Linda frunció el ceño, enarcando las cejas, como si aquella palabra le hubiera tocado una fibra aún desconocida. “Lealtad.” La resonancia de esa palabra rebotó en su mente como un eco persistente. La acusación, apenas disfrazada, prendió una chispa de duda que no supo cómo apagar. ¿Qué quería decir con eso? ¿A qué lealtad se refería? —¿Lealtad? ¿De qué estás hablando? —atinó a preguntar Linda, con la voz teñida de desconcierto, intentando llenar con preguntas el abismo que crecía a sus pies. Rebeca la miró apenas un segundo. Su sonrisa fue una línea sutil, venenosa y fugaz, como un zarpazo invisible que se va antes de que puedas defenderte. Luego se marchó, cerrando la puerta con un golpe seco que sonó como un disparo en medio del silencio. El estrépito retumbó en el suelo y subió por l

