- ¿Ren? - pronunció dubitativa Ame su lado - ¿Qué está haciendo aquí?
Un dolor a la altura de sus sienes amenazó con destrozar su cabeza. Podía sentir sus ansias y un malestar amplificado, sabía que eran de él, ¿cómo? No estaba segura. Sus ojos brillaron con una 1uz de tristeza.
"Dragón", las palabras resonaron en su mente. El hombre empezó a caminar hacia ellas, pero no dio ni dos pasos cuando otra persona apareció interponiéndose. Lis pensó que reconocía al recién llegado. Cogió del brazo a Ren y le susurró algo al oído. El dolor había nublado su vista así que cerró sus ojos un momento con la intención de calmarse. "te iré a buscar" escuchó por última vez antes de abrir sus ojos y ver desaparecer alos dos.
- Se fueron ...- murmuró Ame
- ¿Quiénes eran? -logró preguntar en voz baja
- ¿No los reconociste? -Amarilis se había quedado mirando el lugar donde desaparecieron junto con su dolor de cabeza- Son el tigre y el conejo
¿El tigre? ¿Por qué sentía una conexión más profunda con él? Aunque el primer pensamiento antes de que atacara el dolor fue ¡Qué guapo! Debía estar loca por tener ese tipo de pensamiento. En sus visiones solo pudo ver sus ojos nunca su rostro completo.
- Mis recuerdos son vagos hay algunas cosas que recuerdo bien otras aún no...
- Hay una historia muy romántica sobre ustedes ...- Ame estaba sonriendo, pero, al ver la cara de Amarilis agregó - una historia, no significa que sea real, disculpa.
- Vamos…
Amarilis se quedó pensando en lo que acaba de ocurrir. ¿Ella y el tigre? Bueno, sus recuerdos le mostraron unos ojos inusualmente pardos, "Hu", no quería pensar en eso ahora.
- No debemos perder el tiempo, parece que decidieron darme la bienvenida. – le dijo a Ame y aligerando el paso salió del aeropuerto.
Un auto n***o de lunas polarizadas esperaba en la entrada. Ame saludó amablemente al conductor, quien abrió la puerta de atrás y dejó que subieran. El viaje duró alrededor de media hora y el auto se detuvo frente a una reja, las cuales atravesaron y siguieron por un camino largo rodeado de árboles y cerezos florecientes. Llegaron hasta un estanque, grande en comparación a otros que hubiese visto. En medio del estanque se distinguía una escultura de un ser, que no pudo distinguir por la distancia, pero que lan zaba un chorro abundante de agua. El carro paró frente a una gran mansión de estilo tradicional. En la puerta, Amarilis pudo observar, había algunos hombres esperando. Extrañamente pudo sentir, en esta ocasión, los poderes o energía de cada uno de los que esperaban, entre ellos uno conocido.
Lis bajó y antes de que pudieran decirle algo o detenerla se acercó al estanque, caminando tranquilamente, como si no la estuvieran esperando. Se sentía descortés, pero era necesario. Quería que se dieran cuenta que no estaba bajo su ansiado servicio. Se detuvo a la orilla del gran estanque que asemejaba más una pequeña laguna. Desde su posición pudo ver la figura que le llamó la atención. Era un dragón, un dragón c***o de piedra, seguramente no mediría menos de tres metros de ancho y de altura dependía de la profundidad del agua, pues estaba ubicado exactamente en el medio.
Escuchó pasos acercándose y vio la figura de un hombre vestido con un kimono formal pararse a su lado.
- Es hermoso ¿no? - era una voz ronca que te ponía los vellos de punta -traté de ser fiel a mis recuerdos - agregó, cuando Amarilis no respondió.
¡Ah! Era ella, cómo no se había dado cuenta. La escultura que le atraía era su imagen. Bueno en su forma animal.
- Es una representación magnífica - se giró a verlo - Usted debe ser el señor Yamada.
- Así es, un gusto, Yamada Ichiru -extendió su mano -o mejor dicho Niú
- Amarilis Jones -estrechó su mano con firmeza.
Vio sus ojos brillar y volverse más más negros aún. Dejó que él soltara su mano, no quería parecer la más débil.
- Debes estar cansada. Si te parece -mirando en dirección a la entrada dela casa - Ame te guiará atus aposentos. Más tarde hablaremos. Hay algunas personas que desean conocerte.
- Por supuesto, gracias por su hospitalidad.
Buscó a Ame y la ubicó cerca del auto. Los demás, tampoco, se habían movido, seguían en la misma posición. Cuando Amarilis llegó a ellos, todos sin excepción, hicieron una reverencia. Ella miró a Ame y le sonrió algo incomoda. Ame entendió y la llevó, rápidamente, por la puerta principal.
Por afuera uno no podría imaginar las dimensiones y la apariencia cautivadora de la casa. Los pasillos, que Lis pudo observar, estaban llenos de dibujos y adornos, la mayoría, por no decir todos, con alguna referencia al dragón. No era una simple casa, era un palacio.
Salieron a un jardín interno lleno de flores y un cerezo justo en el centro.
- Aquí es - Ame abrió una puerta corrediza y entró.
Amarilis la siguió, después de darle una última mirada al jardín.
- sí que les gusta mucho las plantas ¿no?
- Es hermosa ¿no? Dicen que cada aspecto de esta casa fue pensado en los gustos del dragón. Pero, tal parece que no le gusta -agregó sonriéndole.
Amarilis le correspondió con otra sonrisa.
- No me desagrada, creo que soy renuente a la gente que habita el lugar.
- Buen, mi habitación está justo al lado -dijo dirigiéndose a la salida -vendré como a las siete para llevarte a la cena.
- Ame - después de todo le había sido de gran ayuda en muchos aspectos, incluso con el funeral de su padre, esperaba poder seguir confiando en ella -Gracias
- No te preocupes - otra sonrisa - no te lo dije, pero recuerdo algunas cosas, ya sabes, de nuestro pasado y eras como mi hermana.
- Lo sé.
Después de cruzar esas palabras, Ame se fue y Amarilis verificó que la puerta se pudiera cerrar. Vio sus maletas al pie de la cama. La construcción lucía tradicional por fuera, pero era moderna por dentro, con baño propio y un closet para la ropa. Primero se daría un baño. Pensando que una ducha quitaría el cansancio y la tristeza que aún la invadían.
El agua refrescó su piel. Tantas cosas habían sucedido desde aquella tarde en que decidió ir al supermercado, ahora, todo aquello parecía lejano. Incluso darse un baño en aquella casa y en el otro lado del mundo era tan irreal.
Se envolvió en una toalla blanca con dragones en las esquinas, según pudo ver. ¡Vaya Sí que gritaban pertenecer al clan del dragón!
En esos momentos sintió una presencia conocida, alguien la esperaba. Cuán increíble sería su conexión que incluso sintió su olor y las ansias de verlo le llegaron de golpe que la paralizaron.
- ¿Vas a salir del baño? Sé que puedes sentir mi presencia