Linda lo había notado todo. El gesto. El cambio de respiración. La manera en que sus dedos temblaron apenas un segundo ante de apretar la pantalla. El modo casi desesperado de enterrar el teléfono bajo su palma. Era un lenguaje que ella conocía bien. Lo había leído muchas veces en otras bocas, en otros cuerpos. Lo no dicho pesaba más que cualquier excusa. No hizo preguntas. Pero dentro de su pecho se encendió una alarma muda. Una parte de ella, la que aún recordaba los silencios de su madre, la mirada siempre cansada de quien había amado sin recibir lo mismo a cambio, comenzó a revolverse intranquila. Recordó aquella tarde de lluvia en la infancia, cuando escuchó a su madre llorar en la cocina creyendo que Linda dormía. "No todo lo que parece amor lo es", había susurrado su madre al te

