la cabeza y sin decir más salió. MiHyun lo esperaba en la entrada.