Los pechos de María se balanceaban con cada impacto, sus pezones rozando contra las sábanas y sumando a la sobrecarga de sensaciones. Obsesionado con sus pechos, Tino extendió la mano alrededor, agarrando una de sus tetas otra vez. La apretó con rudeza mientras su otra mano se enredaba en el cabello de ella, tirando su cabeza hacia atrás para exponer su cuello. —Una puta solo para ti —dijo ella con una sonrisa jadeante y dentada. Podría jurar que vio cómo su rostro se ensombrecía cuando pronunció esas palabras. ¿No era eso lo que él quería? ¿Estar con ella para siempre de forma exclusiva? La duda se instaló mientras él mordía su hombro, marcándola, y sus embestidas se volvían erráticas, con su polla hinchándose dentro de ella. ¿Había estado jugando con ella solo para reclamar su virgi

