Reencuentro

1204 Words
Reconoció a la figura a la poca luz que entraba por la ventana. Debía ser cercana la noche, pues se observaban muchas sombras y poco brillo solar en la calle. -        He deseado hablarte desde que te vi en el hospital ...pero, no me reconociste -        He recordado lo necesario – le contestó - te recuerdo Había modificado su apariencia. El cabello más corto y pintado de rojo, ya no castaño como sus visiones. Además, ahora lucía unos lentes de montura ancha. No se había fijado en sus ojos, sin embargo, eran los mismo, color miel. -    Lamento llegar tarde -señaló los restos de arcilla por el suelo-pero veo que lograste arreglártelas sola. Su sonrisa era amigable y algo, quizás sus recuerdos, le decían que era sincera.  -        No sé si puedo confiar en ti -le dijo afirmando sus dudas. -        Lo sé...pero sé que te darás cuenta que no soy una enemiga. -        ¿Por qué apareces ahora? Si ustedes sabían dónde estaba -        No.…- suspiro y miró alrededor - no lo sabíamos, por lo menos yo no lo sabía. Sé que siempre has estado en mi cabeza y sé que puedo confiar en ti. Amarilis sintió que sus piernas tocaban el sillón y se sentó. Gonji o Ame hizo los mismo, se sentó sobre la silla más próxima frente a ella. -        Déjame contarte mi historia ... explicarte Gonji...Sí ahí estaba delante de ella. El mismo rostro ¿Cómo no se dio cuenta? Aunque debía estar alerta, no sentía nada negativo sobre ella y mucho menos miedo. Le venía a la mente su amistad y las cosas que vivieron juntas. Con un movimiento le indicó que podía continuar. Había nacido en 1993, en la región de Kinai en j***n. Su familia era muy pobre. Según le contó su madre, cuando era una bebé recién nacida, apareció un hombre venido de Tokio. Quien dijo pertenecer a la Hermandad del Dragón. Hablaron de la profecía y la reencarnación de los signos zodiacales. La llevaron a ella y a su madre a la ciudad, donde le dieron educación y la entrenaron. Aunque estaba agradecida por la ayuda del Señor Yamada, el líder de la hermandad, sabía que su razón de ser estaba vinculada al Dragón. -        Pero sabían poco de ti. Incluso tu paradero. Después de que tu madre huyó, la buscaron incansablemente. Lograron saber que estaba en Estados Unidos. Pero no sabían exactamente dónde. Además, había cambiado su nombre ...Después de la publicación de tu libro, eso fue hace cinco años, apareciste en un programa de televisión. Sabían que eras tú. Por lo menos, los doce, sabemos cómo lucimos y podemos identificarnos, aunque no recordemos muy bien nuestras existencias pasadas, sabemos cómo lucimos. -        Si hace cinco años me reconocieron ¿Por qué recién han venido por mí? -        Sabíamos que eras tú, pero no sabíamos dónde encontrarte, no hay mucha información. Además, tu madre había ocultado todo rastro que nos guiara a ti. Después de enterarnos que estabas aquí. Averiguaron el paradero de tu padre. Vine y trabajé con él  por unos meses. Sin embargo, él no se puso en contacto contigo y no sabíamos dónde ubicarte ...así que esperé, pero pasó lo de su enfermedad ...lamento su muerte Long... -        Mi nombre es Amarilis y mi padre fue asesinado La miró con un enojo que cada vez se hacía más grande, Ahora sentía que era su culpa que su padre muriera. - Me has contado que saben de mí y que estoy aquí ¿Por qué me buscan? ¿Por qué atacaron a mi padre? - Nosotros no fuimos...- argumentó rápidamente Ame - No somos los únicos que te buscamos ¿Sabes? Hay muchos quienes desean el poder de las  piedras. - ¿Te refieres al clan del tigre? ¿A esto? Le mostró el collar. Ame abrió los ojos con sorpresa. -Básicamente son varios quienes desean tu poder y el de la piedra de jade. No puedo decir que ellos hayan sido. Para serte sincera desconfío hasta de los nuestros. Algo en lo profundo de su corazón le decía que hablaba con la verdad. Sentía cariño por ella. -        ¿Qué desea la hermandad del Dragón? -preguntó después de un silencio largo -        Desean que regreses a Asia. Desean que tomes tu lugar…Desean proteger te. -        ¿Protegerme? Creo que puedo protegerme sola - Lo sé. Pero hay una profecía. Desconozco su contenido. Pero, dicen que la única que podrá saber y verlo eres tú. Dicen que tiene que ver con nuestra destrucción y lo que ocurrió con nuestras primeras existencias. Seguramente aún no recuerdas todo. De hecho, yo recuerdo poco. No sé lo que pasó. - Te entiendo... Amarilis quería saber cada aspecto de su existencia. Sin embargo, lo principal era encontrar a los culpables de la muerte de su padre y los encontraría. Haría justicia con sus manos. -        ¿has decidido qué hacer? -preguntó dubitativa Ame -         Sí, voy a ir, es momento de regresar. Aquella semana vendió la casa de su padre y contrató un bufete de abogados a cargo de sus inversiones. Acordó y postergó las fechas para la presentación de su libro. James, su editor, había sido un gran amigo, pero entendió que estaba pasando un mal momento por la muerte de su padre. Se encontró con Ame en el aeropuerto, ella le dijo que la llamara por su nombre actual, parecería raro ir nombrándose "gallo" y "dragón" en c***o delante de la gente. Fue un viaje largo, pero no lo sin­ tió. Durmió todo el camino. Algún cansancio sobrehumano la embargó. En un momento le vino a la mente la imagen de unos ojos color miel y aunque no veía todo el rostro, sí pudo notar un brillo de alegría, ternura… "Te estoy esperando..."  Abrió los ojos y vio a Ame coger su maleta de mano, ya habían llegado. Ella hizo lo mismo y se dispuso abajar. El aeropuerto estaba lleno de gente. Le llegaban las risas de los viajeros ansiosos y felices por llegar a su destino. Después de los trámites necesarios, caminaron hacia la salida. -        He avisado al señor Yamada sobre nuestra llegada- le informó Ame - Nos quedaremos en su casa, claro, si te parece. -        ¿estás tan segura que podemos confiar en él? -Le preguntó mientras miraba alrededor, le llegaba la sensación de que pronto ocurriría algo. -        No... – Ame dio un suspiro - no lo sé, quiero creer que es una buena opción en estos momentos. Creo que debemos tener reparos aún. De la misma forma quetú los tienes conmigo -le sonrió Arnarilis no dudaba de ella, pero, la notaba un poco ingenua, fácil de convencer, quizás por eso la enviaron, pensó, porque no representaba un peligro. o quizás esas características eran el mayor riesgo de entrar en eljuego del cual no conocía las reglas, todavía. -        Está bien ...además no tengo otro lugar al que ir y seguramente será la oportunidad de conocer a mi familia ¿no?... De pronto, sintió una presencia inquietante y una ansiedad desconocida. A unos metros, delante de ella, un hombre la esperaba. Se detuvo mirándolo directamente a sus ojos pardos…Ojos color miel.
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